Cuando la votación de las elecciones presidenciales indirectas se
ponga hoy en marcha en Pakistán, el resultado será obvio. Asif Alí Zardari,
viudo de la ex primera ministra Benazir Bhutto, habrá sido elegido en medio de
una crisis política, económica y de seguridad sin antecedentes en su país. La
asamblea nacional, el senado, y las cuatro asambleas provinciales en Punjab,
Baluchistán, Sind y North West Frontier deberán elegir al candidato por más
del 50% de los votos. Para conseguir llegar a la presidencia, es necesario
obtener 702 votos entre 1770 electores. Los resultados se conocerán por la
noche.
Los 165 millones de habitantes de Pakistán serán simples espectadores y verán
asumir al candidato que no quieren. La ilusión por Zardari se ha esfumado en
los últimos seis meses, cuando la población comenzó a sufrir el alza de
precios de los alimentos, la inflación, los cortes de luz masivos y el
terrorismo trasladado a las grandes ciudades, con espectaculares atentados
talibán y más bombardeos en la frontera con Afganistán.
El deterioro de su calidad de vida es mucho más angustiante y prioritario para
los paquistaníes que las necesidades estratégicas de EE.UU. en la guerra
contra el terror, con Pakistán como aliado y sus permanentes "daños
colaterales", como eufemísticamente llaman a la muerte de civiles.
Pero el mecanismo electoral no permite sino la expresión del electorado a
través de sus representantes legislativos, en una sociedad feudal y poco
transparente a la hora de elegirlos. La selección no nace de un proceso
democrático sino por históricas alianzas y trenzas "tribales" de poder y con
favores políticos.
Tres son los candidatos presidenciales, después de que la coalición entre el
Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) y la Liga Musulmana de Nawaz Sharif
estallara cuando Zardari se negó a reinstalar en sus cargos a los miembros del
Poder Judicial que el ex general Pervez Musharraf había desplazado para
conseguir ser reelegido presidente con una Corte Suprema adicta y
superpoderes, incluídos el de la inmunidad judicial.
El abogado Saeduzzaman Siddiqui es el representante de la Liga Musulmana N.
Por la Liga Musulmana Q, que apoyó a Musharraf durante su gestión, ha sido
elegido el senador Mushahid Hussain Sayed. Asif Alí Zardari no tuvo discusión
pública en el PPP, aunque los asesores más íntimos de su mujer Benazir
(asesinada en diciembre último) han sido borrados de su equipo de campaña.
Zardari se convirtió en un candidato blindado. Nunca pudo salir a hacer
campaña ni asistir a un debate televisivo por temor a un ataque terrorista.
Si algo faltaba fue el atentado frustrado al primer ministro Gilani esta
semana, que fue visto como un "mensaje" para advertir al marido de Benazir que
el próximo podía ser él.
Los paquistaníes le reprochan que en realidad hizo campaña en EE.UU. y en
Londres. Sus únicas declaraciones políticas aparecieron en The Washington
Post, bajo la forma de columna con su firma.
Sólo el Movimiento por los Derechos, del ex jugador de cricket e ídolo
paquistaní Imran Khan, se movilizó en esta campaña electoral sin clima y en
medio de un alerta antiterrorista máximo.
Ayer, en una marcha hasta el Parlamento bajo la lluvia, los manifestantes
sintetizaban en sus cánticos un sentimiento común: "Ni Musharraf ni Zardari" o
"Basta de superpoderes".
Paradójicamente, aunque Musharraf renunció para no ir a juicio político por
las presiones de la coalición entre Sharif y Zardari, el viudo de Benazir hoy
es visto como la continuidad de Musharraf y en connivencia con EE.UU. en la
guerra contra el terror. Su negativa a reinstaurar a los jueces desplazados
por el ex dictador rompió la coalición y es la mayor acusación que pesa sobre
su espalda.
Los paquistaníes creen que Zardari teme que los jueces reinicien los procesos
de corrupción en su contra y vuelvan a congelar sus fondos. Pero también están
convencidos de que ha cedido a las presiones estadounidenses para que no se
investiguen los casos de desaparecidos en la guerra contra el terror, que
oficialmente llegan a 400 personas según los jueces y a 1.200, según los
familiares.
El Ejército se ha declarado prescindente en la elección, después de haber
intervenido siempre desde que se fundó el Estado, pero hoy necesita recuperar
el apoyo popular. Reprime en las zonas tribales a los talibán y a Al Qaeda
para después iniciar un proceso de reconciliación y diálogo que no agrada a
EE.UU., que insiste en hacer una amalgama entre Al Qaeda y los talibán locales
y los quiere combatir. Para Zardari, la reconciliación, el diálogo y la
renuncia a usar la fuerza contra civiles en la zona tribal es indispensable si
quiere sobrevivir en el poder.