La reciente firma de un acuerdo marco entre Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e
India para la construcción del gasoducto (TAPI) que unirá esos países hacia el
año 2015, realza una vez más la importancia de la seguridad energética global, y
en consecuencia, el creciente interés por los recursos energéticos que yacen en
Asia Central.
Por Ígor Tómberg - RIA Novosti
Casi en las mismas fechas, el pasado 28 de abril, expertos del Foro de
Países Exportadores de Gas (FPEG) repasaron en Teherán proyectos de estatutos
de la denominada "OPEP del Gas".
Está previsto que la decisión definitiva sobre la creación de ese cártel
energético análogo a la OPEP se adoptará durante una reunión de ministros de
energía de los países del FPEG prevista para el próximo verano boreal en
Moscú.
Según la opinión de muchos expertos, la aparición de un OPEP del gas o OPEG
podrá influir de forma seria el mercado mundial de gas.
Con una capacidad de bombeo de más de 30.000 millones de metros cúbicos de
gas anuales y una longitud de 1.680 kilómetros, el gasoducto TAPI o
transafgano tiene un costo que asciende a los 8.000 millones de dólares.
Y a pesar de la magnitud relevante de esas cifras, los expertos rusos
cuestionan la viabilidad de ese gasoducto a raíz de una serie de factores
económicos, técnicos y políticos.
Existen asuntos pendientes relacionados con el abastecimiento del gasoducto
TAPI. Hasta el momento, no se han confirmado las reservas del yacimiento
turcomano Dovletabad considerado la fuente principal del gas que trasegará el
gasoducto, como tampoco, la información exacta sobre las reservas comprobadas
de gas que yacen en el subsuelo de Turkmenistán.
Por el momento, se considera que Turkmenistán tiene reservas probables de
entre 8 a 20 billones de metros cúbicos de gas. Investigaciones hechas por el
consorcio británico British Petroleum (BP) indican que las reservas
comprobadas de gas de Turkmenistán equivalen a 2,9 billones de metros cúbicos.
En 2007 la extracción de gas turcomano ascendió a 70.000 millones de metros
cúbicos de gas. Actualmente, la totalidad del gas de exportación de
Turkmenistán ha sido adquirido por Irán y por el consorcio estatal ruso
Gazprom, que, a su vez, lo comercia en Europa.
Gazprom tiene planes de comprar anualmente hasta el año 2028 entre 80 y
90.000 millones de metros cúbicos de gas turcomano. Turkmenistán suscribió
acuerdos con China e India para suministros de hasta 30.000 millones de metros
cúbicos de gas anuales a partir del año 2009.
Parece evidente que para Ashjabad el proyecto TAPI es, ante todo, un asunto
político. Incluso si no se logra la construcción del gasoducto, Turkmenistán
siempre saldrá ganando. La firma de acuerdos energéticos está destinada a
demostrar que Turkmenistán dispone de diferentes vías de suministro, y que
puede negociar con aquellos países que se perfilen como los consumidores más
rentables.
El gasoducto TAPI es el cuarto o quinto proyecto promovido por el Gobierno
turcomano. En conjunto, los proyectos a desarrollar previstos por Ashjabad
sobrepasan los 200.000 millones de metros cúbicos de gas, el triple de su
extracción actual.
Además de la falta de los volúmenes suficientes de gas, el gasoducto TAPI
supone riesgos políticos relacionados con los 830 kilómetros de tubería que
debe pasar por Afganistán.
Teniendo en cuenta la situación de seguridad en Afganistán, la realización
del proyecto TAPI presenta interrogantes, además de otros riesgos relacionados
con complicadas relaciones entre Pakistán e India.
Al analizar la estrategia energética de India en Asia Central y en la
región del mar Caspio, no se puede omitir otro proyecto alternativo para
gasificar India, mediante el gasoducto Irán-Pakistán-India (IPI).
El gasoducto Irán-Pakistán-India tiene un costo estimado en 4.100 millones
de dólares, una longitud de 2.700 kilómetros y se planea construir para el año
2009. De acuerdo a los planes previstos, a partir de 2010, por ese gasoducto
India y Pakistán deberán recibir 35.000 millones de metros cúbicos de gas
anuales, y para 2015, hasta 70.000 millones de metros cúbicos.
De acuerdo a valoraciones de expertos, tanto el proyecto de gasoducto TAPI
como el IPI no se excluyen el uno del otro: la demanda de gas en India y
Pakistán puede absorber estos dos gasoductos e incluso más.
Para Rusia el proyecto del gasoducto IPI es importante porque interesa a la
empresa monopolista rusa Gazprom que incluso ha propuesto financiar parte del
proyecto a cambio de una participación en el consorcio que administrará la
obra.
En general, Rusia tiene interés en participar en la explotación de las
riquezas gasíferas de Irán.
Así, la semana pasada, Gazprom y la Compañía Nacional de Petróleo de Irán
firmaron un acuerdo para la exploración y explotación de yacimientos
petroleros, trabajos de prospección de reservas de hidrocarburos e inversiones
en el territorio iraní. Ambas empresas también acordaron la creación de una
compañía energética conjunta para la exploración de dos o tres bloques del
yacimiento de gas Pars del Sur. De acuerdo a esos convenios, Gazprom extraerá
una cantidad importante de gas en Irán y a pesar que las empresas extranjeras
que operan en Irán sólo reciben compensaciones en efectivo a cambio de la
extracción de hidrocarburos, Gazprom contará con posibilidades de influir en
la exportación del gas iraní, al menos en lo referente a las rutas de venta de
ese combustible.
Como se citó anteriormente, la reunión de expertos del Foro de Países
Exportadores de Gas (FPEG) celebrada recientemente en Teherán acordó la
aprobación definitiva de los estatutos de la futura Organización de Países
Exportadores de Gas (OPEG) a partir de proyectos de estatutos elaborados en
Moscú y en Teherán.
La aspiración de Irán de que Gazprom participe activamente en sus proyectos
energéticos corresponde a su interés de que aparezca una organización
representativa a nivel mundial para la exportación de gas.
Teniendo en cuenta las dificultades de la inversión extranjera por las
sanciones impuestas por EEUU, Teherán busca socios y aliados políticos que le
permitan afrontar en la guerra diplomática que sostiene con Occidente.
Uno de los elementos de esa alianza podría ser la creación de una OPEP de
gas.
En su estrategia de diversificar los suministros de hidrocarburos, Rusia
está dispuesta a proponer nuevas vías para el suministro de gas desde Irán a
India sin pasar por el territorio pakistaní. Se trata de un gasoducto con un
tramo submarino, análogo al gasoducto Nord Stream (por el mar Báltico), un
proyecto para transportar gas ruso a Europa.
En este caso, el gasoducto desde Irán tendría un tramo submarino que
pasaría por un sector poco profundo del mar Arábigo, fuera de la zona
económica de Pakistán hasta llegar a India.
Para India, ese gasoducto en cuestión podrá ser la codiciada garantía de
independencia energética de los ánimos políticos de Pakistán.
La estrategia de Rusia de diversificar sus suministros energéticos no
contradice la idea del OPEG. Y en este contexto, incluso es prematuro
considerar que el gasoducto TAPI suponga una amenaza a los intereses de Rusia.
La actitud protagonista de Moscú ante la problemática de los suministros de
gas para los países del sur de Asia puede aportar dividendos adicionales para
Rusia y reforzar su calidad de líder en el mercado mundial de gas.