La derecha profundiza su ofensiva para derrotar a Zapatero en los próximos
comicios del 9 de marzo próximo aprovechando un cambio relevante en el clima
social de España.
Los últimos sondeos constatan un avance de los populares y un retroceso de los
socialistas a los que sólo los separa un trasparente 1,5% de sus
adversarios. La campaña electoral, en medio de una tensión extraordinaria, ha
dado una vuelta de campana impulsada por una brusca transformación que se ha
producido en pocos meses.
Existe una irritación visible en amplios sectores de la población, que
alberga a millones de votantes, por el fuerte aumento de los precios, sobre
todo de la canasta familiar. Baja el consumo y crece la desocupación con
cifras alarmantes. Al sentimiento creciente de inseguridad se une, como siempre
en tiempos de crisis, un rechazo a los extranjeros, los inmigrantes, los
inevitables chivos emisarios, a los que se acusa de competir deslealmente por
los empleos y ostentar un protagonismo notable en el aumento de la delincuencia.
La derecha asume que estos cambios han terminado con la llamada "excepción
española", la idea compartida también por los sectores más lúcidos del PP, de
que la sociedad era "hipertolerante" y estaba hegemonizada por ideologías y
sentimientos progresistas.
Ese era el espacio social y el fortín de las reformas avanzadas del "zapaterismo".
Por eso, el Partido Popular ha sabido ahora explotar los peores sentimientos
irracionales de buena parte de la población en una escalada de propuestas
que apuntan a "domar" a los inmigrantes y terminar con la presunta impunidad de
que gozan los delincuentes. El candidato del PP, Mariano Rajoy advierte: "Sé que
nos llamarán racistas".
Se utiliza, con repudiable facilidad, la identificación de la delincuencia con
los millones de extranjeros, en realidad responsables en los últimos años de más
del 50% de creación de riqueza en España. Pero de eso, la derecha no habla.
Han encontrado un filón y no lo sueltan. Las primeras propuestas de Rajoy
tienen, según algunos sondeos, apoyo mayoritario entre los consultados.
El avance de los populares coincide por un lado con un abandono de la línea
moderada que en un momento quería protagonizar el postulante del PP. Y por el
otro, una línea en la que predomina el sector más duro del PP dentro de la
estrategia que trazó el ex jefe de gobierno y aliado de Washington José María
Aznar y que tuvo su momento culminante cuando Rajoy cedió ante Esperanza
Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, y dejó de lado al Alcalde de la
capital española, Alberto Ruiz Gallardón, el visible jefe de filas de los
moderados en el PP.
Así que los extranjeros en su lugar. El que quiera residir en España tendrá que
firmar un contrato obligándose a cumplir con "las costumbres españolas".
Habrá también un carnet por puntos, que castigará las faltas de los inmigrantes
hasta la expulsión.
Además Rajoy se compromete a erradicar el velo islámico de las escuelas
españolas en alumnas, maestras y profesoras, condenando a la desocupación a
miles de perplejas monjas que utilizan exactamente el mismo tocado que las
musulmanas.
Lo cierto es que Zapatero está lejos de las confortables mayorías que gozaron
Felipe González y José María Aznar en su segundo mandato. Pero, su mensaje
no ha cedido ante la demagogia de la derecha, y continúa defendiendo sus
reformas sociales, que tanto lo enfrentaron con la Iglesia y la Santa Sede, y a
los inmigrantes sobre los que cae el varapalo por todas las penurias.
Ahora llega la prueba de fuego, los debates entre Zapatero y Rajoy el 25 de
febrero y el 3 de marzo. Será la hora de la verdad, ante millones de
espectadores, para dilucidar el diagnóstico sobre la conflictiva España actual y
la capacidad de liderazgo para resolver los problemas.
Zapatero confía en que, ante el arrollador avance de la derecha, habrá
una salvadora reacción de los "progres" que acudirán a las urnas para "parar a
los curas y a los "carcas" (la vieja derecha), una expresión al uso en la
interminable confrontación entre las Dos Españas. Pero, si la "progresía"
desencantada e hipotensa se queda en casa todo puede pasar. Que será, será.
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