Por
Mónica Bernabé
El Mundo, España
Casi siete años y medio después de la caída del régimen de
los talibán, los criminales de guerra en Afganistán continúan teniendo poder
militar y ahora, además, disfrutan de cargos de responsabilidad en el Gobierno y
el Parlamento. Esta semana, sin embargo, las víctimas de la guerra, desafiando
el poder sus verdugos, salieron a escena, y además de forma literal.
Familiares de desaparecidos en el conflicto representaron en Kabul una obra
de teatro en la que, de forma metafórica, animaban a otras víctimas a
hablar y explicar su experiencia. Quieren documentar y denunciar los
crímenes del pasado para que no queden impunes en el futuro.
Para la obra, no se necesitó casi 'atrezzo'. La realidad ya era suficiente
escenario. La función se hizo en el antiguo Centro Cultural Ruso de Kabul,
un mastodonte de cemento construido por los soviéticos en los años 70
y que en su día fue epicentro cultural en la capital afgana. Actualmente el
viejo teatro parece un queso gruyere por los impactos de las bombas durante la
guerra y sólo drogadictos enganchados a la heroína lo frecuentan para inyectarse
las dosis diarias.
"¿Estás segura que la obra de teatro es aquí?", preguntaba temerosa una chica
a una amiga cuando se adentraba en el teatro casi derruido, saltando sobre los
trozos de pared caídos y subiendo una escalera sin la mitad de los peldaños.
"Pasen, pasen, sin miedo", contestaba uno de los organizadores, indicando el
lugar del peculiar espectáculo. Las paredes, además, se habían decorado con
fotografías de desaparecidos durante la guerra.
"Les pedimos la máxima atención y silencio, porque no disponemos de
micrófonos", empezó diciendo el presentador de la obra, explicando así lo obvio.
En un teatro destruido, ¿cómo va a haber megafonía? Medio
centenar de espectadores acudieron a la función, financiada por la Comisión
Independiente de Derechos Humanos de Afganistán y las Naciones Unidas. Quienes
dieron la cara en el escenario, sin embargo, fueron las víctimas.
"Siento dolor en todo el cuerpo y no sé por qué", mascullaba
en medio del decorado un hombre con la cabeza totalmente vendada, después de
someterse a una operación para teóricamente olvidar el pasado.
Pero las escenas terroríficas continuaban viniendo a su mente. "¿No
recuerdas a aquella niña que saltó en pedazos cuando una bomba explotó en el
lugar donde jugaba?", le preguntaba una voz insistentemente. "¿Y qué me
dices de aquellos soldados que arrebataron de los brazos de su madre a un bebé
indefenso y lo tiraron a un basurero? El bebé ahora es inofensivo pero nos puede
acarrear problemas cuando crezca y se haga hombre, argumentaron", le recordaba
otra voz. "¡No, no, no!, quiero olvidar", contestaba el hombre a gritos
provocando el sobre salto de los espectadores. "Díganme, ¿qué debo hacer?
¿Olvidar o explicar la verdad?", interrogó al público. La respuesta fue unánime:
denunciar y no callar nada de lo ocurrido.
De la guerra a la política
Actualmente en Afganistán los antiguos señores de la guerra ocupan carteras
ministeriales en el Gobierno o son diputados en el Parlamento, como herencia de
la intervención estadounidense en octubre del 2001. Tras los atentados contra
las Torres Gemelas, las tropas de EEUU en Afganistán —a diferencia de Irak— se
limitaron a bombardear el país y financiaron y armaron a la Alianza del
Norte, formada por los grupos militares y fundamentalistas que a
principio de los 90 convirtieron el país en un baño de sangre, para que se
encargaran de la invasión terrestre.
De hecho, la toma de Kabul, tras la huída de los talibán, la hicieron los
hombres de la Alianza del Norte, que después en la conferencia de Bonn, en
diciembre de 2001, donde se constituyó el primer Gobierno interino de
Afganistán, reclamaron formar parte del Ejecutivo como compensación por
la operación militar. Así algunos líderes de la Alianza del Norte
llegaron a lugares de poder, donde aún continúan.
En diciembre de 2005, el presidente afgano, Hamid Karzai, aprobó un plan de
acción para llevar a cabo en tres años un proceso para la reconciliación
nacional, la justicia y la búsqueda de la verdad sobre los crímenes del pasado,
pero más de dos años después el plan aún ni se ha iniciado, más allá de haber
declarado el 10 de diciembre día de recuerdo a las víctimas.
La obra de teatro estrenada en Kabul se representará ahora en
diferentes provincias del país. Al final de la función, algunos
espectadores admitieron que en algunas partes de la representación sintieron
pánico. Y eso que ahora, por suerte, todo era ficción.