Los primeros equipos de rescate extranjeros llegaron a la zona del desastre
para sumarse a la frenética -y cada vez más desesperada- búsqueda de vida entre
las montañas de ruinas en que se han convertido casas, escuelas, fábricas,
ciudades enteras.
Acompañados de perros rastreadores y equipamiento especial, estos expertos
extranjeros -japoneses, rusos, surcoreanos y singapurenses- son los primeros que
acepta Pekín para ayudar en un desastre natural.
"Las labores de rescate del terremoto han entrado en su fase más importante",
dijo el presidente Hu Jintao tras llegar a Mianyang, una de las ciudades más
afectadas por el temblor de 7,9 grados en la escala de Richter.
"El desafío aún es grave, la tarea es ardua y el tiempo apremia", agregó,
según la agencia oficial China Nueva.
La escala del sismo -que se sintió en lugares tan distantes como Tailandia y
Vietnam- queda más clara a medida a que los socorristas van llegando a zonas
remotas aisladas por los corrimientos de tierra.
El saldo oficial de muertos era de 22.069, aunque las autoridades de Sichuán,
la provincia más afectada, recordaban que hay 14.000 personas entre los
escombros.
Además, la televisión pública, citando a los coordinadores nacionales de
asistencia, dijo que se estima que hay más de 50.000 muertos, además de los 4,8
millones de personas que se quedaron sin casas, según las autoridades de Sichuán.
En medio de un paisaje desolador se producen algunos milagros, como el del
niño al que consiguieron sacar vivo este viernes de los restos de su escuela en
Beichuán, casi 100 horas después del temblor.
La agencia China Nueva explicó que se oían más voces pidiendo ayuda.
"La posibilidad de que rescatemos a los enterrados es muy grande", dijo un
trabajador, "'renunciar' no está en nuestro diccionario".
En Yinghua, un periodista de la AFP vio como sacaban a un hombre de los
escombros tras amputarle una pierna y un brazo.
Pero cada vez más, lo que salen de las ruinas son cadáveres ensangrentados
que crean un nuevo problema a localidades en las que no queda nada en pie.
En Mianyang, 10.000 personas sin hogar han sido acomodadas en un estadio
deportivo donde miran con ansiedad las listas de nuevos llegados con la
esperanza de reunirse con sus seres queridos.
De los miles y miles de edificios derruidos, cerca de 7.000 eran escuelas,
cuyos pisos sucumbieron uno a uno sepultando a los niños en sus clases.
Respondiendo al enojo de la opinión pública, el ministro chino de Vivienda
abrió una investigación sobre la fragilidad de las edificaciones y prometió
castigos severos si se descubre que eran de mala calidad.
El ejército, que ha estado dirigiendo las tareas de rescate, aumentó su
despliegue con más tropas, más helicópteros y más aviones de transporte.
Los militares han lanzado decenas de miles de paquetes de comida, ropa y
mantas desde aviones, han despejado carreteras, reparado puentes, escudriñado
entre las ruinas y trasladado a los heridos a hospitales.
Entre los equipos de rescate también los hay de Taiwán, que China considera
su territorio, y Hong Kong.
El primer ministro Wen Jiabao dijo que se trata del terremoto "más
destructivo" sufrido desde la fundación de la República Popular China en 1949,
más incluso que el que se cobró 240.000 vidas en 1976.ñ
Este viernes se produjo una réplica a sólo 50 kilómetros del epicentro del
seísmo del lunes, provocando nuevos corrimientos de tierra que hicieron algunas
carreteras impracticables y complicaron aún más las tareas.
Por otro lado, se comentó que el gobierno está preparando planes de
evacuación por la creciente inquietud de que las presas se hundan si siguen las
lluvias.