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Quebrados en
Washington: la fallida cumbre del G20 |
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(IAR
Noticias) 27-Noviembre-08
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Reunión del G-20 en Washington |
Como se esperaba, la cumbre del G20 en Washington demostró
ser un auténtico fracaso. No se resolvió ninguno de los problemas que han
llevado a la economía global al borde del desastre y ninguno de los
protagonistas principales que jugaron con el sistema a través de sus títulos
tóxicos fue responsabilizado. En lugar de ello, los dignatarios presentes se
empecinaron en un vacío “Documento sobre los mercados financieros” que no logró
absolutamente nada. La única cláusula que merece ser destacada en todo el
documento es una acusación de dos párrafos a los Estados Unidos como autor de la
crisis financiera. Al menos acertaron en eso.
Por Mike Whitney -
CounterPunch
Traducción para Sin Permiso: Ernest
Urtasun Domènech
Aquí tienen un extracto del texto:
“Los orígenes de la actual crisis: durante un período de fuerte crecimiento
global, de aumento de los flujos de capital y de prolongada estabilidad al
principio de esta década, los agentes del mercado buscaron mayores rendimientos
sin un adecuado cálculo de los riesgos y fracasaron a a la hora de actuar con la
debida diligencia. Al mismo tiempo, laxos criterios en el suministro de
servicios financieros, prácticas demenciales de gestión del riesgo, productos
financieros cada vez más complejos y opacos, así como el consiguiente excesivo
apalancamiento combinado, crearon vulnerabilidades en el sistema. Los
responsables políticos, reguladores y supervisores en algunos países avanzados
no han apreciado y afrontado de forma adecuada los riesgos crecientes en los
mercados financieros, ni han marcado el paso de la innovación financiera, ni han
tenido en cuenta las ramificaciones sistémicas de las acciones reguladoras
nacionales.
“Importantes factores subyacentes a la actual situación han sido, entre otros,
inconsistentes e insuficientes políticas macroeconómicas coordinadas y reformas
estructurales inadecuadas, que desestabilizaron la macroeconomía a escala
global. Dichas pautas, juntas, contribuyeron a generar excesos y al final
acabaron en una grave disfunción del mercado”
¡Bingo! El contagio empezó en Wall Street y allí es donde recae la culpa. Fue el
resultado de la imprudente política de la FED de mantener los tipos bajos, y de
la falta de supervisión gubernamental. Ello permitió a los agentes del mercado
crear grandes cantidades de capital apalancado a través de apuestas
especulativas sobre instrumentos de deuda descapitalizados.
El hundimiento consiguiente del valor de todos los activos de cualquier clase ha
creado un gigantesco agujero de varios billones de dólares en el sistema
financiero global que ha precipitado violentas oscilaciones en las bolsas,
reducido el crédito, dislocado las divisas y aumentado el desempleo y la
inflación. Casi todos los males económicos tienen su origen en la legislación
promovida por responsables clave de la administración de Clinton y Bush. (Muchos
de los cuales ocuparon cargos en la Casa Blanca de Obama). Las conclusiones del
G-20 culpan a quien deben: a la Reserva Federal y a Wall Street.
Pero eso no es ninguna novedad. No hay razón para recordar el pasado, a menos
que haya un interés específico en llevar a los culpables ante la justicia, o a
menos que los líderes reunidos se tomen en serio establecer normas para un nuevo
régimen económico. Pero no es el caso, razón por la cual la charla fue tan solo
otro festival de politiquería falta de cualquier reforma seria.
Fue interesante, sin embargo, escuchar a Bush en un poco habitual e improvisado
momento admitiendo que las decisiones extremas tomadas por la FED y el Tesoro
norteamericano (teniendo en cuenta que Bear Stearns quebró hace 17 meses) tenían
como objetivo evitar lo que él llamó “una depresión mayor que la gran
depresión”. Tratándose de Bush, es todo un reconocimiento; es también una
vindicación de lo que CounterPunch ha estado diciendo en esta web durante más de
dos años. Y a pesar de que Bush rehusó cualquier responsabilidad personal enlas
políticas que llevaron a la crisis, parece evidente que tiene algún rudimentario
instinto que le hace ser consciente de su gravedad. Es un inicio. Tal y como
famosamente dijo a la prensa: “Este mamón puede irse a pique”.
A pesar de los llamamientos a favor de reformas que tengan sentido, la cumbre
sólo refuerza el status quo; el mismo antiguo sistema financiero dirigido por
los EEUU. De hecho, parece que hay un consenso creciente sobre la necesidad de
que sea el FMI el que encabece los programas que den liquidez a los países en
desarrollo que están siendo machacados por la crisis. Es un importante paso
atrás. Devuelve al FMI –auténtico puño de hierro del Tesoro norteamericano— su
antigua gloria, posibilitándole volver a usar sus créditos extorsionadores
empujando a naciones con problemas hacia el ajuste estructural, la privatización
y los sueldos de esclavo. Las reuniones están dando oxígeno a las fallidas
políticas neoliberales, que deberían haber sido canceladas para siempre.
La declaración del G-20 invoca el mismo ritual absurdo favorable al crecimiento
y el libre mercado. Favorecer el crecimiento significa bajos intereses al
crédito, permitiendo a los especuladores del mercado beneficiarse del flujo
seguro de capital barato mientras los trabajadores quedan bloqueados intentando
equilibrar sus finanzas en base a salarios estancados y a un dólar que se
deprecia. Es una manera de asegurarse que el tablero de juego será siempre
favorable a Wall Street. Defender el crecimiento no significa reforzar la
actividad productiva o la fabricación de bienes que los consumidores quieran
comprar; significa expandir el crédito a través de contratos derivados y otras
inversiones apalancadas para maximizar beneficios partiendo de dinero tomado en
préstamo. El objetivo a largo plazo es poner al sector financiero por encima de
los sectores productivos de la economía real. Es un programa destinado a
mantener la hegemonía del dólar y Wall Street sobre las finanzas globales.
La declaración del G20 también rechaza el proteccionismo que defiende los
intereses del trabajo y las industrias nacionales claves. Una vez más, ello sólo
ilustra el flagrante sesgo pro-Wall Street de estas reuniones, en las que
ninguno de los líderes representó los intereses del trabajo o de los sindicatos.
El trabajador se puede ir al infierno.
El grupo pidió más estímulos gubernamentales para minimizar los efectos del
enfriamiento de los mercados crediticios, del desempleo y de la deflación.
También pidieron mayor “transparencia y responsabilidad”, a pesar de que
probablemente no tendrá ninguna consecuencia. Wall Street no está en disposición
de perder su gallina de los huevos de oro. Sus operaciones fuera de balance, sus
activos de Nivel 3 “market to fantasy”, su comercio “dark pool” y sus opacos y
enrevesados métodos de contabilidad. Todo ello es lo que gusta a los
alquimistas, lo que permite a “gurús” de la inversión con poco talento y aún
menos escrúpulos convertir instrumentos de deuda exóticos en oro puro. Esperan
mucho debate y acción por parte de Paulson en relación a la transparencia,
mientras no revelan prácticamente nada sobre sus oscuras actividades.
Como no podía ser de otra manera, aparecieron las brillantes sandeces sobre el
“control de la innovación financiera”, preservación del “dinamismo” del mercado
y lucha a favor de una “menor pobreza”. Alguno de los líderes incluso pidieron,
con semblante serio, la creación de un “colegio de supervisores” para los
reguladores bancarios y límites a los sueldos de los ejecutivos para “evitar que
tomen riesgos excesivos”. Sorprende que las naciones en desarrollo, muchas de
las cuales han sido víctimas de las políticas duras del FMI, hayan permitido que
dichos disparates se incluyan en la copia final. Es como un extracto de las
memorias de Milton Friedman. Nadie alojado en las suites del centro de Manhattan
va a demorar pago alguno ni a perder una hora de sueño por la “reducción de la
pobreza”. Estos chicos son trileros cuya vida laboral consiste en meter la mano
en los bolsillos de inversores inconscientes.
Lo que realmente es necesario en lugar de todo este divertimento sin sentido es
un estricto cumplimiento de un listado básico de normas. Las normas de las
instituciones financieras han sido articuladas por bastantes analistas del
mercado como Kart Denninger (Market Ticket) en su “Genesis Plan”:
1. Obligar a que todos los activos fuera de balance vuelvan al balance, y
obligar a sacar los modelos de valoración e identificación de activos
individuales fuera del Nivel 3 e incluirlos en el 10Qs y el 10Ks. Ejecutar dicho
requerimiento empezando con el período de evaluación del 3Q 2008 que empieza el
año que viene. (Por ejemplo, todos los activos deben ser contabilizados en los
balances bancarios).
2. Forzar a todos los derivados del mercado extra bursátil a ser negociados en
un mercado regulado similar al que se usa en las “listed options” o los mercados
de valores. Ello desactivaría definitivamente la bomba de relojería que suponen
los mercados de derivados. Dar a los agentes del mercado 90 días para hacer
dichos cambios. Cualquiera que no estuviera en la lista en 90 días sería
declarado nulo; dejar a los agentes del mercado demandarse entre ellos si no son
capaces de demostrar la adecuación de su capital. (Ello crea un mercado público
que permite a los reguladores saber si los contratos sobre derivados están
suficientemente capitalizados o no).
3. Obligar a que el apalancamiento de todas estas instituciones tenga una ratio
no superior a 12:1. La SEC (Agencia de supervisión del mercado de valores)
descendió intencionadamente los límites del apalancamiento entre el broker y el
negociador en 2004; antes de ello el límite era 12:1. Cada compañía quebrada ha
doblado por lo menos el apalancamiento establecido en dicho límite. Ejecutar
dicha medida con un límite temporal de seis meses y requerir una reducción de un
sexto del exceso mensualmente. (Los cinco mayores bancos de inversión
reconocieron una valor en activos agregado de 4$ billones antes que Bear Stearns
quebrara. Muchos, por no decir la mayoría, de esos activos sin valor se
encuentran ahora en el balance de la FED asumidos por los contribuyentes
americanos. Demasiado apalancamiento sencillamente significa que el
contribuyente paga la diferencia cuando el banco quiebra).
Aquí está el quid de la cuestión. Cumple las normas o vas a la cárcel.
Por supuesto que [la irresponsablemente abrogada ley] Glass Steagall deberá ser
recuperada en una forma a la altura de los tiempos, para separar a la banca
comercial de la banca de inversión. Las agencias de “rating” como Moody’s y S&P
deberán ser desprovistas de cualquier conflicto de interés. No pueden ser
pagadas por las mismas instituciones financieras que les encargan los análisis
de “rating”; eso es un punto muerto. La cuestión más importante es devolver la
confianza a los mercados a través de la transparencia. En estos momentos, el
bloque de Obama está acumulando la misma colección de arpías de Wall Street que
presionaron [bajo Clinto] para revocar la ley Glass Steagall, lo que permitió
que los derivados pudieran negociarse fuera de un mercado público. Creen que
pueden mantener el mismo régimen financiero con tan solo un lavado de cara
usando la credibilidad de Obama para disimular sus actividades. Por eso es
fundamental para las naciones con mayores reservas de capital que se establezca
un modelo independiente para dar respiro a los países en desarrollo afectados
por la crisis financiera. Si no es así, el FMI (es decir, el Tesoro americano)
continuará enredándolos en su telaraña de deuda.
El mundo no necesita un nuevo Bretton Woods o un nuevo orden mundial. Necesita
una visión competente de las finanzas globales. Una visión dispuesta poner fin a
la tiranía del dólar, a la política de las superpotencias y a la política
económica del “pídele dinero a tu vecino”. Un sistema que refuerce la soberanía
nacional, la cooperación y el derecho internacional. Eso es sobre lo que debería
estar discutiendo el G-20, en lugar de perder el tiempo intentando sostener un
sistema que está podrido por dentro.
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