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Ataque suicida contra la
embajada india en Kabul: Estado del coche bomba tras la explosión |
Desde sutiles insinuaciones contra Pakistán después del ataque suicida
contra la embajada india en Kabul durante este mes, a acusaciones directas
del gobierno afgano contra Islamabad por la imparable insurgencia dirigida
por los talibanes, el juego de la culpa ha entrado a un momento crítico: una
importante batalla regional podría estallar en cosa de días.
Por Syed Saleem Shahzad (*) -
Asia Times
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La semana
pasada, el jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., almirante Mike Mullen,
hizo una repentina visita a Pakistán en la cual reveló a dirigentes y
responsables militares paquistaníes la posibilidad de ataques quirúrgicos
contra redes talibanes y de al-Qaeda que operan en las regiones fronterizas,
y que fuerzas de la coalición en Afganistán no dudarán en realizar
incursiones de persecución hacia Pakistán.
Mullen instó a los dirigentes paquistaníes a hacer lo suyo desde su
propio lado. Apuntó con precisión a las áreas tribales de Waziristán del
Norte y del Sur como un punto focal, junto con las áreas de Razmak, Shawal,
Ghulam Khan y Angor Ada a lo largo de la frontera con Afganistán. Al otro
lado de la línea divisoria, la provincia Khost es considerada como objetivo
probable para bombardeos de saturación y una ofensiva del Ejército Nacional
Afgano.
El jefe del ejército paquistaní, general Ashfaq Pervez Kiani convocó
rápidamente a altos analistas estratégicos, que señalaron que los militares
sólo seguirían las instrucciones del gobierno civil. Sólo unos días antes,
el primer ministro Syed Yousuf Raza Gillani había anunciado que todas las
decisiones respecto a operaciones militares serían tomadas por el jefe del
ejército. Esto no promete mucho en cuanto a una cooperación sin reservas de
parte de Pakistán.
Pero sin tener en cuenta hasta qué punto el ejército paquistaní es sincero
en su lucha contra los talibanes, el hecho es que los talibanes ya han
realizado un golpe virtual en la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP),
fronteriza con Afganistán.
Han establecido un reino del terror contra el cual el mandato del Estado es
impotente. En todos los distritos, los talibanes han tomado como rehenes a
funcionarios de la seguridad para presionar por sus demandas de que se
imponga un estricto código islámico. Numerosos funcionarios han sido muertos
cuando no se ha cumplido con los deseos de los talibanes.
Como resultado, los miembros medianos e inferiores de las fuerzas de
seguridad están prácticamente fuera de operación y responden al llamado del
talibán en toda la NWFP.
Esto ha dejado al gobierno secular y relativamente liberal de la provincia,
dirigido por el Partido Nacional Awami, sin otra alternativa que formar
“comités de defensa” al nivel de distrito para organizar a civiles contra
una toma del poder total por los talibanes.
Al otro lado de la frontera, una situación similar existe en la provincia
Ghazni, cercana a la capital Kabul, donde, aparte de los cuarteles
provinciales, los talibanes deciden en todos los distritos una vez que se
cierne la oscuridad – las administraciones de los distritos y la policía
simplemente renuncian al control, dando libertad de movimiento a los
talibanes.
En las provincias Kunar y Nuristan, los talibanes combaten por un control
similar y ya ha sido abandonada la mayor parte de los puntos de control de
seguridad por temor a los talibanes.
El lunes, una shura (concejo) de alto nivel de al-Qaeda terminó en
Miramshah en Waziristán del Norte con instrucciones a todos los miembros con
familias para que se retiraran a localidades seguras, porque se espera que
la guerra afgana se extienda a las áreas tribales de Pakistán.
No significa que esto alarme a al-Qaeda y al talibán paquistaní. Razonan que
si las fuerzas de la coalición penetraran seriamente en Pakistán (en el
pasado han enviado aviones teledirigidos Predator en ataques hacia
Pakistán), la reacción en Pakistán, incluso entre liberales, sería tan
encarnizada que el ejército paquistaní no se atrevería a emprender acciones
propias. Esto daría carta blanca a los combatientes para lanzar operaciones
dentro de Afganistán.
La shura también señaló que las filas guerrilleras de la región han
recibido su mayor ímpetu desde la invasión de Iraq en 2003, incluyendo un
número cada vez mayor de los países musulmanes.
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(*) Syed Saleem Shahzad es el jefe del buró en Pakistán de Asia Times Online.
Para contactos: saleem_shahzad2002@yahoo.com
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