(IAR Noticias) 22-Mayo-08
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Una mujer llora entre los escombros de una vivienda. (Foto AFP) |
El luto nacional
decretado esta semana en China, en recuerdo de las víctimas del
terremoto en la sudoccidental provincia de Sichuan, fue el primer
gesto oficial en la historia moderna de este país en honor a
ciudadanos comunes y no a líderes políticos.
Por
Antoaneta Bezlova - IPS
A las 14.28 horas del lunes
19, China prácticamente
se paralizó para homenajear a las 50.000 personas que se estima
perecieron en la tragedia del 12 de este mes.
Las banderas flamearon a media asta, las sirenas ulularon y los
automovilistas hicieron sonar sus bocinas. La última vez que se
observó un ritual de estas características, silenciando toda la
música y cerrando todos los lugares de entretenimiento, fue en 1976,
tras la muerte del padre fundador de la China comunista, Mao Zedong.
Si China se sintió dividida y aislada entonces, ahora parece unida
por las víctimas del desastre. Desde el terremoto creció la
necesidad de compartir el dolor y despedir a los fallecidos.
Los blogs en Internet convocaron a realizar una expresión colectiva
de dolor dos días después del sismo,. En varios sitios web se llamó
a colocar a media asta la bandera nacional y a suspender el traslado
de la antorcha olímpica, cuyas celebraciones eran vistas como algo
ofensivo para muchos.
Beijing será este año sede de los Juegos Olímpicos.
"Mostremos algo de humanidad", escribió el administrador de un blog.
El gobierno atendió los llamados públicos y declaró tres días de
luto oficial, cerrando los cines y los clubes de karaoke, cancelando
algunos espectáculos de televisión y ordenando a todos los
periódicos que publicaran ediciones con la portada en negro.
Para muchos, lo que está pasando en estos días es toda una novedad.
No es común que los líderes se muestren tan atentos a la
sensibilidad del público.
Los gobernantes "demostraron que pueden escucharnos y recibir
consejos", dice la anciana Zhang Ruixiang, mientras observa a su
nieta jugando en el parque. "Para las personas comunes como nosotros
no hay mucho que podamos hacer para mostrar solidaridad con los
sobrevivientes, y ellos nos permitieron hacerlo. Estoy agradecida",
añadió.
Involuntariamente o no, el gobierno explotó el desastre para ganar
apoyo público y mejorar su imagen.
"El mundo exterior ha tenido una oportunidad para ver el lado
verdaderamente admirable de la nación china, el coraje de una gran
nación", señaló el analista Zhang Guoqing, experto en relaciones
internacionales de la Academia China de Ciencias Sociales.
Sin embargo, mientras tanto, crece la preocupación por el alto
número de niños y adolescentes que perecieron en la tragedia y la
posible responsabilidad de las autoridades.
Al autorizar a la televisión que transmitiera en vivo desde la
escena del desastre, y permitir que las voces de los sobrevivientes
se escucharan en todo el país, el gobierno ha sido incapaz de
disfrazar el hecho de que las escuelas y los hospitales públicos
fueron los primeros edificios que cedieron.
Solo en la ciudad de Mianyang, siete escuelas colapsaron, enterrando
a 1.700 personas. Otros 700 estudiantes perecieron al derrumbarse
una escuela en la cercana localidad de Hanwang.
En total, 6.898 edificios escolares fueron destruidos en el
terremoto, según Han Jin, jefe del Departamento de Desarrollo y
Planeamiento del Ministerio de Educación. El impacto de la
destrucción fue tan grande que la provincia Yunnan, fronteriza con
Sichuan, ordenó la demolición de todas las escuelas consideradas
inestables.
El gobierno prometió una completa investigación una vez que terminen
los trabajos de rescate. "Si existen problemas de calidad en los
edificios escolares, los responsables serán castigados con
severidad", señaló Jian Weixin, un alto funcionario en materia de
vivienda, durante una conferencia de prensa el fin de semana pasado.
El ex primer ministro Zhu Rongji, conocido por su duro lenguaje y
tajante discurso, una vez condenó la corrupción en el sector de la
construcción, que involucraba tanto a los peritos como a los
funcionarios locales y en la que salían perjudicadas las medidas de
seguridad.
Los próximos días serán una prueba para los líderes en Beijing, que
tendrán que comenzar a buscar respuestas sobre las responsabilidades
humanas en el alto número de víctimas.
La cobertura periodística del terremoto reveló que, aparte de niños
y adolescentes, un gran número de los muertos eran trabajadores
migrantes, que vivían en aldeas y chozas destruidas por el sismo.
El dolor pública fue evidente en las cartas recibidas por los
periódicos, en las que los lectores pedían a los medios que
informaran sobre el sufrimiento de los ciudadanos comunes más que
sobre los actos de sus líderes.
"En momentos de un desastre natural, el papel de los líderes
nacionales es irremplazable, pero ante tan gran tragedia debemos
conectarnos más con el sufrimiento de la gente", señalaba una carta
enviada al Southern Weekend.
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