Desde México a Sudáfrica, inversores y estrategas financieros
instan a China a salir a escena y contribuir con la instauración de nuevas
reglas para que rijan el mercado financiero cuando termine la crisis.
"China no puede darse el lujo de dejar pasar la oportunidad", dijo Chen
Jie, profesor de economía de la Universidad Shanghai Fudan.
"Hemos tratado ansiosamente de encontrar oportunidades para nuestros
capitales financieros, pero antes de la crisis existía una miríada de barreras
visibles e invisibles para las inversiones chinas en el extranjero,
especialmente en Estados Unidos", explicó.
China debería asumir un papel de liderazgo en los esfuerzos de rescate de
la economía mundial ante la crisis financiera estadounidense, dijo la semana
pasada el empresario mexicano de telecomunicaciones Carlos Slim, una de las
personas más ricas del mundo.
"China es ahora el país más importante para ayudar responsablemente en la
solución de esta crisis", dijo. "En el pasado, los países industrializados
tenían reservas y financiaban a los países en desarrollo. Hoy, los países
industriales, especialmente Estados Unidos, se financian con recursos del mundo
en desarrollo".
Pero hasta ahora, la respuesta de Beijing, tanto en lo nacional como en lo
internacional, ha sido omisa. Aunque fortificados con grandes reservas y
abundante liquidez, los bancos chinos y los funcionarios a cargo de las
inversiones del gobierno prefieren mantenerse quietos antes de salir a comprar
firmas tambaleantes por los pasillos de Wall Street.
Políticos chinos manifestaron su apoyo al plan de rescate de bancos
efectuado por Estados Unidos, pero le pidió poca cosa más que detener la
propagación de la crisis financiera, es decir, que mantenga su casa en orden.
Mantener el "crecimiento rápido y constante" es la "mayor contribución" de
China a la resolución de la debacle, dijo esta semana el primer ministro Wen
Jiabao.
Funcionarios del sector bancario chino desacreditaron versiones según las
cuales el país planea comprar bonos del Tesoro de Estados Unidos hasta por 200
mil millones de dólares para ayudar a Washington a emerger de la profunda
crisis.
En una declaración publicada en el sitio web del Banco Central, su
gobernador, Zhou Xiaochuan, dijo que, en el presente, las prioridades de la
institución son mantener el yuan, la divisa nacional, estable y alentar la
creación de empleos.
La posición conservadora de Beijing se debe, en parte, al hecho de que la
crisis mundial del crédito golpeó las inversiones chinas en instituciones
financieras estadounidenses como Morgan Stanley y Blackstone Group.
Además, el gobierno recibió críticas, a través de foros de Internet y en
la prensa nacional, por la posesión de acciones de firmas financieras de Estados
Unidos cuyo valor se precipitó.
"Nadie puede ver la luz al final del túnel de la crisis estadounidense y,
dados los antecedentes, sería prudente para China observar más y actuar menos",
sostuvo el diario Investors Daily.
Varios medios de prensa pronosticaron la decadencia de Estados Unidos en
la arena mundial. La caída de Wall Street es, según algunos, un castigo para la
"arrogancia y codicia" de los operadores del sistema financiero de ese país.
"La crisis que se precipitó sobre los ciudadanos comunes responde a la
codicia de los banqueros de Wall Street", dijo Wang Songqi, analista financiero
de la Academia China de Ciencias Sociales, al diario China Business Journal.
"Estados Unidos ya no es el salvador omnipotente y el protector mundial de
sus valores nacionales", dijo la publicación Economic Observer en su editorial.
"La debacle de Wall Street indica que los cimientos de ese imperio financiero se
han roto. Nadie sabe si podrán ser reparados."
Pocos funcionarios chinos comparten en voz alta las críticas de
gobernantes de Europa occidental al modelo anglosajón de capitalismo, al que
responsabilizan de la crisis financiera mundial.
Aunque le pesa la caída de sus inversiones en Wall Street, Beijing tiene
tareas más apremiantes que culpar a alguien por la situación. Muchos
funcionarios corren una carrera contrarreloj para impedir que el crecimiento
económico del país se enlentezca demasiado rápido.
La legitimidad del gobernante Partido Comunista descansa sobre el robusto
crecimiento y sobre la propagación de la prosperidad a la mayor parte de la
población.
En los últimos 30 años de reformas, los chinos se han vuelto más ricos,
pero no más libres, y los líderes políticos cifran sus esperanzas hacia el
futuro en el mantenimiento de la curva ascendente.
Ochenta y seis por ciento de los chinos entrevistados para el
estadounidense Proyecto Pew sobre Actitudes Mundiales este año se manifestaron
satisfechos con la dirección que ha tomado el gobierno del país, una proporción
que duplica la registrada en una encuesta similar en 2002.
En contraste, solo 23 por ciento de los estadounidenses encuestados
contestaron igual respecto de su país.
De todos modos, el crecimiento de China está muy interrelacionado con la
economía mundial, pues se nutre, fundamentalmente, de las inversiones
extranjeras y las exportaciones.
Cualquier contratiempo en la economía china reduciría las posibilidades
del Partido Comunista de mantenerse en el poder. Y ya hay muestras de enlentecimiento: el crecimiento económico cayó de 11.9 por ciento en 2007 a 10.1
por ciento entre septiembre del año pasado y el mes anterior.
Para contrarrestar esta situación, Beijing aflojó la severa política
monetaria establecida el año pasado para evitar el sobrecalentamiento de la
economía y la inflación.
Las autoridades aliviaron las restricciones al crédito bancario y
aprobaron exenciones de impuestos a los exportadores textiles, muy golpeados por
la caída de la demanda y el encarecimiento de los insumos.
Analistas pronostican, para el próximo plenario del Comité Central del
Partido Comunista, nuevas medidas de alivio fiscal y monetarias para impedir que
la crisis mundial enlentezca dramáticamente el crecimiento económico chino.