Existe la opinión muy generalizada de que la
OTAN en Afganistán ha perdido completamente el control de la situación a
consecuencia de la guerrilla Talibán.
Por Piotr Goncharov - RIA Novosti
No obstante, ese punto de vista no se compartió en la reciente cumbre de la
OTAN celebrada en Bucarest. Ahora, salen a la luz algunos pormenores de lo que
ocurrió en esa cumbre. Como por ejemplo, que Alemania ignoró los pedidos de
Estados Unidos a los países de la Fuerza Internacional de Asistencia a la
Seguridad en Afganistán (ISAF) de enviar tropas adicionales a ese país.
Francia, Italia, Holanda y Turquía, otros países clave de la ISAF tampoco
demostraron mucho entusiasmo al pedido estadounidense.
Lo mismo se puede decir de Inglaterra y Canadá, los principales aliados de
EEUU en la coalición antiterrorista en Afganistán. Como es sabido, en Afganistán
operan dos estructuras militares paralelas, la ISAF bajo el mando de la OTAN y
la coalición antiterrorista bajo el control de EEUU.
A partir de las conclusiones hechas en Bucarest, muchos expertos occidentales
y rusos valoran con mucho pesimismo la situación en Afganistán.
También, cuestionan el potencial pacificador de la OTAN, y en general, la
capacidad profesional de esa entidad militar para actuar adecuadamente en
condiciones de la situación específica afgana.
Realmente, ¿las cosas están así de mal, o son exageradas las afirmaciones de
que la OTAN apenas controla Kabul y un 10% del territorio de Afganistán, y que
la situación en ese país empeora catastróficamente?
Según entidades oficiales como el Ministerio de Defensa, el Interior y el de
Asuntos Exteriores de Afganistán, la situación actual en el país es alentadora
y los territorios controlados por los talibanes son una mínima parte en
comparación con las provincias que controla el Gobierno que dirige el presidente
afgano Hamid Karzai.
¿Y cómo hacen los expertos sus valoraciones? Por lo general, el punto de
referencia es la comisión de atentados terroristas y en primer lugar, los
perpetrados en Kabul.
Los atentados terroristas, particularmente los cometidos por terroristas
solitarios (algo que no se corresponden con la mentalidad afgana) difícilmente
se pueden considerar como la existencia de un movimiento político, religioso o
de plataforma social organizado.
Los atentados terroristas son ejecutados por agrupaciones poco numerosas y
por eso es tan difícil combatirlos.
Existen otros criterios, por ejemplo, la frecuencia e intensidad de ataques
con misiles contra las ciudades, especialmente contra los centros
administrativos de las provincias. En este caso se refiere a los ataques
"sistemáticos" que prácticamente no se pueden impedir.
¿Y cuando ocurrió el último ataque sistemático con cohetes contra la capital
afgana? Resulta que el último evento de esa naturaleza ocurrió en diciembre de
2003. Y prácticamente no hubo ese tipo de sucesos en los centros administrativos
de las provincias en el norte de Afganistán como Kunduz, Mazari Sharif y Baghlan,
que no distinguieron por su estabilidad o seguridad durante los años del
conflicto afgano. Esto tiene un significado muy especial que indica que la
situación en el norte de Afganistán es relativamente estable, lo que no se puede
decir del oriente y el sur del país.
En estas regiones es muy fuerte la influencia de los talibanes y de otros
grupos armados opositores al poder central como el Partido Islámico de
Afganistán (PIA) bajo el mando del antiguo primer ministro afgano Gulbudin
Hekmatiar.
Actualmente, esos movimientos son fuertes pero no lo suficiente como para
emprender contraofensivas de envergadura.
Lo adecuado sería encontrar respuesta a la pregunta siguiente: ¿existe, y
hasta qué punto es amplia la base social de apoyo a movimientos como el Talibán
en calidad de oposición armada al actual gobierno en Afganistán?
Como demostraron los comicios presidenciales y legislativos, la mayor parte
de la población de Afganistán apoya al presidente Karzai, y una porción todavía
mayor de la población está a favor de la presencia de la OTAN como garantía de
seguridad y estabilidad en el país.
En lo que se refiere al apoyo a nivel nacional, es muy poco el respaldo que
tienen los talibanes y en general, el resto de la oposición armada.
Como es sabido, presidente afgano Burhanuddin Rabbani, y el antiguo ministro
afgano de Defensa Mohammad Fahim en los últimos meses establecieron
conversaciones con representantes del movimiento talibán y el PIA para abordar
las perspectivas de una reconciliación de la oposición armada con el poder
central.
El simple hecho de que se celebraron esas conversaciones ya es un
acontecimiento importante porque perfila un proceso hacia la concordia
nacional.
La posibilidad de que se ponga en marcha ese proceso demuestra la fuerza,
influencia y determinación del poder central y en esto, el papel desempeñado por
la OTAN es determinante.
Entre las tareas de la ISAF figuraba la seguridad de las regiones en donde
las organizaciones internacionales y afganas ejecutaban programas para la
reconstrucción de escuelas, hospitales, recursos hídricos, limpieza de campos
minados y en general, el restablecimiento de la gestión y la economía del país.
Además, la ISAF también coopera en la creación de las Fuerzas Armadas de
Afganistán, la policía nacional y otras entidades de orden público. Actualmente,
todas esas entidades existen en el país aunque todavía no operan de la forma
deseada.
Desde este punto de vista, la OTAN está cumpliendo en Afganistán una de sus
mejores misiones de paz. La mejor y más provechosa, si se tiene en cuenta la
magnitud de las tareas encomendadas, y todo esto, a pesar de las discrepancias
en la dirección de la Alianza en relación al envío de más tropas a Afganistán.
Es necesario distinguir que la crisis en la OTAN es una cosa, y que la crisis
de la OTAN en Afganistán es otro asunto completamente diferente.
Es evidente, que el contingente
militar de la OTAN en Afganistán debe ser aumentado. Al menos para fortalecer el
potencial y autoridad del gobierno central afgano en sus negociaciones con la
oposición armada. Especialmente, cuando son notables las perspectivas para la
reconciliación nacional.