En todos los países, los líderes políticos suelen personarse en los escenarios
de catástrofes. Forma parte del cargo, del sentido de la responsabilidad y
también hay un componente de imagen. Sólo en China es un mero asunto de
"propaganda", de "legitimación del régimen", o de "paternalismo", si hay que
creer el tono de tantos informes de prensa de estos días.
Por
Rafael Poch -
La Vanguardia, España
El Primer Ministro chino, Wen Jiabao, viajó el jueves a la
zona afectada por el terremoto de Sichuan. Wen, de 65 años, es el político chino
más popular, muy por delante del Presidente de China y Secretario General del
Partido Comunista, Hu Jintao, su superior jerárquico. Mientras Hu es un hombre
serio y poco expresivo, Wen ha prodigado todo tipo de expresiones de calor
humano en situaciones difíciles; empezando por las inundaciones del río Yangtzé
de 1998, pasando por la crisis del síndrome respiratorio agudo de 2003 (Sars),
los crónicos accidentes mineros y los encuentros con enfermos de sida, y
concluyendo con el actual terremoto.
En todas estas situaciones, Wen, geólogo de formación e
hijo de maestros, se ha forjado una reputación de "ministro del pueblo". Es, sin
duda, el más querido por la ciudadanía. Algunos lo comparan con Zhu Enlai, la
cara amable, y razonable, del maoísmo.
El viaje de ayer de Wen a la zona afectada era el segundo. El primer ministro ya
se personó en el lugar el mismo día del siniestro, el lunes 12, menos de dos
horas de conocida la noticia. Wen permaneció en el lugar los siguientes cuatro
días, hasta que fue relevado por el Presidente Hu.
En todos los países, los líderes políticos suelen personarse en los escenarios
de catástrofes. Forma parte del cargo, del sentido de la responsabilidad y
también hay un componente de imagen. Sólo en China es un mero asunto de
"propaganda", de "legitimación del régimen", o de "paternalismo", si hay que
creer el tono de tantos informes de prensa de estos días. Ni siquiera con un
terremoto de más de 80.000 victimas, ha habido tregua hacia China. Sí, la
evidencia ha sido demasiado aplastante, y hasta se ha elogiado la relativa
eficacia y rapidez del operativo de socorro y rescate, así como la respuesta de
la población y la transparencia informativa. Al mismo tiempo, ha sido inevitable
continuar citando la "campaña maoísta", el "nacionalismo", y la "propaganda"
como salsa del viejo plato precocinado del prejuicio y la hostilidad.
Los primeros días de la crisis, la llegada o no de equipos de rescate de Japón,
algo absolutamente anecdótico, ocupaba los principales menús de la palabra
"China" de los buscadores "google" y "yahoo". Parecía que el destino de las
centenares de miles de víctimas de ese terremoto dependiera de la llegada o no
de un puñado de especialistas japoneses. La analogía con Birmania intentaba
abrirse paso, pero no prosperó porque la comparación era demasiado absurda
incluso para el nivel habitual. En las crónicas, el desmoronamiento de casi 7000
aulas escolares, supuesto resultado de la "corrupción", levantaba cabeza, a
partir de la desesperación de los padres de las víctimas de la escuela de Juyuan,
que se derrumbó como un castillo de naipes en una ciudad en la que la
destrucción apenas alcanzó al 10% de los edificios.
La perdida masiva de niños, frecuentemente de familias de hijo único, es una
injusticia demasiado cruel como para que no haya "culpables". La búsqueda de
culpables en tales situaciones es humana. Hace 20 años, en Leninakan, Armenia,
la gente decía lo mismo, pedía la piel de los gobernantes, ante las ruinas de
los grandes almacenes "Dietski Mir" ("El mundo de los niños"), que se hundió
sepultando a decenas de mamás con sus niños que se encontraban dentro comprando
juguetes…
Pero en Sichuan han caído más de cinco millones de casas y casi seis millones de
edificios sufrieron graves daños. Las 7000 aulas, que no escuelas, no parece una
proporción desmesurada, pese a lo cual se abrirán "investigaciones". En Pakistán
(75.000 muertos en 2005) con un seísmo del sexto grado en la escala de Richter,
dos por debajo del de Sichuan, todo se cayó y la destrucción fue peor, ha
explicado un especialista. En un sistema como el chino, la presencia del Primer
Ministro en el lugar, es importante para movilizar la vertical burocrática de
poder. Pero en China si hay transparencia es "propaganda", si la población es
solidaria y se moviliza, es "nacionalismo", y si hay un seísmo de grado ocho en
la escala de Richter, es que hay corrupción. Con China, todo es política, no hay
miedo al ridículo, no hay cuartel.
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