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Manifestantes paquistaníes queman la bandera india. (Foto AFP) |
El desplazamiento de tropas paquistaníes e indias hacia las zonas de
frontera puede derivar en un nuevo conflicto armado que obligue a modificar los
planes de Washington.
Por Oscar Raúl Cardoso -
Clarín
De cara al desplome de la Unión Soviética a comienzos de los 90 el entonces
presidente George Bush prometió la instauración de un "nuevo orden
internacional" que iba a estar fundado sobre el imperio del derecho. Ahora,
cuando a su hijo George W. Bush, le falta menos de un mes para dejar la
Presidencia sabemos que aquel orden no tuvo mientras duró nada que ver con la
ley, sino con el viagra para comprar lealtades.
No es esto un ensayo del absurdo. De hecho, la CIA reconoció hace poco que
-entre otros muchos incentivos- utiliza laa entrega de esas píldoras para
revitalizar la capacidad sexual a los más viejos señores de la guerra afganos,
generalmente casados con más de una mujer y casi siempre más joven, a cambio de
que se sumen a la lucha contra los Talibán.
Así, entre otras cosas, Barack Obama, el presidente en ciernes de Estados Unidos
está descubriendo que "liderar el mundo libre", como reza cierto artículo de fe
que los estadounidenses repiten hasta el hartazgo, supone que se debe ser
también un farmacéutico.
El dólar, que en otras instancias la CIA empleó para comprar aliados, ahora
sirve menos según reconocen los propios agentes de inteligencia. Si solo se
tratara de postergar la impotencia sexual sería motivo para la risa. Pero no lo
es porque Obama recibirá, junto con la entrega de Viagra, la mayor crisis
económica en un siglo y quizá una nueva guerra entre Pakistán y la India como la
que libraron en mayo y junio del 99 que, además, esta vez complicará mucho más a
los intereses de Washington.
El desplazamiento de tropas paquistaníes e indias hacia las zonas de frontera
tiene el ruido de choque de espadas inminente y ayer venció además el plazo que
Nueva Delhi había dado a Islamabad para mostrar actos concretos de cooperación
en la persecución de los terroristas que atacaron Mumbai hace un mes, llevando
la práctica de atentados a una nueva cima. El primer ministro indio Manmohan
Singh convocó a la dirigencia política del país a una reunión que parece haber
estado dirigida a informar sobre los preparativos bélicos.
Se anuncian diferencias notables entre esta posible guerra y la del 99, u otra
de las que Pakistán y la India han peleado desde la partición territorial de
1947. Sería, además, el tercer caso en la historia de un conflicto bélico
protagonizado por dos países que poseen arsenal nuclear. Los anteriores fueron
el ya mencionado de 1999 en el distrito de Kargil en Cachemira y el
enfrentamiento fronterizo entre China y la entonces URSS en 1969.
El agujero negro de las armas de destrucción masiva fue evitado en aquellas
oportunidades pero los expertos creen que podría no haber tanta suerte esta vez.
Es interesante notar que los desplazamientos de tropas paquistaníes e indias se
dan ahora en regiones alejadas de Cachemira, que es la región en la que
habitualmente confrontan los países.
El contexto hoy es tan diferente como esto: Pakistán fue elegido en 2001 como
teatro de operaciones desde el cual Washington lanzó su represalia contra el
régimen talibán de Afganistán, una asociación que está pagando caro. La tarea de
lo que se emprendió en suelo afgano está lejos de haber terminado y un conflicto
-aun solo con armas convencionales- entre Pakistán y la India haría aun más
compleja la logística de una oposición al taliban en franco regreso. Junto con
Irak, Afganistán es una de las más pesadas herencias de Bush.
Hay dos potencias, China y Rusia que tienen intereses en la región y cuyas
acciones muchas veces son antagónicas a los deseos de Estados Unidos. Sobre todo
con Rusia han regresado algunos de los malos olores de la fenecida guerra fría.
Las condiciones de la crisis económica global son también componentes del
problema. Pakistán es una nación al borde de la quiebra y un importador neto de
alimentos. Una guerra podría empujar a sus 170 millones de habitantes más allá
del límite del precipicio. Pero la India -que hasta hace poco más de un año era
un ejemplo de prosperidad en desarrollo- está mostrando una economía afectada y
más débil de lo que se pensaba. En verdad la India junto a China -los dos países
más populosos del planeta- se pensaban a sí mismos inmunes a casi cualquier mal
económico.
Nueva Delhi apoyaba esta sensación de inmunidad en una tasa de crecimiento anual
de más del 8% durante el último lustro. Pero ahora la caída de la actividad
económica y las 170 muertes que ocasionaron los ataques en Mumbai se han
combinado para augurar un futuro en extremo complicado. Obama está, en todo
caso, descubriendo que el Viagra puede tener un sabor amargo, en verdad un sabor
de tragedia.