Los líderes de las ocho
principales potencias del mundo estudian desde el lunes cómo enfriar los
precios récord del petróleo y la temperatura del planeta, mientras miles de
personas se manifiestan en su contra a 150 km de este remoto enclave del norte
de Japón.
Los primeros líderes comenzaron a llegar a Japón el domingo, entre ellos el
presidente estadounidense, George W. Bush, para quien éste será su octavo y
último G8 antes de dejar el poder en enero, y el presidente ruso, Dimitri
Medvedev, que se estrena en el club de los países ricos.
La cita, en un lujoso hotel frente al lago Toya, tiene lugar en momentos en que
el barril del petróleo se cotiza a un récord de más 146 dólares -más del doble
que hace un año- y la carestía de los alimentos provoca protestas en el mundo en
desarrollo, amenazando una economía mundial ya golpeada por la crisis "subprime".
Los precios del petróleo continuarán cayendo debido a la caída del dólar,
pronosticó el domingo en Argelia el presidente de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP), Chakib Jelil, mientras Bush reafirmó en Japón
la política estadounidense de "un dólar fuerte".
Los elevados precios del petróleo y de los alimentos "están teniendo un
efecto negativo en la economía mundial", dijo el primer ministro japonés y
anfitrión de la cumbre, Yasuo Fukuda, en una conferencia de prensa conjunta con
Bush.
"Acordamos que es necesario realizar esfuerzos rápidos en estos frentes",
añadió.
Fukuda anunció que viajará a la ceremonia de inauguración de los Juegos
Olímpicos en Pekín en agosto y desvinculó su presencia en China de la cuestión
de derechos humanos. Bush también confirmó su presencia en Pekín tras estimar
que lo contrario representaría una "afrenta" para China.
Los disturbios de marzo en Tíbet y su represión provocaron llamamientos a
boicotear los Juegos Olímpicos.
China no forma parte del G8 pero su presidente, Hu Jintao, estará en
Toyako como invitado de la sesión sobre cambio climático del miércoles, al igual
que los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, de México, Felipe
Calderón, así como otros líderes de economías emergentes.
Un masivo operativo de seguridad en el que participan 21.000 policías
selló la isla de Hokkaido (norte) donde se celebra la cumbre y relegó a miles de
manifestantes antiglobalización a la ciudad de Sapporo, a 150 km de Toyako,
donde cuatro personas fueron arrestadas el sábado.
En Sapporo, unos activistas de la ONG Oxfam vestidos con máscaras gigantes de
los líderes del G8 y kimonos tradicionales sostuvieron un cheque gigante -y
falso- por 50.000 millones de dólares para los países de Africa, una promesa
realizada por el G8 en su cumbre de Escocia en 2005.
El G8 mantiene al parecer su promesa de duplicar la ayuda a Africa a 50.000
millones de dólares para el 2010, adoptada en 2005, pero hasta ahora sólo ha
desembolsado un 14% de esa cifra, dijo una fuente del grupo.
La canciller alemana, Angela Merkel, dijo al diario Tagesspiegel am Sonntag que
el G8 podría adoptar medidas para "aliviar a corto plazo la crisis
alimentaria y una estrategia a largo plazo para aumentar la producción
agrícola mundial".
La lucha contra el calentamiento climático es otro de los temas centrales de la
cita. Los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña,
Italia, Japón y Rusia deben decidir qué seguimiento dar al Protocolo de Kioto,
que expira en 2012, y al cual Washington nunca se adhirió.
La declaración final de Toyako podría señalara que "el G8 liderará los
esfuerzos para reducir en 50% las emisiones" contaminantes para 2050, indicó
el diario japonés Yomiuri Shimbun. Pero Estados Unidos rechaza todo compromiso
que no incluya a India, China y a otros grandes contaminadores, precisó el
diario.
La declaración final del G8 también podría acabar condenando "firmemente" al
presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, tras su reelección el 27 de junio en unos
comicios denunciados como fraudulentos, sostuvo la Casa Blanca.
El papa Benedicto XVI pidió este domingo a los participantes en la cumbre que
se preocupen de los más pobres.
"Me dirijo a los líderes del G8 para que pongan en el centro de sus debates las
necesidades de las poblaciones más débiles y más pobres", dijo Benedicto XVI en
la oración del Angelus en su residencia estival de Castelgandolfo, en los
alrededores de Roma.
El primer ministro británico, Gordon Brown, respondió al llamamiento prometiendo
que estaba "decidido a que se tomen medidas concretas" para combatir la
pobreza durante la cita.
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