Son tres jóvenes y dos de sus madres. Por una ley tribal, las mataron
por haber elegido a sus maridos. El instigador del asesinato está
ligado a la campaña presidencial del viudo de la ex premier Benazir Bhuto.
Por
María Laura Avignolo - Clarín
Bajo los 38 grados al sol de Islamabad, las mujeres y hombres en la pequeña
manifestación desafiaban las altas temperaturas de la siesta ante el blanco
edificio del Parlamento paquistaní. Se cruzaban frente a los autos de los
senadores y gritaban "vergüenza, senador, vergüenza" ante legisladores incómodos
por las docenas de cámaras de televisión y periodistas. Algunos bajaban y se
solidarizaban, ante el último y bárbaro "crimen de honor" en el remoto y rico
Baluchistán, en un país que sufre 2.000 casos de este tipo al año que no
trascienden públicamente. Pero más legisladores, auxiliados por la Policía,
desaparecían por otra puerta, sin la menor atención y con una sonrisa socarrona.
Iban a discutir ese lunes en el Senado la justificación que el senador de
Baluchistán y "lord tribal" Ullah Zehri hizo públicamente del más horroroso
"crimen de honor" cometido en muchos años en Pakistán. Argumentó que "son
nuestras tradiciones y normas, que no deben ser resaltadas negativamente". Los
manifestantes pedían su renuncia, sin la menor posibilidad de obtenerla.
Las adolescentes Hameeda, Ruqqayya y Rahema murieron por amor el 11 de julio
pasado. Su familia decidió enterrarlas vivas en el desierto de Baluchistán,
junto a sus madres, que las ayudaron cuando decidieron desobedecer la tradición
tribal, se fugaron de sus casas y se casaron por amor en los tribunales sin el
consentimiento de los "ancianos" de la tribu. El "crimen de honor" sólo se
conoció ahora, después de que la Policía "cocinara" su informe porque estaba
involucrado en los asesinatos el hermano de un político del Partido del Pueblo (PPP)
en el gobierno, de la estratégica región baluchistaní fronteriza con Irán y
Afganistán, cuyos votos necesita el candidato presidencial del PPP, Asif Ali
Zardari, viudo de la asesinada ex premier Benazir Bhuto, para ser elegido
presidente de la república islámica de Pakistán el próximo 6 de septiembre. La
noticia llegó esta semana a Islamabad.
Las tres adolescentes de 16 años son las víctimas de un crimen que sigue siendo
negado por las autoridades baluchistaníes ante la presión política y la
influencia que los jefes de tribus están ejerciendo sobre el caso para
ocultarlo. Un hermano de un ministro provincial del PPP, el partido de Alí
Zardari, está acusado de haber ejecutado los cinco asesinatos, después de
haberles disparado algunos balazos. Pero decidió enterrarlas vivas en el
desierto, en la región gasífera más rica pero inhóspita y conservadora del país,
en una nueva versión de un castigo tribal y brutal, como escarmiento.
Un respetado oficial de la Policía, Tariq Kosa, ha sido enviado desde Islamabad
a Baluchistán a investigar el crimen. Pero el temor es que sus propósitos se
entorpezcan por las lealtades a las tradiciones tribales de los testigos.
No es la primera vez que este tipo de crímenes son atribuidos al hermano de
Sardar Fateh Unrani, el ministro de Estado de Habitaciones en esta área. Se lo
acusa de haber matado a varias mujeres sin recibir el menor castigo, en un país
donde el padre, los hermanos, los tíos o los primos pueden decidir ejecutar a
las mujeres de la familia para limpiar su honor manchado. Como Unrani y los
legisladores sobre los que tiene influencia en Beluchistán han cedido sus votos
a Zardari en la elección indirecta de presidente, el caso fue sepultado como las
cinco mujeres en Roopashak, Goth Qaboola, en el distrito Naseerab en Baluchistán.
Algo peor aún: el premier Youssef Gilani inició la campaña por las
presidenciales a favor de Zardari el domingo y no hizo referencia al bárbaro
incidente o siquiera lanzó un atisbo de condena.
El primer periodista que reportó el incidente fue presionado y amenazado de
muerte. Los pobladores están demasiado aterrorizados como para hacer una
declaración. Los protagonistas son señores feudales importantes, con poder de
decidir sobre la vida o la muerte sin rendir cuentas, protegidos por la "omertá"
tribal o código de silencio al estilo mafioso.
"Nosotros exigimos una inmediata e imparcial investigación del Estado, libre de
todas las presiones políticas, y el fin de la cultura de impunidad e
indiferencia policial y judicial ante violentos crímenes contra las mujeres. El
hecho de que la mayoría de los casos no sea reportado ni llegue a procesos
judiciales sirve solamente para perpetuarlos", declaró el Forum de las Mujeres
en Acción en Islamabad.
Khawateen Mahaz e Mal, una de las dirigentes de esa organización presente en la
protesta, se mostró "horrorizada, shockeada por las noticias recién reveladas de
la muerte de tres chicas que optaron por casamientos de amor", en un país donde
sólo existen los matrimonios organizados por los ancianos, aún en el siglo XXI y
sin el consentimiento de las protagonistas. Pidió "un castigo ejemplar" para los
asesinos. La Policía negó que tuviera evidencias del crimen. Sólo admitió que el
hecho está referido a unas mujeres de la tribu Rehmanzaai, una subcasta de la
tribu Unrani y cercanas a la familia de Sardar Fateh Ali Unrani, del distrito
Naseerab.