La respuesta a ese interrogante es una de las tareas más importantes que
actualmente se plantean las Fuerzas Armadas de Rusia. Y no sólo Rusia, según
el ministro de Defensa de Estados Unidos Robert Gates, la defensa de los
aparatos espaciales también es una de las prioridades de las FFAA
estadounidenses.
Para el efecto, a comienzos de febrero el Pentágono pidió al Senado
norteamericano asignar para ese fin al menos 10.700 millones de dólares en el
presupuesto de defensa para 2009.
Al respecto de la defensa de las flotillas de satélites espaciales surgen
muchas preguntas. Primero que todo, ¿por qué razones de repente, resultó que
esos satélites deben ser defendidos? Segundo, ¿la defensa de esos artilugios
emplazados en la órbita terrestre implica automáticamente la militarización
del espacio? Y finalmente, ¿de qué forma se puede defender esa costosa y
complicada tecnología espacial de presuntas acciones hostiles?
Actualmente, los satélites que se encuentran en la órbita terrestre
requieren mecanismos fiables de defensa y según expertos, no se trata de una
necesidad "del último momento".
La situación internacional y las tendencias de que pueden surgir nuevos
conflictos bélicos evidencian que los conceptos actuales sobre las guerras
convencionales son obsoletos.
El objetivo de las guerras del futuro no prevé la ocupación del territorio
enemigo, sino más bien la posibilidad de efectuar con el mínimo de riesgo de
respuesta, ataques selectivos contra los objetivos estratégicos del
adversario.
El uso masivo de la infantería con ayuda de la infraestructura de guerra
blindada es cosa del pasado, y en los nuevos conflictos, cada vez será menor
el protagonismo que puede desempeñar la aviación ofensiva. El concepto de
ataque atómico estratégico, a partir de la terna nuclear tradicional (misiles
en silos, submarinos y bombarderos) se desplaza hacia la utilización de
recursos bélicos convencionales nuevos y modernos, a partir de armas con
sistemas de alta precisión (SAP) en sus diferentes variantes de emplazamiento.
La aplicación de las SAP implica la aparición de una cantidad considerable
de aparatos e instalaciones de apoyo, satélites orbitales de reconocimiento,
detección, alerta, pronóstico y orientación para el guiado de vectores hacia
blancos, que a su vez, requieren de sistemas de protección y defensa.
Según estimaciones de expertos militares de renombre, como el recién
fallecido general Vladímir Slípchenko, para 2010 el número de SAP en poder de
las potencias mundiales oscilará entre 30.000 y 50.000 unidades, y para el
año 2020 las SAP ascenderán a 70.000 y 90.000 unidades en cada país.
De aquí se desprende la notable cantidad de flotillas de satélites que será
necesario emplazar en el espacio para la utilización adecuada de esas SAP.
Sin esos satélites, los misiles de crucero y las llamadas "bombas
inteligentes" en capacidad de abatir un zancudo a miles de kilómetros se
convertirán en complicados artefactos metálicos inservibles.
De esta manera, esos aparatos espaciales aparentemente inofensivos, e
imposibilitados para desempeñar acciones ofensivas, se convierten en elementos
indispensables del instrumento bélico más importante del siglo XXI, las armas
de alta precisión.
En base a lo anterior, ¿se puede deducir que la militarización del cosmos
para defender las constelaciones y flotillas de satélites es únicamente una
cuestión de tiempo?
La respuesta a esa pregunta es afirmativa si en torno a nuestro planeta, en
órbitas bajas, se emplazan armas de choque, es decir, sistemas autónomos
tácticos en capacidad de abatir objetivos en el cosmos, en la atmósfera o en
la superficie terrestre.
En este caso, el espacio se convertirá en una especie de fortaleza con
armamentos en órbita que permanentemente estarían apuntando contra nuestro
planeta.
Sin embargo, considero que no es imprescindible emplazar en órbita
estaciones militares o incorporar armamentos a los satélites de
reconocimiento, de navegación o los meteorológicos. Las labores relacionadas
con la defensa de los satélites pueden resolverse con éxito con el
emplazamiento en tierra de sistemas de defensa aérea y espacial como el que
planea crear Rusia.
Según declaró el pasado mes de enero el comandante de la Fuerza Aérea de
Rusia el general Alexandr Zelin, "para la seguridad de Rusia, las amenazas
provenientes de espacio aéreo y el espacio son las más serias de todas".
Antes, en febrero del año pasado, el vicepresidente del gobierno de Rusia
Serguei Ivanov planteó al complejo militar industrial del país la creación de
un sistema tecnológicamente ultramoderno para aglutinar los actuales sistemas
de defensa aérea (SDA), los sistemas de defensa antimisiles (DAM) y los
sistemas de defensa espacial (SDE) en perspectiva.
En esa ocasión, Ivanov indicó que la entidad responsable de desarrollar ese
proyecto sería el consorcio Almaz-Antei, principal fabricante de los sistemas
de defensa aérea de Rusia.
Ivanov precisó que desde el punto de vista de la innovación tecnológica el
proyecto que desarrollará Almaz-Antei será uno de los más exclusivos, serios y
costosos del complejo industrial militar ruso.
Al quedar incluido entre las prioridades del gobierno en materia de
defensa, se establecieron los plazos de su realización en el marco del
programa federal de fabricación de armamentos hasta el año 2015.
A partir de ese programa, los ministerios y entidades responsables de la
modernización y desarrollo de armamentos rusos deberán de elaborar un programa
integral para la creación de un sistema integral de armamentos de defensa
aérea, antimisil y defensa espacial.
Un prototipo de ese sistema puede ser un sistema móvil SDA-SDE que
actualmente desarrolla Almaz-Antei.
Según las condiciones expuestas por Ivanov, además de los nuevos recursos
de ataque e informativos, ese sistema debe aprovechar la capacidad táctica de
los actuales sistemas de defensa aérea y misiles interceptores.
El objetivo es que Rusia tenga un escudo fiable de defensa global para
amenazas aéreas, cohetes balísticos y otro tipo de agresión que pueda provenir
desde el espacio.
Según expertos, a corto plazo se perfila la necesidad de coordinar las
actividades de las tropas de defensa aérea y las tropas espaciales para el
empleo de los SDA, DAM y SDE.
La Fuerza Aérea de Rusia ya propuso que el Estado Mayor de la Fuerza Aérea
debe asumir el mando de todas unidades de defensa aérea y recursos en poder de
las tropas espaciales.
Entre tanto, es difícil imaginar cuál será la variante que adoptarán los
militares estadounidenses para garantizar la defensa de sus satélites en
órbita cuya cantidad actual rebasa el medio millar.
Según los estrategas rusos, sería provechoso para todos que las nuevas
armas estadounidenses para la defensa satelital sean emplazadas en la Tierra y
no en el espacio, porque la absoluta militarización del cosmos es una empresa
extremadamente peligrosa.