Prácticamente todos los politólogos y expertos asistentes al foro quedaron
muy sorprendidos con la postura moderada de Ivanov en relación a sus oponentes
de Estados Unidos y otros países de Occidente.
El asombro es comprensible. Conocido por su virulenta intransigencia,
Ivanov apenas mencionó asuntos como la ampliación de la OTAN hacia Oriente, la
creación del escudo de defensa antimisiles estadounidense DAM a lo largo de la
frontera rusa con Europa, y otra serie de problemas no menos sensibles para
Moscú.
La sorpresa todavía fue mayor si se tiene en cuenta el discurso que
pronunció el presidente ruso, Vladímir Putin desde la misma tribuna en 2007.
Entonces, el discurso de Putin en la 43 edición de la Conferencia
Internacional de Munich marcó una profunda división en las relaciones entre
Rusia con EEUU y otros países occidentales. Esa intervención de la que todavía
se hacen referencias, inequívocamente ha sido interpretada como un
recrudecimiento de la postura de Moscú con respecto a Occidente. En el tiempo
transcurrido desde ese discurso de Putin, las relaciones entre Rusia y
Occidente no han mejorado ni un ápice, por no decir que en cierta forma
empeoraron. Por esa razón, la mayoría de los asistentes a la 44 Conferencia de
Munich esperaban que el discurso de Ivanov sería una continuación más aguda
del discurso anterior.
Un ejemplo, antes de que empezara el foro, el presidente de la comisión de
asuntos internacionales de la Duma, Konstantín Kosachov dijo que la 44 edición
de la Conferencia de Munich marcaría "el fin del monopolio político de EEUU y
la OTAN". Y en Rusia, es fácil comprender las esperanzas del diputado ruso.
Porque la política emprendida por Occidente con respecto a Rusia en la
segunda mitad de los años 90 ha motivado muchos interrogantes a los políticos
y la opinión pública rusa. A las aspiraciones de Moscú de iniciar una
aproximación, Occidente respondió con la ampliación de la OTAN hacia Oriente,
y la imposición de tratados de desarme desfavorables para Rusia. Además, el
bloque Atlántico emprendió esfuerzos para fragmentar la Comunidad de Estados
Independientes (CEI) y socavar la Organización del Tratado de Seguridad
Colectiva (OTSC), una entidad de concertación multinacional promovida por
Moscú y países vecinos aliados.
Occidente, también ignoró la postura de Rusia en el conflicto yugoslavo, e
incluso emprendió el bombardeo contra Serbia que finalmente condujo al éxodo
de la población serbia de Kosovo.
Las protestas de Moscú no se tuvieron en cuenta, y para finales de la
década de los años 90, la crisis en las relaciones entre Rusia con la OTAN y
EEUU era palpable.
La guerra de Yugoslavia en 1999 marcó el punto final, y el empeoramiento de
las relaciones entre Moscú, Washington y Bruselas ya fue inevitable.
La situación se podría salvar después del 11 de septiembre de 2001 tras los
atentados terroristas perpetrados en EEUU. Entonces, Rusia dio un paso de
aproximación importante hacia EEUU, y no sólo como un gesto humanitario, sino
también por la honrada aspiración de Putin de elevar el nivel de cooperación
entre ambos países.
Para ese tiempo, entre los dos presidentes (Putin y George W. Bush) cada
vez eran más notables las manifestaciones de simpatía personal, y la
profundidad que adquirieron esas relaciones personales, en mucho pudieron
evitar que las relaciones entre ambos países se derrumbaran por completo.
Rusia expresó su apoyo incondicional a la creación de la coalición
antiterrorista. Más aún, Moscú dio luz verde para que por su territorio volara
la aviación de EEUU y de sus socios de la coalición en Afganistán. Moscú
tampoco expresó ninguna objeción a la creación de bases aéreas estadounidenses
en Asia Central.
Teniendo en cuenta la urgencia de la situación, el Kremlin se limitó a un
"acuerdo verbal entre caballeros" de que las bases aéreas estadounidenses y
de otros países de la OTAN permanecerían en Asia Central hasta "el fin de la
campaña antiterrorista".
¿Y cómo respondió la Casa Blanca? En 2002 EEUU denunció el tratado sobre la
defensa antimisiles ABM, lo que para Rusia supuso una situación muy difícil.
Después comenzó la guerra en Irak, que para los rusos concluyó con la pérdida
de todas las concesiones petroleras que tenía en ese país. Posteriormente,
ocurrió la ampliación de la OTAN hacia el Oriente de Europa y también hacia el
territorio de la antigua Unión Soviética con la admisión de las repúblicas
bálticas en la alianza.
No vale la pena examinar otros reductos de confrontación como la vigencia
de las sanciones previstas en la enmienda Jackson-Vanik, y las permanentes
dilaciones al ingreso de Rusia en la Organización de Comercio (OMS).
En general, actualmente la política de la OTAN con respecto a Rusia es
relativamente de provocación. Por una parte, se crea el Consejo Rusia-OTAN
como reconocimiento del papel de Rusia en el continente europeo. Pero también
promueve por todos los medios las aspiraciones de las actuales autoridades de
Ucrania de forzar el ingreso de ese país eslavo a la OTAN, a pesar de las
objeciones expuestas por Moscu, y el rechazo de la mayor parte de la población
de Ucrania según los sondeos de opinión.
Por supuesto que Moscú no ha renunciado y nunca renunciará a plantear la
discusión de esos problemas, incluido el creado por EEUU con su plan de
emplazar un escudo de defensa antimisiles en Europa, sin utilizar los
mecanismos de diálogo con todos los países europeos que integran la OTAN.
Y aunque en la 44 Conferencia Internacional de Seguridad de Munich, Ivanov
no expuso con profundidad esos temas, su discurso fue importante porque
planteó el interrogante, ¿hacia dónde va Rusia?
Es evidente que la creciente influencia política y económica de Rusia es un
asunto que comienza a preocupar a Occidente.
El discurso de Ivanov de forma intencional sólo delineó los problemas de
las relaciones entre los países occidentales con respecto a Rusia.
Porque el próximo mes de abril está prevista cumbre de la OTAN en la
capital de Rumania, y el presidente de Rusia ha sido invitado a Bucarest.
Según la dirección de la OTAN, la participación del presidente de Rusia en
ese foro permitirá a las partes dialogar de forma franca los asuntos más
cruciales.
Según Ivanov, a la cumbre de Bucarest asistirá Putin porque para ese
tiempo, todavía será presidente de Rusia (en marzo Rusia celebra elecciones
presidenciales).
Por los visto, podemos esperar que en esa cita en Bucarest, Rusia
continuará con Occidente la conversación que comenzó en Munich en 2007.
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