(IAR Noticias)
06-Agosto-08
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Un policía chino interroga a una mujer musulmana en un control de seguridad
de una autopista. (Foto AFP) |
Las olimpíadas, aun antes de iniciarse, parecen estar resultando algo
muy diferente a la autocelebración internacional que China pensó obtener de su
celebración; esto es la confirmación de su estatus de nueva potencia
internacional.
Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín
El ataque que cobró, hasta ahora y según la información oficial, la vida de
más de una decena de policías en la región noroeste de Xinjiang se convirtió
en la confirmación de una tesis de Pekín que le llega en el momento quizá
menos deseado.
Desde hace tiempo el gobierno chino ha venido insistiendo en que el Movimiento
Islámico de Turkmenistán Oriental (ETIM son sus siglas en inglés las más
usadas para identificarlo) es la amenaza terrorista más seria que tiene el
país.
Pekín logró que Washington incluyera al grupo en su lista de organizaciones
terroristas asociadas a la fantasmal red Al Qaeda. Aunque aún no se lo
atribuyó, las autoridades chinas creen que los autores del atentado perpetrado
a cerca de 4.000 kilómetros de Pekín no pudieron ser otros que cuadros del
ETIM.
Los opositores al régimen comunista lo han acusado de exagerar la amenaza
islámica en Xingjiang -en nombre de la etnia Uigur- para justificar las
prácticas represivas y disfrazar la realidad de un proceso de desarticulación
del orden político y social en la región.
En cuanto a la disposición de los Estados Unidos a asumir la misma
categorización del ETIM que reclama Pekín, dicen que es un favor hecho a los
líderes chinos para que estos jueguen dentro de los márgenes de la "guerra
contra el terror" de George W. Bush.
Cualquiera haya sido el origen real del atentado contra los policías, este
debe sumarse como signo a la renovada rebelión budista de marzo pasado en el
Tíbet, otra región donde el poder de Pekín se está volviendo menos sólido,
según los expertos.
Este es otro rostro oscuro que el gobierno chino no quería que quedara
expuesto.
Pero esto de los ataques de organizaciones presuntamente terroristas no es el
único reflejo que amaga con arruinar para Beijing el efecto de la lente de
ampliación global que suponen los Juegos Olímpicos.
Son estos los días en que ríos de tinta se derraman describiendo a China los
mismos en que nos enteramos que una parte de la pátina dorada de nueva
estrella económica se está desvaneciendo en China.
El costo de mano de obra ha dejado de ser tan tentador y, por ejemplo, una de
cada cinco empresas alemanas -sobre un total de 1.600 que operan en China- ha
decidido ya retirarse del gigante asiático buscando horizontes en los que aun
es posible seguir pagando salarios de codicia patronal, verbigracia Vietnam.
O bien que la polución se lleva las vidas de 750.000 chinos cada año y que
tres cuartos de los lagos en su territorio y la mitad de sus reservorios
naturales de agua están contaminados.