sta fue la conclusión de más calado del informe 2007 publicado recientemente
por el Instituto Internacional Estocolmo para la Investigación sobre la Paz
(SIPRI).
Existen muchas entidades internacionales que ponderan los recursos que
asignan los gobiernos a los asuntos de defensa, y aunque cada una de ellas
tiene metodologías y valoraciones propias, sus conclusiones son parecidas y lo
visto, es un hecho que China se encuentra entre los tres primeros países que
más se preocupan por reforzar su potencial militar.
La valoración del poderío militar de los países a partir de los gastos
dedicados a la defensa es una de las investigaciones preferidas de los
centros de análisis geopolítico, entre los más autorizados, el Instituto
Internacional de Investigaciones Estratégicas de Londres (ILSS) y el ya
mencionado SIPRI.
Y a pesar de que los estudios que desarrollan estas entidades son
cuestionados por los gobiernos de los países investigados, sus conclusiones
permiten analizar las posibilidades militares de los países.
¿Qué repercusiones tendrá ese enorme salto que ha dado China, que hasta
hace poco apenas gastaba en defensa 20.000 millones de dólares anuales, y qué
carácter tendrá su potencial militar en el futuro?
Las respuestas a esos interrogantes interesan a muchos países en el mundo,
en primer lugar las grandes potencias y también sus vecinos, entre ellos
Rusia.
Entre factores que han movido a la República Popular de China a aumentar
sus recursos militares hay que destacar el crecimiento pujante de su economía.
Con una economía orientada en su mayor parte hacia la exportación, China
tiende a convertirse en un enorme taller para la fabricación de cualquier
cosa, desde flores artificiales hasta automóviles y ese enorme flujo de
divisas permite la importación de insumos costosos y útiles, como por ejemplo
armas.
Otro factor que estimula el incremento de los gastos de defensa es el
atraso técnico que todavía presenta las Fuerzas Armadas de China que todavía a
pesar de los avances logrados en las últimas décadas.
La ventaja que supone el elevado número de las tropas de tierra queda
substancialmente reducida ante la poca cantidad de carros de combate y
vehículos blindados modernos.
En comparación de otros países del área, China cuenta con sistemas de
defensa antiaérea de reducida capacidad operativa y su artillería tiene muy
poca movilidad.
Lo mismo se puede afirmar de la Fuerza Aérea, en su mayor parte integrada
por aviones fabricados a partir de modelos soviéticos de los años 50. Los
aviones de combate modernos de China son tan pocos, no pueden influir en las
situaciones de defensa táctica y operativa de forma determinante.
Los intentos de China de modernizar la producción nacional de aviones de
combate hasta el momento no han dado resultado porque su industria sigue
atrasada y esto impide la producción de sistemas y agregados modernos análogos
a los que producen los fabricantes líderes del sector aeronáutico mundial.
Como por ejemplo, los motores de fabricación china para aviones de combate
todavía muy rezagados ante los modelos análogos occidentales y rusos por su
bajo rendimiento, escasas facilidades de reparación y elevados gastos de
mantenimiento.
Para superar ese atraso tecnológico la industria aeronáutica china requiere
elevadas inversiones antes para modernizar sus fábricas con una capacidad
relativamente modesta que les impide fabricar aviones pesados de transporte
militar.
El desarrollo de la marina de guerra está estancado no sólo por el atraso
de la industria naviera sino también por la importancia de segundo orden de la
Armada en la estructura de las Fuerzas Armadas de China.
A diferencia de la mayoría de los países desarrollados, la marina de guerra
de China no es un cuerpo independiente de las FFAA, sino una estructura
supeditada a la denominada Comisión Militar Central de China.
Esa supeditación, y el cumplimiento de tareas relacionadas con el ejército
determinan que la marina de guerra china sea ante todo una flota costera
destinada a operaciones en las aguas territoriales y las 200 millas de la zona
económica.
Para operaciones en mar abierto, China cuenta con un número muy reducido de
submarinos nucleares polivalentes y aviones portadores de misiles N-6
emplazados en bases a lo largo de la costa.
Sin embargo, la situación cambia, y en los próximos diez años la Armada
china contará con un portaaviones moderno con escolta integrada por fragatas y
destructores.
Como el resto de las potencias, China confiere una importancia especial a
su arsenal nuclear de disuasión. Actualmente, China incorporó los nuevos
misiles balísticos DF-31A (CSS-4 según la clasificación de la OTAN) en
capacidad alcanzar blancos a distancias superiores a los 11.000 kilómetros.
La flota estratégica china tiene en servicio submarinos nucleares nuevos
tipo 094 de la clase Jin de bajo ruido hidrodinámico en comparación con los
modelos anteriores y equipados con misiles JL-2 (CSS-N-4) versión modificada
de los DF-31.
Según expertos, el arsenal nuclear chino cuenta actualmente con 300 y 400
ojivas, mucho menos que Rusia o EEUU, pero esa situación cambia
paulatinamente.
En general, las FF.AA. de China están en capacidad de realizar cualquier
tipo de operación militar a nivel regional y al mismo tiempo, se encuentra en
una situación inferior con respecto a Rusia y EEUU en posibilidades
estratégicas, como la dislocación de cantidades considerables de tropas a
grandes distancias, y por el número de ojivas nucleares de disuasión.
Por lo visto, esta situación se mantendrá inalterable los próximos diez o
quince años y esto a nadie preocupa porque actualmente la política exterior de
China no contempla enfrentamientos militares con ningún país.