Estados Unidos montó un proceso que condujo a una declaración
unilateral de independencia por parte de Kosovo, el 17 de febrero de 2008, y
de reconocimiento ulterior de la misma por parte de un centenar de Estados. Al
hacerlo no sólo reconocen que la intervención de la OTAN, en 1999, no fue otra
cosa que una guerra de conquista sino que además abren la puerta a todo tipo
de reclamos separatistas a través del mundo. Ese, y no otro, es el objetivo de
Estados Unidos ya que se trata de provocar una onda expansiva que contribuya a
la desintegración de la Federación Rusa. Un juego peligroso que podría
desestabilizar a toda Europa en su conjunto, como denuncia Jurgen Elsasser.
El diputado alemán Willy Wimmer (CDU) escribía
recientemente:
"Cuando, en 1918, el mundo de ayer se vio reducido a cenizas y mientras muy
pérfidamente se sentaban las bases del siguiente gran conflicto, nadie quiso
perder mucho tiempo en buscar las causas de la guerra. Se declaró que fueron los
disparos que costaron la vida a la pareja de herederos del trono de Austria.
Todos recordaban aquel hecho y no hacía falta interrogarse sobre las razones,
que eran mucho más determinantes que el atentado de Sarajevo. Hasta ahora no ha
habido tiroteos durante las negociaciones sobre el futuro de Kosovo, pero la
firma de ciertos documentos podría tener el mismo efecto que los pistoletazos.
Ahí están las mechas y van de Irlanda del Norte hasta el Tíbet y Taiwán, pasando
por el País Vasco, Gibraltar y el Cáucaso."
La situación actual en la región de los Balcanes
recuerda de forma inquietante la que llevó a la Primera Guerra Mundial. Luego de
varios años agitados, Alemania y las demás grandes potencias habían llegado
durante la Conferencia de Berlín a un compromiso sobre el nuevo orden en el
sudeste de Europa: La provincia otomana de Bosnia debía seguir siendo turca en
el plano jurídico, pero en la práctica estaría bajo administración austriaca. En
1908, Viena rompió el tratado y anexó la provincia en el plano jurídico. Para
completar el panorama, en 1914, el archiduque Francisco Fernando fue asesinado
en Sarajevo.
Un centenar de años más tarde, las potencias de
la OTAN han tratado de establecer un compromiso similar: después de su guerra de
agresión de 1999 contra Yugoslavia, impusieron en el Consejo de Seguridad de la
ONU la Resolución 1244 que mantenía el estatus jurídico de Kosovo como parte de
Serbia mientras que lo ponía, en la práctica, bajo la administración de las
Naciones Unidas.
Posteriormente las potencias occidentales se
mostraron favorables a la secesión total de la provincia y a su entrega, bajo
control de la Unión Europea, a la mayoría albanesa. Ese es el proyecto del
negociador de la ONU Martti Ahtisaari. Desde el punto de vista del derecho
internacional, eso sería posible si Belgrado estuviese de acuerdo o sin obtener
al menos la aprobación de esa solución en el Consejo de Seguridad. Al no existir
dichas condiciones, Kosovo solamente puede proclamar su independencia de forma
unilateral, mediante un acto arbitrario. Eso es precisamente lo que va a suceder
en las próximas semanas.
Al igual que hace un siglo, los intereses de los
Estados de Europa Central, los de Rusia y los del mundo musulmán, siguen
entrando en contradicción en la región de los Balcanes. Cualquier cambio
violento en ese frágil equilibrio puede tener consecuencias para todo el
continente.
Estuvimos al borde de la guerra mundial
Durante los días posteriores al 10 de junio de
1999 se pudo comprobar hasta qué punto el sudeste de Europa pudiera ser fuente
de un importante conflicto internacional. Luego de 78 días de bombardeos de la
OTAN, el ejército yugoslavo ya estaba dispuesto a retirarse de Kosovo; ya se
había firmado el acuerdo militar en ese sentido entre Belgrado y la alianza
atlántica y se había adoptado la Resolución 1244. Sin embargo, mientras se
retiraban las tropas del presidente Milosevic, unidades rusas estacionadas en
Bosnia avanzaron inesperadamente hacia Pristina. Los soldados habían
transformado la inscripción SFOR –que llevaban los blindados para indicar que
pertenecían a la fuerza de estabilización presente en el Estado vecino, bajo
mandato de la ONU– en KFOR, sigla de la fuerza de ocupación de Kosovo, cuya
formación acababa de decidirse. El presidente ruso Boris Yeltsin había aprobado
la constitución de dicha fuerza bajo la autoridad del alto mando de la OTAN,
pero sus generales querían que Rusia obtuviera por lo menos una cabeza de playa
estratégica.
El ministro alemán de Relaciones Exteriores
Joschka Fischer recuerda en sus memorias el dramatismo de la situación: "Los
paracaidistas rusos realmente no podían desafiar a la OTAN después de su entrada
en Kosovo porque eran demasiado pocos y su armamento demasiado ligero. La
ocupación del aeropuerto sólo podía significar una cosa: estaban esperando
refuerzos por vía aérea. Aquello podía llevar muy rápidamente a una peligrosa
confrontación directa con Estados Unidos y la OTAN. [...] La situación se hizo
más peligrosa aún cuando se confirmó la noticia de que el gobierno ruso había
pedido a los gobiernos húngaro, rumano y búlgaro una autorización de sobrevuelo
para sus aviones Antonov de transporte de tropas.
Tenían la intención de
enviar por vía aérea 10 000 soldados, una parte hacia Kosovo y otra hacia Bosnia
de donde serian enviados después a Kosovo por vía terrestre. Ucrania ya había
concedido el permiso, pero los otros países mantuvieron su oposición. Pero, ¿qué
pasaría si los aviones rusos ignoraban la prohibición? ¿Estados Unidos y la OTAN
les impedirían aterrizar o desembarcar su carga estando ya en tierra o se
atreverían a derribarlos en pleno vuelo? La posibilidad de una tragedia de
imprevisibles consecuencias se estaba delineando."
Paralelamente a la guerra de nervios sobre los
aviones rusos, la crisis se agravó en el aeropuerto de Pristina. Las tropas del
contingente británico de la KFOR habían llegado rápidamente y habían apuntado
sus cañones hacia los ocupantes insumisos del aeropuerto. El comandante supremo
de la OTAN ordenó el asalto, pero Michael Jackson, el comandante británico de la
KFOR, mantuvo la sangre fría y se negó a ejecutar la orden. Llamó por teléfono a
Wesley Clark y le gritó: "¡No correré el riesgo de desencadenar la Tercera
Guerra Mundial por usted!"
No se sabe cómo se las arregló Occidente para
lograr que el presidente ruso detuviera los Antonov. En todo caso, la batalla
del aeropuerto de Pristina no llegó a tener lugar únicamente porque Jackson se
mantuvo firme. Clark aceptó aquel acto de desobediencia. A decir verdad, hubiera
tenido que ordenarle a la policía militar que arrestara a Jackson. Un general
alemán criticó después aquella actitud. "El retroceso de los británicos y los
americanos fue una mala respuesta en una situación que no hubiera conducido
nunca a un conflicto serio entre la OTAN y Rusia", escribió Klaus Naumann, por
aquel entonces presidente del Comité Militar de la OTAN y, por lo tanto, el
oficial de más alto rango en el seno de la alianza atlántica.
Misiles sobre Bondsteel*
[*la base militar qu EEUU que ha construido en
Kosovo. ndt.]
¿Pudiera producirse una situación tan peligrosa
como aquella en las próximas semanas? Ya en el año 2006, la Fundación Ciencia y
Política (Stiftung Wissenschaft und Politik, SWP), uno de los think tanks más
importantes de Alemania, expresaba su inquietud en cuanto a una solución
impuesta desde el exterior a la cuestión de Kosovo: "Esas misiones exigirán un
compromiso diplomático duradero y el concurso de los recursos políticos,
militares y financieros de la Unión Europea." Al mencionar los "recursos
militares" los autores se refieren a la KFOR, que cuenta actualmente con 17 000
soldados, entre ellos 2 500 alemanes.
Una intervención pudiera apuntar no sólo a
Kosovo sino incluso a la propia Serbia. La Fundación prevé una situación "que
recuerda la crisis de 1999", o sea los bombardeos. De producirse incidentes en
Kosovo, estos podrían extenderse a las provincias serbias de Voivodina y Sandjak
así como al valle de Presevo. También estima lo siguiente: "Manifestaciones
masivas que implicarían enfrentamientos entre las fuerzas moderadas y las
fuerzas radicales o con la policía podrían conducir a la disolución de las
estructuras estatales". Si estallan las estructuras estatales de Serbia, la
Unión Europea, según su concepción clásica, podría adopta el papel de
estabilizador y aportar una "ayuda fraternal". Para eso están los "battle groups".
Analicemos los hechos previsibles en el verano
de 2008. Tanto la OTAN como los albaneses de Kosovo han excluido categóricamente
las nuevas negociaciones que pedían Belgrado y Moscú. El 24 de enero, Hashim
Thaci, ex jefe de la organización terrorista UCK, recientemente convertido en
primer ministro de la provincia de Kosovo, anunció que la declaración formal de
independencia tendría lugar "de aquí a 4 o 5 semanas". Al día siguiente el
International Herald Tribune decía –sobre la base de fuentes
diplomáticas– que "Alemania y Estados Unidos [se habían puesto] de acuerdo para
reconocer la independencia de Kosovo", lo cual tendría lugar "después de la
segunda vuelta de las elecciones presidenciales serbias del 3 de febrero". Eso
fue lo que acordaron Angela Merkel y George W. Bush. Es posible suponer que la
canciller, miembro de la CDU, haya pedido consejo a su compañero de partido
Willy Wimmer, quien fue durante muchos años secretario de Estado en el
ministerio de Defensa en la época de Helmut Kohl.
Después de la
proclamación oficial de la "Republika
kosova", las comunas serbias situadas al norte del río Ibar sin dudas
proclamarán su fidelidad a Serbia, o sea que no forman parte del nuevo Estado.
Es posible imaginar entonces que fuerzas armadas de los albaneses de Kosovo
penetren en los enclaves de la minoría serbia, en particular en el bastión
serbio de Nordmitrovica, y repriman brutalmente toda resistencia. Durante un
similar comienzo de limpieza étnica, a mediados de marzo de 2004, los
terroristas skipetaris lograron movilizar una muchedumbre de 50,000 personas.
Sólo fue posible frenar la violencia de aquel ataque porque la KFOR se opuso,
por lo menos parcialmente, a la acción de los extremistas, matando a 8 de ellos.
En la actual situación, lo más probable es que
la KFOR en su conjunto se comporte como lo hizo en el pasado el contingente
alemán de esa misma fuerza: mirando a otra parte y permitiendo la acción de los
terroristas. En 2004, en el sector ocupado por los alemanes alrededor de Prizren,
todas las iglesias y todos los conventos serbios fueron incendiados. Desde
entonces, los serbios de Kosovo han formado varios grupos de autodefensa, entre
los que se destaca la Guardia Zar Lazar, que lleva el nombre de un héroe de la
histórica batalla de Amselfeld, librada en 1389. Esos paramilitares anunciaron
que dispararán misiles sobre la base militar estadounidense de Camp Bondsteel si
se produce una declaración de independencia de Kosovo.
Resulta difícil saber si se trata de una fanfarronada o de una intención seria.
Según los conocedores de la región, es posible que la etiqueta de Zar Lazar
sirva de cobertura a una banda de provocadores de los servicios secretos
occidentales.
En interés de los países miembros de la OTAN, la
secesión de la provincia debiera, en todo caso, producirse con la menor
agitación posible e implementarse sin conflictos militares. Se da por sentado
que habrá protestas diplomáticas por parte de Rusia e incluso de los pequeños
países de la Unión Europea, como Eslovaquia, Rumania, y Chipre. En un estudio de
diciembre de 2007, la Fundación Bertelsmann, cercana al gobierno, menciona el
ejemplo de Taiwán.
Es sabido que esa pequeña república insular sólo
ha obtenido el reconocimiento de un pequeño número de Estados y que no tiene
representación ante las Naciones Unidas, a pesar de lo cual goza desde hace 60
años de cierta estabilidad e incluso de cierta prosperidad. Lo que quieren los
Estados miembros de la OTAN es probablemente que, después de la proclamación de
la independencia, los albaneses de Kosovo renuncien a la violencia contra la
minoría serbia y que no toquen, por lo menos en un primer tiempo, las
estructuras de autoadministración que existen en el norte. Si la OTAN bloqueara
simultáneamente todas las comunicaciones con Serbia, a la larga los serbios de
Mitrovica no tendrían más remedio que entenderse con los nuevos potentados que
rodearán a Hashim Thaci.
Esta estrategia de victoria suave de los
secesionistas pudiera, sin embargo, ser contrarrestada de forma bastante simple.
El Frankfurter Allgemeine (FAZ) expresaba sus temores en ese
sentido a finales de 2007: "Los serbios podrían cerrar la represa de Gazivodsko
Jezero, situada en la parte de Kosovo que controlan los serbios, y privar así de
agua numerosas regiones de Kosovo. Lo cual repercutiría en la generación de
electricidad, ya actualmente insuficiente en Kosovo, ya que el agua de esa
represa alimenta el sistema de enfriamiento de la central de carbón, no lejos de
Pristina."
La OTAN reaccionaría rápidamente recurriendo a la fuerza contra una operación de
ese tipo, relativamente fácil de realizar ya que bastaría una tropa de
paramilitares para ocupar la represa. "Ya se piensa, precisa el FAZ, en una
intervención de la KFOR para impedirlo, pero en ese caso se alcanzaría el nivel
de enfrentamiento militar que Occidente quiere precisamente evitar".
Puede producirse una respuesta por parte de Serbia
¿Cómo reaccionaría el gobierno de Belgrado si
los albaneses y soldados de la OTAN agredieran a los serbios? ¿Continuaría su
actual política de no intervención militar? Esa es la tendencia, ante todo, por
parte del partido gubernamental más fuerte, el de los Demócratas (DS), reunido
alrededor del presidente Boris Tadic y del ministro de Defensa Dragan Sutanovac.
El partido pequeño de la coalición, el Partido Demócrata de Serbia (DSS) del
primer ministro Vojislav Kostunica, es un poco más audaz. Su consejero
Aleksansar Simic declaró expresamente que todo Estado tiene derecho a recurrir a
las armas para proteger su integridad territorial. Pero, en caso de crisis, los
que controlan el ejército son el Consejo de Defensa y el presidente, o sea Tadic.
Por consiguiente, Occidente no hubiera tenido de
qué preocuparse… de no ser por la elección presidencial. El candidato del
Partido Radical (RS), Tomislav Nikolic, tenía serias posibilidades de resultar
electo. Ya en 2004, había obligado a Tadic a disputar una segunda vuelta, en la
que el propio Nikolic acabó siendo derrotado por estrecho margen. Indignada ante
la inminente disidencia de Kosovo, una mayoría de ciudadanos hubiese podido
elegirlo esta vez. El ejército serbio habría estado entonces bajo las órdenes de
un político que se ha pronunciado a favor del establecimiento de una base
militar rusa en el país y cuyo partido tuvo su propia milicia durante las
guerras de los años 1990.
Esa perspectiva trastornó el calendario de los
secesionistas. En realidad, el 28 de enero, el Consejo Europeo quiso decidir el
envío de una fuerza de unos 2 000 policías –contra la voluntad de Belgrado y,
por lo tanto, en contra del derecho internacional, pero por ser necesario para
garantizar la secesión. Pero como el 28 de enero estaba demasiado cerca de la
segunda vuelta de la elección presidencial decisiva del 3 de febrero, aquella
decisión hubiera constituido una provocación favorable a Nikolic. Así que se
aplazó el asunto. Ese mismo día, Bruselas propuso un acuerdo de asociación al ex
Estado renegado y renunció de forma complaciente a la condición que se había
estado planteando hasta ahora, o sea a la extradición de los "criminales de
guerra" Radovan Karadzic y Ratko Mladic. La Unión Europea esperaba aportar así a
Tadic los votos que éste necesitaba. Y finalmente resultó electo por estrecho
margen.
Belgrado tiene actualmente el apoyo de Madrid.
Según la edición del 11 de enero del diario serbio Express,
el primer ministro José Luís Rodríguez Zapatero obtuvo de otros gobiernos de la
Unión Europea la garantía de que Kosovo no proclamará su independencia antes del
10 de marzo –o sea 4 semanas después de la fecha que anunciara Thaci– ya que la
elección del nuevo parlamento español debe tener lugar en esa fecha. El gobierno
socialista quiere impedir así que los movimientos separatistas españoles
utilicen el precedente balcánico como argumento durante la campaña electoral
española, cosa que los vascos ya venían haciendo.
El resultado es que la mayoría de los españoles
pudieran sentirse tentados de sancionar a los socialistas, a los que la
oposición conservadora acusa de ser demasiado indulgentes con las regiones
deseosas de separarse de España. Estos retrasos en el calendario someten sin
embargo a una dura prueba la paciencia de los albaneses de Kosovo. Y es de temer
que traten de precipitar la decisión diplomática mediante la realización de
acciones violentas de carácter espectacular.
Lo que no se sabe es cómo reaccionarían en ese
caso las potencias de la OTAN... y los rusos. Estos últimos también tienen
programada para la primavera la elección de su nuevo presidente y el candidato
que abandone al hermano eslavo tendrá que afrontar la subsiguiente pérdida de
votos.
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