Las autoridades birmanas anunciaron este viernes que más de
133.000 personas murieron o desaparecieron por el paso del ciclón Nargis hace
dos semanas, casi duplicando el anterior saldo del que ya se considera el peor
desastre natural que azotó al país.
Aunque la junta militar sigue rechazando la entrada de equipos de rescate
internacionales, los medios de comunicación oficiales admitieron implícitamente
la terrible situación al explicar que eso era lo que les había impedido ofrecer
un saldo más ajustado.
La televisión pública dijo que hay 77.738 muertos y 55.917 desaparecidos, es
decir 133.655 afectados, a los que hay que sumar 19.359 heridos.
El anterior balance oficial, ofrecido sólo un día antes, cifraba los muertos
en 43.318 y los desaparecidos en 27.838.
Según la televisión pública, hay 159 funcionarios muertos, 58 desaparecidos y
4 heridos. No se dieron más detalles.
Las organizaciones de asistencia creen que hay 2,5 millones de supervivientes
que necesitan urgentemente comida, agua, refugio y cuidados médicos, y
advirtieron que el número de víctimas aumentará si todo eso no llega
inmediatamente.
Frente a la gravedad de la situación, el comisario de Desarrollo de la Unión
Europea, Louis Michel, anunció que más de 100 médicos asiáticos "obtendrían la
visa y el permiso" para entrar el sábado en el país.
"Respecto a esto, ahora las cosas están cambiando", se felicitó, de vuelta en
Bangkok, después de dos días de negociaciones con el régimen militar para que
acceptara la ayuda internacional.
"(Las autoridades birmanas) tienen que ayudarnos para que les ayudemos",
concluyó Michel.
Las fuertes lluvias que cayeron el viernes castigaron aún más a la región del
delta de Irrawaddy, la más afectada por el ciclón, en el sur de uno de los
países más pobres y aislados del mundo.
Unos diplomáticos occidentales que no quisieron ser identificados explicaron
que el régimen los llevará al delta de Irrawaddy, sin que conozcan los detalles
de su recorrido.
Por parte de la ONU, su responsable de asuntos humanitarios, John Holmes,
obtuvo su visa para viajar a Birmania, donde seguramente llegará el domingo,
declaró la portavoz de esta organización, Michele Montas.
La representante de la Federación Internacional de la Cruz Roja, Bridget
Gardner, de regreso tras un viaje al Irrawaddy, relató haber presenciado "muchos
actos de heroísmo" de voluntarios birmanos, ellos mismos damnificados, que
ayudaban a sus compatriotas a título individual.
Para evitar una "segunda catástrofe", Naciones Unidas quiere recoger más
fondos para preparar la reconstrucción.
La ONU espera el resultado de una reunión ministerial, el próximo lunes en
Singapur, de los países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático
(ASEAN), de la que Birmania forma parte, para decidir el lugar y los
participantes en otra "conferencia de petición de fondos", declaró Montas.
La conferencia de donantes podría celebrarse el 24 de mayo en Bangkok, según
fuentes diplomáticas.
Gracias a la mediación de los países asiáticos, la comunidad internacional
intenta que Birmania atienda a razones, aunque el ministro francés de Relaciones
Exteriores, Bernard Kouchner, ya consideró el jueves que la intransigencia de la
junta birmana raya con el "crimen contra la Humanidad".
Pese a la situación, el régimen anunció la victoria del referéndum para
adoptar una nueva constitución, celebrado el sábado con varias partes del país
anegadas y miles y miles de personas desaparecidas o muertas.
Rangún dijo que la votación, la primera desde 1990, era un nuevo paso hacia
la democracia, pero muchos estiman que sólo servirá para dar más poderes a los
militares.