Una cifra menor que las efectuadas tras el Katrina por
la crisis económica y desconfianza en los Gobiernos de las zonas.
Atendiendo a las donaciones realizadas en desastres previos, como el tsunami
que arrasó el sureste de asia en 2004, los estadounidenses parecen haber
reducido su contribución humanitaria para las catástrofes de Sichuan y el
sureste birmano: frente a los más de 200 millones de dólares recaudados hace
cuatro años, ahora las organizaciones humanitarias se han encontrado con sólo 57
millones procedentes de ciudadanos desinteresados quienes, no obstante, pueden
haber sido afectados por la crisis económica, la desconfianza en los regímenes
que van a distribuir los bienes de primera necesidad, o por la "fatiga de los
desastres", la sensación de que las catástrofes naturales han dejado de ser ya
un fenómeno aislado.
En comparación con los 207 millones de dólares que fueron donados en los
primeros cinco días tras el tsunami de Banda Aceh, o los 226 millones recaudados
en el mismo período de tiempo tras el paso de los huracanes Katrina y Rita por
la costa del Golfo, los poco más de 60 millones proporcionados para atender las
necesidades de los desfavorecidos en Asia suenan a poco, en una respuesta
calificada por las organizaciones humanitarias, como poco, de "modesta".
El grupo AmeriCares apenas ha recaudado un millón de dólares para los
esfuerzos de reconstrucción en China y Birmania. "Está muy claro que el número
de personas afectadas emocionalmente (por estos desastres) no tiene ni punto de
comparación con el tsunami", explicó el director ejecutivo de AmeriCares, Curtis
R. Welling, al diario estadounidense 'The Washington Post'.
La estimación de los 57 millones de ayuda recabados hasta el momento
procede del Centro sobre Filantropía de la Universidad de Indiana, encargado de
estimar el dinero recaudado para la asistencia humanitaria por donaciones
personales. A esta semana, 21,7 millones de dólares habían sido facilitados para
la asistencia tras el paso del ciclón 'Nargis', mientras que 30,9 millones de
dólares irían destinados para los afectados por el terremoto. Unos 4,3 millones
y medio tiene como objetivo cualquiera de las dos catástrofes.
Al frente de la campaña se encuentra Cruz Roja Americana, con 14 millones
para el terremoto, 1,8 para el ciclón y 3,8 en concepto de fondos de ayuda
internacionales, según informó su portavoz, Michael Oko.
Causas
Los expertos atribuyen este descenso en el número de contribuciones a una
variedad de factores entre los que destacan una crisis económica que ha dejado a
los estadounidenses con escasa liquidez, la desconfianza en las labores de ayuda
y las tensiones geopolíticas.
Se espera no obstante que muchos asiáticos-americanos, en particular de
procedencia china, incrementen sus donaciones para el terremoto de Sichuan.
"Estamos viendo una movilización de la diáspora china como nunca he visto
antes", declaró el director de respuesta de emergencia de World Vision, Randy
Strash.
En general, se espera que el total recaudado no llegue a los niveles
vistos tras el tsunami y el Katrina, pero algunos de los principales
recaudadores consideran una comparación injusta, dado que el Katrina ocurrió
dentro de Estados Unidos y que el tsunami de Banda Aceh, fue considerado un
fenómeno global de alcance inusual.
El tsunami "tenía muchísimos factores de interés inmediato para la
comunidad internacional", declaró el portavoz de la ONG estadounidense Save The
Children, Mike Kiernan. "Afectó a 12 países, tuvo lugar después de Navidad, y
dio lugar a numerosas historias de supervivencia personal y pérdida humana,
protagonizadas por estadounidenses y por europeos", añadió.
No obstante, muchos de los donantes han perdido su confianza en las ONG
ante lo que consideraron una torpe respuesta al paso del Katrina, así como de
los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas del World
Trade Center, según el director del grupo Arabella Philanthropic Investment
Advisors, Eric Kessler. "Muchos de los donantes tienen escalofríos a la hora de
mandar su cheque porque no tiene mucha confianza en la forma en la que su dinero
llega a los afectados", consideró.
Kessler añadió además que muchos de sus clientes preguntan cuestiones cada
vez más sofisticadas sobre el impacto de su donación. "Quieren conocer el
impacto de su aportación, y saber en qué se está empleando su dinero", añadió.
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