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Shoichi Nakagawa, ministro de
Finanzas. |
La crisis financiera
internacional golpeó con dureza la economía de Japón, que había
crecido en los últimos años. El desplome del mercado bursátil
nacional se extiende el temor a una recesión global.
Por Catherine Makino
- IPS
El índice Nikkei, que incluye a las 225 mayores
empresas que cotizan en la Bolsa de Valores de Tokio, cayó el
jueves 16, 11,4 por ciento, el mayor descenso desde octubre de 1987.
El desplome se produjo en coincidencia con declaraciones del primer
ministro japonés, Taro Aso, quien por segundo día consecutivo dijo
que la decisión del gobierno de Estados Unidos de comprar acciones
de bancos en dificultades por valor de 250.000 millones de dólares
era "insuficiente".
Los fondos necesarios para llevar adelante esa "nacionalización"
parcial surgirán del paquete de rescate del sector financiero de
700.000 millones de dólares, aprobado por el Congreso legislativo
estadounidense.
Aso también descartó la posibilidad de una reunión de emergencia del
Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos, sugerida por algunos
líderes europeos. "La cumbre debe realizarse cuando nos hayamos
alejado un paso del peor escenario", dijo en una reunión con
parlamentarios.
El G-8 está integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia,
Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia.
Desde el 8 de octubre, cuando el mercado bursátil japonés cayó 9,2
por ciento, los analistas han hablando de la vulnerabilidad de la
economía del país.
"Por definición, las exportaciones sufrirán un golpe, pues es
evidente que la economía mundial se verá dañada. Ya ha caído la
venta de bienes japoneses en algunos mercados clave, como Estados
Unidos", dijo a IPS Robert Dujarric, economista de la filial
japonesa de la estadounidense Universidad Temple.
"Otra mala noticias para los exportadores es que el yen se apreció
relativamente frente al euro y el dólar estadounidense y mucho más
respecto del dólar surcoreano. Las compañías japonesas muy
probablemente recortarán sus inversiones", agregó.
"La venta de automóviles se redujo incluso en Brasil, China, India y
Rusia, que hasta el momento mantenían un buen desempeño a pesar de
las caídas en Estados Unidos, Europa y Japón", señaló Ed Merner,
presidente de la consultora japonesa Atlantis Investment.
"Lo mismo ocurre con otros sectores. La producción industrial de
Japón está en descenso. Todos los países del mundo se encuentran en
recesión o ingresando en un período de menor crecimiento", agregó.
El desempleo se mantiene bajo, pero aumenta lentamente. Las empresas
no contratan nuevo personal, no dan aumentos de salarios y recortan
sus gastos de capital. La apreciación del yen afecta el volumen de
exportaciones y las ganancias, ya que ahora resulta más caro comprar
productos japoneses a causa del fortalecimiento de la moneda local.
La buena noticia, dijo Merner, es que aunque la economía japonesa se
está desacelerando no existe una crisis bancaria y los mercados de
dinero parecen funcionar sin problemas, a diferencia del caso de
Europa y Estados Unidos.
"Esta puede ser una buena oportunidad para que bancos y empresas
japonesas compren compañías en el extranjero a precio de
liquidación", afirmó.
"Asumiendo que la economía mundial comience a recuperarse lentamente
en algún momento del año próximo, la recesión japonesa puede ser
leve y el panorama comenzaría a mejorar para fines de 2009", comentó
Merner a IPS.
La crisis no es una sorpresa para Andrew Horvat, profesor de la
Universidad Keizai de Tokio.
"Los economistas han estado advirtiendo por años que las
transacciones financieras representaban 200 veces el capital
necesario para transacciones comerciales genuinas. Sin embargo,
dejamos que fondos de pensión, educativos y contribuciones de todo
tipo a instituciones de políticas públicas se basaran sobre esa
industria frágil e irreal", afirmó.
"El crac, porque de eso se trata, nos hará recuperar la cordura y
nos recordará que debe haber una relación entre producción y valor",
señaló Horvat.
"La idea de que el valor consiste en lo que alguien está dispuesto a
pagar por algo es un poco cínica, porque los precios están sujetos a
la psicología del mercado, que puede o no puede tener que ver con lo
que realmente vale un producto, en términos de su valor para la
economía o el usuario final", aseguró.
"Esto nos enseñará que necesitamos redes de seguridad, que debemos
financiarlas con impuestos y que los ricos deben pagar más impuestos
que los pobres", dijo Horvat.
Japón seguirá el modelo financiero sueco, según Steve Church,
economista de la firma Japan Invest. "Japón tuvo problemas con
préstamos incobrables cuando estalló su 'burbuja' en los años 90.
Aplicó el modelo sueco y pudo manejar el problema en tres años".
En ese entonces, la crisis sueca tuvo un origen similar a la de
Estados Unidos. La desregulación financiera de los años 80 llevó a
los bancos a otorgar una catarata de préstamos inmobiliarios, sin
preocuparse del valor de las garantías.
Cuando estalló la "burbuja" en 1991, el gobierno sueco creó una
agencia para supervisar a las instituciones financieras que
necesitaban recapitalización y otra para la venta de activos,
especialmente inmobiliarios, que los bancos tenían como garantía.
Según Church, el peligro para Japón "es que los consumidores dejen
de comprar, porque eso debilitará a la economía. La preocupación
aquí es que si la economía se deteriora habrá crecimiento negativo y
mayor desempleo, mientras que la caída en las exportaciones reducirá
los ingresos fiscales y provocará el aumento de gastos de asistencia
social".
Los japoneses que tienen acciones reducirán su consumo, ya que sus
activos financieros han perdido gran parte de su valor, dijo
Dujarric. "Por lo tanto, habrá algún tipo de recesión. No sabemos
cuán profunda será, pero afectará a la mayoría de las población",
advirtió.