(IAR
Noticias)
21-Agosto-08
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Pervez Musharraf y George W. Bush: El
presidente renunciante ha sido aliado clave de la
política estadounidense en la región |
La renuncia del
presidente pakistaní Pervez Musharraf puso fin a la estrecha
relación que mantenía ese país asiático con el gobierno de Estados
Unidos, del que recibía beneficios políticos y económicos pese a ir
en ciertos casos en contra de los intereses de seguridad de
Washington.
Por Gareth Porter (*) -
IPS
Es bien sabido que el presidente George W. Bush
repetidamente elogió a Musharraf por ser el aliado más leal a
Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo", aun cuando
muchos líderes militares de Islamabad tenían fuertes vínculos con
militantes islámicos pakistaníes y con el movimiento islamista
afgano Talibán.
Lo que no se ha informado es que el gobierno de Bush hizo la vista
gorda a la responsabilidad del régimen de Musharraf en el programa
de exportación de tecnología nuclear llevado a cabo por el
científico pakistaní Abdul Qadeer Khan, así como sus acuerdos con
aliados tribales pakistaníes de Al Qaeda.
El primer problema que afrontó la administración de Bush cuando
asumió fue que los militares pakistaníes, liderados por Musharraf,
eran el verdadero nexo con los talibanes y Al Qaeda.
La red terrorista "fue una creación de la cultura de la guerra santa
existente en el ejército pakistaní", observó en una entrevista en
septiembre Bruce Riedel, director para Asia Meridional del Consejo
de Seguridad Nacional durante el gobierno de Bill Clinton
(1993-2001).
Si existe un estado que patrocina a Al Qaeda, ése es Pakistán, a
través de sus servicios de inteligencia militar, sostuvo Riedel.
El vicepresidente Dick Cheney y el predominantemente neoconservador
Departamento Defensa estaban al tanto de las relaciones del régimen
de Musharraf con el Talibán y Al Qaeda.
Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en
Nueva York y Washington, la Casa Blanca creó el mito de que
Musharraf, frente a una libre elección, se "unió con el mundo libre
para combatir a los terroristas".
Pero, como subrayó el experto en temas asiáticos Selig S. Harrison,
el 19 de septiembre de 2001, apenas seis días después de que
supuestamente aceptara las demandas estadounidenses de cooperación
contra el Talibán y contra Al Qaeda, Musharraf dio un discurso
televisado en lengua urdu en el que declaró: "Intentamos hacer lo
mejor en esta crítica situación sin provocar ningún daño a
Afganistán y al Talibán".
En sus memorias, publicadas en 2006, Musharraf reveló las siete
demandas específicas que le había hecho Estados Unidos y aseguró
haberse negado tanto a concederle derechos a sobrevolar y aterrizar
territorio pakistaní, como para usar sus terminales marítimas y
bases aéreas en operaciones antiterroristas.
Musharraf también escribió que, inmediatamente después de los
atentados en Nueva York y Washington, el subsecretario de Estado
(vicecanciller), Richard Armitage, amenazó con bombardear Pakistán y
llevar a ese país "de nuevo a la Edad de Piedra" si su presidente no
apoyaba a Estados Unidos contra Bin Laden y sus aliados afganos.
Pero Armitage categóricamente negó, a través de su asistente, Kara
Bue, haber hecho esta amenaza, y mucho menos contra Pakistán.
En los años siguientes, Musharraf llevó adelante un juego
complicado. A la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se le
permitió operar en las provincias pakistaníes fronterizas con
Afganistán para perseguir a miembros de la red Al Qaeda, pero sólo
mientras los agentes fueran acompañados por sus pares de los
servicios de inteligencia pakistaníes.
Eso restringió la capacidad de los agentes estadounidenses para
reunir información en la frontera noroccidental. Al mismo tiempo,
los servicios de inteligencia pakistaníes permitieron a líderes
talibanes y de Al Qaeda operar libremente en las áreas tribales, e
incluso en la ciudad de Karachi.
El gobierno de Bush incluso hizo la vista gorda a la red de venta de
tecnología nuclear, liderada por el científico Khan, a Libia e Irán,
y tolerada por los militares pakistaníes.
Los periodistas Douglas Frantz y Catherine Collins escribieron en su
libro "The Nuclear Jihadist" (El combatiente islámico nuclear) que
un general retirado que trabajaba con Khan aseguró que el científico
había actuado con el pleno conocimiento de los jefes militares. "Por
supuesto que los militares sabían. Ellos lo ayudaron", habría
afirmado.
Pero la Casa Blanca prefirió ayudar a Musharraf a ocultar ese hecho
inconveniente. Según las memorias del ex director de la CIA George
Tenet, en septiembre de 2003, Bush confrontó al entonces presidente
pakistaní con evidencia recolectada por la agencia de inteligencia
estadounidense y le pidió que detuviera a Khan.
Meses después, el arresto domiciliario de Khan, su confesión pública
y el perdón de Musharraf fueron acompañados por una extraordinaria
serie de declaraciones de altos funcionarios en el gobierno de Bush
exonerando al líder pakistaní y a los militares por el caso.
Todo el escenario ha sido "cuidadosamente orquestado con Musharraf",
dijo a IPS el año pasado Larry Wilkerson, entonces funcionario del
Departamento de Estado (cancillería) y luego jefe de gabinete de
Colin Powell. El acuerdo que se alcanzó entre los dos gobiernos no
incluía un permiso a agentes de Estados Unidos para interrogar a
Khan.
Pero, al parecer, el gobierno de Bush recibió un compromiso de que
el régimen pakistaní entregaría a altos mandos de Al Qaeda, y así lo
hizo.
Mientras, Musharraf hacia un pacto político con cinco partidos
islámicos en 2004 que le garantizaron la victoria en las elecciones
en dos provincias fronterizas con Afganistán en que la influencia
islámica extremista es grande.
Esto, seguido de un repliegue militar de la provincia de Waziristán
del Sur, le dieron a las fuerzas pro talibanes aliadas con Al Qaeda
vía libre para reclutar y entrenar militantes para la guerra en
Afganistán.
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(*) Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad
nacional de Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de
poder y el camino hacia la guerra en Vietnam", su último libro, fue
publicado en junio de 2005 y reeditado en 2006. |