El terremoto en Sichuan (China) desnudó un estado de corrupción muy extendido. Las oficinas
regionales de infraestructura están controladas por burócratas del partido.
Casi ningún edificio estatal tenía una construcción antisísmica a pesar de que
la ley lo obliga. Esto está siendo denunciado por los padres que se
quedaron sin su único hijo como lo impone otra ley. Y por primera vez en
China comienza a haber una opinión pública crítica y con espacio en la prensa
estatal.
Por Gustavo Sierra - Clarín
Las grandes tragedias pueden ser una magnífica oportunidad para los
políticos o su tumba con un número más en el recuento final de cuerpos.
Terremotos, tifones, huracanes, inundaciones e incendios pueden traer la
democracia o convertir a ésta en un escombro más. Los regímenes de
China y Myanmar están experimentando esta sensación mientras unos mastican el
polvo de los ladrillos desbarrancados por el sismo y otros se ahogan por las
aguas indómitas.
En Sichuan, con al menos 50.000 muertos sepultados por un terremoto de casi 8
grados de magnitud, quedó muy en claro que no se tiene la misma suerte
si se está en un edificio público que en uno privado. Y muy en particular si
se es un chico en una escuela levantada por constructores corruptos .
Las fotos son clarísimas. En una misma cuadra, los edificios gubernamentales
quedaron reducidos al polvo. Los otros, mantuvieron su estructura.
El terremoto desnudó un estado de corrupción muy extendido. Las oficinas
regionales de infraestructura están controladas por burócratas del partido.
Casi ningún edificio estatal tenía una construcción antisísmica a pesar de que
la ley lo obliga. Esto está siendo denunciado por los padres que se
quedaron sin su único hijo como lo impone otra ley. Y por primera vez en
China comienza a haber una opinión pública crítica y con espacio en la prensa
estatal.
En Myanmar, la junta militar no quiere que llegue ayuda internacional y mucho
menos que los voluntarios de todo el mundo ingresen a la zona del delta del
río Irrawaddy para socorrer a los cientos de miles de afectados por el ciclón.
Los generales tienen miedo de que se descubra que allí no realizaron
ninguna de las obras prometidas para contener las aguas. Hay denuncias
desde hace 40 años de corrupción generalizada entre los uniformados y muy
en particular en la construcción de represas que recibieron créditos
internacionales.
La Revuelta del Azafrán de septiembre pasado fue un signo de que en la ex
Birmania hay un pueblo cansado de la dictadura que ya lleva 46 años. Y
como en China, la tragedia podría ser el germen de una oportunidad de
mayor democracia.