Al menos, eso lo que ocurre en la promoción del turismo suborbital, un
sector del turismo espacial que ya lo están conquistando otros.
Al concluir el primer mes del presente año, la compañía estadounidense Virgin
Galactic anunció el inicio de una nueva era en el turismo espacial, los vuelos
suborbitales, ocasión exclusiva que permitirá a turistas visitar los umbrales
del cosmos.
Y a pesar de que el anuncio tiene el tinte de los avisos publicitarios, a
diferencia de los funcionarios rusos, los empresarios estadounidenses tienen
todas las posibilidades de obtener muy pronto ingentes ganancias en la venta de
pasajes para vuelos muy cercanos a la órbita terrestre.
En la actualidad, los vuelos espaciales ya no son acontecimientos del otro
mundo, y auque todavía falta mucho para que se conviertan en asuntos cotidianos,
la mentalidad emprendedora y mercantilista occidental, ya captó el creciente
interés de particulares con muchos recursos dispuestos a experimentar el
atractivo que encierran los vuelos espaciales.
La realización de esa brillante idea comenzó en EEUU de la forma tradicional.
Primero se implementó la base jurídica y legal del nuevo negocio mediante la
aprobación de una ley en vigor hace ya cuatro años.
La mencionada ley autoriza a empresas particulares preparar y realizar
vuelos comerciales al espacio.
La ley garantiza a los ciudadanos el derecho a realizar vuelos a alturas
superiores a las usadas por los aviones de pasajeros convencionales con
recursos particulares a su cuenta y riesgo.
De esta manera, se abrió la vía legal para la realización de vuelos
suborbitales de aparatos privados con pasajeros a bordo, una actividad que
según los promotores de la ley, favorecerá de manera notable el flujo del
capital privado en el desarrollo del sector espacial.
Y así sucedió, en conformidad a las leyes económicas del capitalismo.
Financiada por el millonario Richard Branson, aficionado a los deportes de
riesgo, Virgin Galactic, los últimos tres años, logró construir y experimentar
exitosamente dos naves-portadoras para la realización de vuelos suborbitales.
Además, en el estado de Nuevo México (Estados Unidos) a toda marcha avanza la
construcción de instalaciones terrestres de infraestructura indispensable para
la ejecución regular de vuelos, con miras a que los primeros turistas puedan
comenzar sus excursiones suborbitales el año próximo.
Por ahora, Virgin Galactic por un viaje de tres horas, en el que el pasajero
experimenta durante unos cuantos minutos el estado de escasa gravedad, cobra en
pago anticipado 200.000 dólares por persona.
Si el negocio prospera, a lo mejor se reducirá el precio, y en la
actualidad, varios centenares de entusiastas han expresado interés por emprender
ese viaje, por lo que la empresa ha podido reembolsar en su cuenta de banco
cerca de 30 millones de dólares.
Y mientras, ¿qué es lo que ocurre en Roscomos?
En la página digital de Roscomos un portavoz de la agencia que ni siquiera se
identifica, critica y se mofa de los estadounidenses.
En su nota escribe, "durante el tiempo del vuelo suborbital el aparato se
eleva a una altura de 100 kilómetros y no hasta los 400-500 kilómetros donde
llegan las naves espaciales rusas Soyuz, o los transbordadores estadounidenses
Space Shuttle".
En cuanto al atractivo del viaje, el funcionario indica, "sólo durante unos
cuantos minutos, la tripulación y los pasajeros del aparato suborbital
experimentan la ingravidez...."
"Semejantes vuelos suborbitales de apenas minutos y segundos no tienen nada
que en común con los viajes que realizan los turistas a la Estación Espacial
Internacional (EEI). Además, una agencia espacial de respeto, nunca emprenderá
la recolección de fondos entre centenares de particulares sin tener la base
material para realizar ese tipo de proyectos", afirmó el funcionario anónimo de
Roscosmos.
A juzgar por esa nota, resulta que Roscomos no sólo es la máxima autoridad
del turismo espacial, sino también el más honesto entre los operadores.
Cabe recordar que todavía en abril del año pasado, un alto ejecutivo de la
empresa estadounidense Space Adventures que precisamente comercializa los viajes
de turistas a la EEI elogió la idea de los vuelos turísticos suborbitales.
"Las sensaciones inolvidables de la ingravidez sentirán los turistas en la
nave rusa que será impulsada por aviones rusos M-55", dijo al respecto Briss
Franett responsable de un proyecto de Space Adventures para la realización de
vuelos suborbitales con naves espaciales y aviones rusos.
Por lo visto, a pesar del renombre y fiabilidad de la tecnología espacial
rusa, el programa de turismo suborbital entre los empresarios de Space
Adventures y Roscosmos no se pudo poner en marcha, y ahora, entre esos socios,
sólo queda la posibilidad de seguir enviando turistas a la EEI y criticar a los
competidores.
Y, ¿Cómo marcha el turismo en la EEI?
Desde 2001 hasta abril de año pasado, a la plataforma espacial han viajado
cinco turistas, el primero fue el millonario estadounidense Dennis Tito, y el
último, Charles Simonyi, otro potentado estadounidense de origen húngaro.
Todos ellos pagaron 20 millones de dólares por pasar una semana en la EEI.
Entre otras cosas ese precio puede subir pronto a 30-40 millones, por lo que no
se puede hablar de que esa forma de turismo alguna vez podrá ser masiva.
Resulta que en cinco años, Roscosmos obtuvo 100 millones de dólares, y la
anteriormente mencionada Virgin Galactic, con intenciones de atender diez
clientes diarios, obtendrá sin lugar a dudas, una rentabilidad muy superior al
negocio espacial ruso.
Lo peor es que el turismo espacial en la EEI va a terminar muy pronto, cuando
dejen de operar los transbordadores estadounidenses Space Shuttle en el año
20010.
A partir de ese tiempo, el único vehículo espacial para transportar
cosmonautas será la naves Soyuz en capacidad de trasportar tres personas.
Y eso, en el caso de que Roscosmos decida continuar desarrollando ese
importante proyecto científico internacional, y no se dedique a pasear curiosos
millonarios por la órbita terrestre.
En conclusión, es muy extraño que a pesar de las objeciones de otros socios
del programa EEI, una "agencia espacial de respeto" continué vendiendo a
particulares los puestos en las naves Soyuz, en lugar de transportar a la EEI
otro cosmonauta profesional cuya presencia a bordo es más indispensable para el
funcionamiento óptimo del único en el mundo laboratorio espacial.