"Estamos a salvo en Afganistán y no necesitamos para nada la seguridad
ofrecida por Kharzai".
La respuesta talibán a la oferta de diálogo lanzada
por el presidente afgano, Hamid Kharzai, no tardó ni veinticuatro horas.
Un
portavoz del grupo islamista radical, que se identificó como mulá Brother,
declaró a la agencia Reuters que "mientras perdure la ocupación de las
tropas extranjeras, continuaremos con nuestra yihad (guerra santa)".
Los analistas locales se preguntan si no será Kharzai el que necesite firmar
una acuerdo para garantizar su seguridad dentro de un país en el que ni la
presencia de más de 60.000 tropas extranjeras pueden ganar la batalla contra
una insurgencia heterogénea donde ya no sólo operan los Talibán.
Las elecciones presidenciales están cerca y el dirigente afgano, que espera
renovar su mandato, ha realizado varios llamamientos al gran líder talibán,
mulá Omar -quien permanece en búsqueda y captura desde 2001-, para la
reconciliación nacional.
Unos llamamientos que chocan con la firme negativa
del grupo fundamentalista a dejar las armas mientras perdure lo que
califican de "ocupación" por parte de las fuerzas OTAN.
Francia contribuye con 2.600 hombres a esta misión y, según un comunicado talibán emitido por el canal Al Arabiya,
"si no retiran sus tropas, oirán
nuestra respuesta en París".
Esta amenaza salió de los labios de un
comandante identificado como mulá Faruq, que también reivindicó el ataque
que el pasado agosto costó la vida a diez militares galos.
El presidente Sarkozy -aliado europeo de EE.UU. en Afganistán- ha reforzado su contingente
con setecientos hombres.
El jefe del estado Mayor de EE.UU., Michael Mullen, afirmó el lunes en rueda de
prensa que "no se dan las condiciones" para iniciar negociaciones con los talibanes.