La señora Yang vende carteras de tela en una pequeña tienda del
barrio Insa-dong. No oculta su queja de que el negocio no anda bien por estos
días. Pero no alcanza a saber si se debe al frío de este otoño o a la crisis
actual, que evaporó a los turistas de esa zona, en el corazón cultural y
comercial de Seúl.
Yang ya se prepara para que la cosas vayan de mal en peor. Pese a la expresión
serena en sus rostros, los surcoreanos reviven por estos días los fantasmas de
la crisis financiera asiática de 1997-98, que hundió la economía y humilló a
este incondicional aliado de los EE.UU. Cuando entraba al club de los
"económicamente desarrollados", Corea del Sur necesitó de un rescate de 57.000
millones de dolares por parte del FMI y una fuerte reestructuración del
sistema bancario y financiero.
El martes pasado, en un discurso ante la Asamblea Nacional, el presidente Lee Myung-bak hizo un dramático llamado a la unidad para enfrentar la crisis
financiera global que afecta duramente a los mercados locales. En lo que va de
2008, el won se ha devaluado en un 30%. Fue a medida que los inversores
extranjeros abandonaban las acciones y los bonos surcoreanos, en una crisis
que sólo a corto plazo amenaza a las pequeñas y medianas empresas, no tan
atendidas hasta ahora frente al fuerte sostén de la gran industria surcoreana,
que ha hecho de este país la cuarta economía de Asia.
El presidente Lee ha asegurado que la solidez del sistema se demuestra con los
US$ 240.000 millones en reservas monetarias. También insistió en que removerá
regulaciones existentes, subirá el gasto fiscal, facilitará la liquidez y
seguirá con los recortes de las tasas. A mediados de octubre, Lee anunció un
salvataje financiero por US$ 130.000 millones, que buscó evitar la fuga de
divisas, más US$ 9.200 millones en ayudas a la construcción y al
refinanciamiento de deudas.
Clarín visitó dos de los pilares del milagro económico asiático. El primero es
Posco, al sudeste del país y uno de los principales proveedores de acero
locales. El otro es Hyundai Motors, con 61.000 trabajadores en todo el mundo.
Sus ejecutivos se tensan al hablar de los efectos de la crisis global. Y ya
hay cortocircuitos entre empresas y sindicatos. Es que nadie aquí ha olvidado
las quiebras y desastres ocurridos en Asia a fines de los '90. Un caso fue el
propio de Hyundai, cuando este gigante automotriz acabó devorándose entonces a
Kia Motors, otro coloso del sector.