La publicación en Hong Kong de
imagen la masacre a pocos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos
causó pánico en Beijing y desnudó cómo trabaja el Departamento de Propaganda
chino.
Por Brice Pedroletti -Le Monde
La foto muestra a uno de esos triciclos a pedales llevando en su plataforma
posterior a dos heridos con sus camisas manchadas de sangre. Es una foto
conocida en occidente y con razón: es uno de los clichés emblemáticos de la
masacre de la plaza de Tiananmen, el 4 de junio de 1989. Su autor, Liu Heung
Shing, originario de Hong Kong y emigrado a Estados Unidos en su juventud,
trabajaba entonces para la Associated Press.
El diario “Las Noticias de Beijing” (Xinjing Bao) la publicó el 24 de julio
con un título simple, “Los heridos”, como parte de una serie dedicada a los 30
años de la política de apertura de China lanzada por Deng Xiaoping en 1978,
junto a una entrevista con el fotógrafo, cuyo trabajo tiene buena prensa en
China con excepción de sus fotos sobre la “primavera de Beijing”, de la cual
toda mención sigue siendo tabú 19 años después.
La publicación de semejante imagen fantasma a pocos días de la inauguración
de los Juegos Olímpicos causó pánico, por cierto, en el Departamento de
Propaganda. El 25 de julio, el diario de Hong Kong Ming Pao informó que los
ejemplares del Xinjing Bao fueron retirados de los quioscos y que se esperaban
sanciones contra los periodistas que habían roto la veda sobre Tiananmen.
La realidad es menos dramática pero tal vez más inquietante. “El Departamento
de Propaganda parece haber aceptado el hecho de que el error se debe en gran
medida a la ignorancia del redactor responsable de la página”, nos informó una
fuente al interior del diario, confirmando que no se había producido ninguna
requisición en los quioscos y que no se preveía hasta el momento ninguna
sanción.
El redactor en cuestión tendría apenas 30 años, y el redactor en jefe del
diario menos de 40 años. “No se dieron cuenta para nada de lo que se trataba”,
explica esta fuente. “Tuvimos una especie de reunión política para cuadros,
durante la cual se nos recordó sobre las directrices que debemos seguir en todo
lo que respecta al 30º aniversario de la adopción de la política de apertura”,
añade.
Numerosos blogs chinos que habían recogido la información del Ming Pao, sobre
todo para rebelarse contra este supuesto acto de censura contra cualquier
alusión al 4 de junio de 1989, fueron desactivados.
El "coma de Beijing"
Hace un año, fue también por ignorancia que una joven asistente de marketing
del Chengdu Evenening Post aceptó una inserción que rendía homenaje “a las
madres de las víctimas del 4 de junio”: ella pensó que se trataba de un anuncio
relativo al aniversario de un incidente minero. La empleada fue despedida, al
igual que sus jefes.
Esta vez, cuando se acercan los Juegos Olímpicos, el Departamento de
Propaganda, más vigilante que nunca, ha preferido pasar por alto el asunto antes
que arriesgarse a debates más amplios en torno de una foto que se refiere a un
episodio escondido de la historia del país.
Es en ese contexto de amnesia oficial y colectiva en China, que acaba de
salir a circulación en el extranjero, y en idioma inglés, “Beijing Coma”, el
último libro de Ma Jian, disidente chino exiliado en Occidente.
El autor cuenta la historia de un estudiante que cae en coma en 1989 tras
recibir un balazo en la cabeza, pero que piensa en secreto. Sus recuerdos de los
acontecimientos se alternan con lo que percibe de la vida que sigue alrededor
suyo, de las visitas que le hacen sus antiguos camaradas o de individuos más o
menos turbios de la “Nueva China”, cuyos ecos le llegan a través de la radio que
su madre deja encendida.
Una ficción que habla de Tiananmen y donde todo parecido con personas reales
no es necesariamente fortuito: Ma Jian participó en la “primavera de Beijing”.
El libro y su autor son desconocidos en China.