En las últimas horas, al menos
doce personas han resultado heridas
por explosiones de pequeñas bombas y tiroteos en los aledaños de los aeropuertos
de Suvarnabhumi, donde los manifestantes han asaltado la torre
de control, y el de Don Muang, al que han sido desviados todos
los aviones de las compañías que no han suspendido sus vuelos.
Uno de los cabecillas de la Alianza del Pueblo para la Democracia anunció que
continuarán su movilización y no entregarán el mando del
aeropuerto internacional hasta que renuncie el primer ministro, Somchai
Wongsawat.
Wongsawat tiene previsto regresar esta tarde al país procedente de Perú,
donde asistió al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y ya tiene
preparado el decreto para declarar el estado de excepción, que
permitiría disolver por la fuerza las protestas.
De madrugada, una multitud de seguidores de la opositora Alianza del
Pueblo para la Democracia, algunos de ellos provistos de palos y barras
metálicas, irrumpieron en el aeródromo, el cuarto de mayor tráfico aéreo de
Asia, y bloquearon los accesos a las modernas instalaciones, inauguradas hace
poco más de dos años.
A media mañana, la dirección de Suvarnabhumi anunció el cierre temporal del
aeródromo, cuya torre de control ha sido tomada por los manifestantes, que
aseguran que cualquier avión que quiera aterrizar allí tendrá que pedirles
permiso.
Poco después de conocer la decisión de las autoridades, hasta cinco
aerolíneas internacionales, entre ellas Cathay Pacific o
Japan Airlines, cancelaron todos sus vuelos a Tailandia, donde
ahora están retenidos más de 10.000 turistas. El comunicado de Singapore
Airlaines expresó su temor por la seguridad de sus pasajeros.
Un vuelo de Thai Airways procedente de Madrid y con pasajeros españoles a
bordo fue desviado al viejo aeropuerto de Don Muang, también sitiado por miles
de activistas, pues allí se encuentra la sede provisional del Gobierno.
Hasta el momento y en menos de 24 horas, el cierre del aeropuerto internacional
ha supuesto pérdidas de casi 1,5 millones de dólares.
El ministro de Finanzas tailandés, Suchart Thadathamrongvej, advirtió de que
el asedio a Suvarnabhumi tendrá un "severo impacto" sobre la economía
del país, que cada año recibe a 14,5 millones de turistas y donde este
sector mueve cerca de 16.000 millones de dólares.
La mayoría de embajadas extranjeras han recomendado a sus ciudadanos no
viajar en estos momentos a Tailandia, y el embajador español, Juan Manuel López
Nadal, instó a retrasar los vuelos hasta que la situación se normalice.
Hoy se cumplen tres meses desde que la Alianza del Pueblo para la Democracia
comenzó su ocupación de la palacio gubernamental en la capital, donde sus
seguidores siguen atrincherados para exigir la dimisión del Ejecutivo.
La plataforma opositora acusa al actual gabinete de corrupción y ser un
títere del ex primer ministro Thaksin Shinawatra, cuñado de Wongaswat y
depuesto por un golpe de Estado en 2006 y cuyos aliados tomaron el
poder tras su victoria en las elecciones celebradas hace casi un año.
Shinawatra, un prófugo de la justicia tailandesa que ya le ha condenado por
abuso de poder a dos años de cárcel y
le investiga por un sinfín de casos de malversación de fondos, está actualmente
exiliado en Dubai.
Wongsawat todavía no sabe donde podrá aterrizar a su vuelta desde Lima aunque
viaja en un avión militar. No obstante, insistió desde Perú en que seguirá en el
cargo y convocará de inmediato una reunión urgente del Gobierno para tratar la
crisis.
El jefe del Ejército tailandés, general Anupong Paochinda, descarta por ahora
hacer una nueva asonada y emplear la fuerza para disolver a los manifestantes, a
no ser que le obligue a ello el estado de excepción.