El balance oficial de víctimas, que datan del martes a la noche, supera los
12.000 muertos en la provincia de Sichuan (sudoeste), sacudida el lunes al
empezar la tarde por un temblor de magnitud 7,9.
Las pérdidas humanas no dejan de aumentar a medida que llegan informaciones de
las zonas más alejadas.
Según la policía militarizada, citada por medios oficiales, numerosas ciudades
de los alrededores de Wenchuan, epicentro del sismo, quedaron completamente
"arrasadas" por el movimiento telúrico.
"Ya no hay casas en numerosas ciudades y suburbios (del distrito de
Wenchuan). Todo ha sido arrasado", afirmó Wang Yi, jefe de la unidad de
la policía militarizada, citado por un sitio internet.
Tan sólo en la ciudad de Yingxiu, ubicada en le distrito montañoso de Wenchuan,
las autoridades locales anunciaron el miércoles por la mañana que unas 2.300
personas de un total de más de 10.000 habían sobrevivido a la catástrofe,
añadiendo al menos 7.000 muertos a la larga lista de víctimas.
"La situación es peor de lo que nos temíamos", declaró un responsable
local que logró llegar al pueblo escalando la montaña.
Desde un amasijo de cemento y vigas de acero se escuchaban todavía gritos. Allí
había una escuela borrada por la violencia del sismo y en la que sin ninguna
herramienta, los vecinos de Yingxiu buscaban entre los escombros, según un
relato de la agencia estatal China Nueva.
La mayoría de las carreteras fueron destruidas por el temblor o son
intransitables por los deslizamientos de tierras, obligando a los socorristas a
caminar para llegar a las localidades diseminadas en esta zona montañosa de
Sichuan, lo que limita la cantidad de víveres y medicamentos que pueden
trasladar para los afectados.
Las lluvias torrenciales que cayeron en la región desde el martes, ralentizan el
trabajo de los socorristas y el traslado de productos de primera necesidad,
además del material de excavación.
Tras un primer intento fallido el martes, el ejército logró que tres
helicópteros cargados de víveres y medicamentos aterrizaran en la ciudad de
Wenchuan, además de un centenar de soldados paracaidistas de élite.
"Dos helicópteros de la región militar de Chengdu (capital de Sichuan),
comenzaron a largar víveres en Yingxiu", en el distrito de Wenchuan, anunció el
general Li Shiming, comandante de la región de Chengdu.
Los canales de televisión chinos difunden sin interrupción imágenes de
cuerpos retirados de los escombros, pero también de sobrevivientes, a menudo
heridos de gravedad al derrumbarse una escuela, fábricas, hospitales o
viviendas.
El primer ministro chino, Wen Jiabao, que supervisa las operaciones desde la
ciudad de Dujiangyan, no pudo ocultar su impaciencia ante la lentitud de los
trabajos de rescate.
"Debemos hacer todo lo posible para reabrir las carrereteras que llevan al
epicentro y salvar a los habitantes aislados en las zonas siniestradas", dijo
Wen. "En este momento, tenemos grandes dificultades para llevar adelante las
operaciones de rescate", añadió.
Durante una visita al distrito de Beichuan, el jefe de gobierno chino anunció a
los sobrevivientes que 100.000 soldados y policías armados participaban en la
búsqueda y en las tareas de rescate, es decir el doble de la cantidad de
soldados movilizados en un primer momento.
Un equipo de 1.300 médicos y enfermeras del ejército, acompañados por
soldados, lograron la tarde del martes llegar a pie hasta el distrito de
Wenchuan. Las autoridades anunciaron el envío de otros 50 equipos médicos, que
sumarán en total 1.500 hombres procedentes de hospitales militares de Pekín,
Shanghai y Xian (centro-norte).
Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Australia, Naciones Unidas y el Comité
Olímpico Internacional (COI), se movilizaron de forma inmediata para proponer
ayuda a China, pero el gobierno chino indicó que las condiciones no estaban
"maduras" para autorizar la llegada de equipos de socorristas extranjeros.
El sismo del lunes en Sichuan fue el más grave registrado en China desde el de
Tangshan, cerca de Pekín, en 1976, que dejó 242.000 muertos, según un balance
oficial.