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Humo sale del hotel Taj Mahal de Bombay, horas después de los ataques. (Foto AFP)
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El 26 de noviembre de 2008, un pequeño grupo de 10 personas atacó dos
lujosos hoteles y otros sitios en el centro de Bombay (India) y, por varios
días, se las arregló para matar y herir a un gran número de personas y
provocar una destrucción material masiva en la ciudad.
Por Immanuel Wallerstein - La Jornada, México
Traducción: Ramón Vera Herrera
Fueron necesarios
varios días para poder ponerle fin a la matanza. Está muy extendida la
suposición de que los ataques fueron conducidos por el grupo paquistaní
Lashkar-e-Taiba (Ejército de los Buenos o LET por sus siglas), que se piensa
tiene motivaciones similares a Al Qaeda, y que tal vez tiene vínculos directos
con éste. La prensa mundial de inmediato calificó las matanzas de “el 11 de
septiembre de India”, repetición de los ataques de Al Qaeda lanzados contra
Estados Unidos en 2001.
Las motivaciones y la estrategia de Al Qaeda fueron en gran medida mal
entendidos en 2001, tanto por Estados Unidos como por los analistas. Hay el
riesgo de que ocurra la misma cosa ahora. Por supuesto, en 2001 Al Qaeda
estaba buscando humillar a Estados Unidos. Pero desde el punto de vista
estratégico, esto sólo era una motivación secundaria. Al Qaeda siempre ha
dejado claro que su objetivo primario es la recreación del califato islámico.
Y, como asunto de política estratégica, ha considerado que el primer paso
necesario es el colapso de los gobiernos de Arabia Saudita y Pakistán. Al
Qaeda considera que estos dos gobiernos han sido esenciales respaldos
políticos de la dominación política occidental (sobre todo la estadunidense)
en la más grande región de Medio Oriente, y como tal los mayores obstáculos a
la recreación del califato, cuya base geográfica inicial estaría, por
supuesto, en esta región.
El ataque del 11 de septiembre puede verse como un intento por hacer que el
gobierno de Estados Unidos se involucre en actividades políticas que le pongan
a los gobiernos paquistaní y saudita el tipo de presiones que terminen
socavando su viabilidad política. Las principales acciones de Estados Unidos
en la región desde 2001 –la invasión de Afganistán primero, y luego la de
Irak– ciertamente cumplen las expectativas de Al Qaeda. ¿Cuál ha sido el
resultado?
El gobierno saudita ha reaccionado con gran astucia política, esquivando
las presiones estadunidenses que la podrían haber debilitado internamente, y
ha sido capaz hasta ahora de minimizar el éxito político de Al Qaeda en Arabia
Saudita. El gobierno paquistaní ha sido mucho menos exitoso. El régimen de
Islamabad es mucho más débil en 2008 de lo que era en 2001 el que lo precedió,
mientras que la fuerza política de los elementos tipo Al Qaeda no ha dejado de
aumentar. Los ataques de Bombay parecen un esfuerzo por debilitar el Estado
paquistaní todavía más. Por supuesto, LET quiso lastimar a India y a aquéllos
vistos como sus aliados –Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel–, pero éste fue
un objetivo secundario. El primario era derribar al gobierno paquistaní.
En Pakistán, como en cualquier país del mundo, las elites políticas son
nacionalistas y buscan impulsar los intereses geopolíticos de su país. El
objetivo es fundamentalmente diferente de los grupos semejantes a Al Qaeda,
para los cuales la única función legítima de un Estado es impulsar la
recreación del califato. La persistente negativa del mundo occidental a
entender esta distinción es una fuente importante de la continuación de la
fuerza de Al Qaeda. Es esto lo que tornará a Pakistán en la pesadilla de Obama.
¿Cuáles son los intereses geopolíticos de Pakistán? Antes que nada, se
preocupa por sus vecinos principales: India y Afganistán. Estas preocupaciones
han modelado su estrategia geopolítica durante los últimos 60 años. Pakistán
ha buscado poderosos aliados contra India. Históricamente encontró dos:
Estados Unidos y China. Ambos apoyan a Pakistán por una sencilla razón,
mantener controlado a India, considerado por ambos países muy cercano
geopolíticamente a la Unión Soviética, con la cual ambos han tenido conflicto.
En los años 90, con el fin de la guerra fría y la momentánea
debilidad geopolítica de Rusia, tanto Estados Unidos como China buscaron
tentativamente obtener relaciones más cercanas con India. India era un premio
mucho más importante que Pakistán, y lo sabía. Una de las formas en que
Pakistán reaccionó fue expandiendo su papel en (y su control sobre)
Afganistán, y apoyando la eventualmente exitosa toma del poder de los
talibanes en el país.
¿Qué pasó después de 2001? Estados Unidos invadió Afganistán, corrió a los
talibanes e instaló un gobierno que tenía elementos amistosos hacia Estados
Unidos, Rusia y aun Irán, pero para nada con Pakistán. Al mismo tiempo,
Estados Unidos e India se acercaron con más confort mediante los nuevos
arreglos de la energía nuclear. Entonces, el gobierno paquistaní se hizo de la
vista gorda hacia la renovada fuerza talibán en las regiones tribales del
noroeste que hacen frontera con Afganistán. Los elementos talibanes ahí,
respaldados por Al Qaeda, renovaron sus operaciones militares en Afganistán, y
con considerable éxito, debe resaltarse.
Estados Unidos se molestó bastante, presionó al ejército paquistaní a que
actuara militarmente contra estos elementos talibanes/Al Qaeda, y se implicó
en acciones militares directas (si bien encubiertas) en esta región. El
gobierno paquistaní se halló de pronto entre una roca y un sitio duro. Nunca
había tenido mucha capacidad para controlar las cosas en las regiones
tribales. Y los intentos que hizo como resultado de la presión del gobierno
estadunidense lo debilitaron todavía más. Pero su ineficacia empujó a los
militares de Estados Unidos a actuar más directamente, lo que condujo a un
severo sentimiento antiestadunidense aun entre las elites históricamente pro
Estados Unidos.
¿Qué puede hacer Obama? ¿Enviar tropas? ¿En contra de quién? ¿Contra el
propio gobierno paquistaní? Se dice que Washington está particularmente
preocupado por el acopio nuclear con que cuenta Pakistán. ¿Intentará
apoderarse de este acopio? Cualquier acción en esa línea –y Obama
imprudentemente apuntó la posibilidad de acciones de ese tipo en su campaña
electoral– haría que el fiasco iraquí se viera como un suceso menor. Sin duda
condenaría los objetivos internos de Obama.
No faltará gente que le aconseje que no hacer nada significará una
debilidad inaceptable. ¿Es ésa la única alternativa de Obama? Parece claro que
continuar con su agenda, como él mismo la ha definido, requiere apartarse de
las interminables y nada fructíferas actividades estadunidenses en Medio
Oriente. Irak será fácil, porque los iraquíes insisten en que Estados Unidos
se retire. Afganistán será más duro, pero no es imposible un arreglo político.
Irán puede negociarse. El conflicto Israel/Palestina es por el momento
irresoluble, y Obama no puede hacer mucho más que dejar que la situación se
pudra aún más tiempo.
Pero Pakistán requiere una decisión. Si ha de sobrevivir algún gobierno
paquistaní, será uno que pueda mostrar que se sostiene por sí mismo
geopolíticamente. Esto no será fácil, dada la situación interna, y la enojada
opinión pública de India. Si hay algún lugar en que Obama puede actuar con
inteligencia ése es el sitio.
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© Immanuel Wallerstein