Las tendencias hacia la “desprivatización” son globales, como asentamos en el
Suplemento Especial del Petróleo (La Jornada; 18-4-08), y China,
segundo mayor importador y relativa potencia productora de hidrocarburos, no es
la excepción con el inicio de la renacionalización de su industria energética.
China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), la tercera compañía de las
cuatro principales petroleras estatales que detenta, compró 80 por ciento de las
acciones de Hangzhou Kangbo Petroleum Co Ltd, empresa petrolera privada en la
provincia oriental de Zhejiang (Xinhua, 16-4-08). ¡Al revés del duopolio
neoliberal PRI-PAN, que desea regalar las tres cuartas partes de los ingresos de
Pemex a la iniciativa privada (doméstica, foránea o híbrida)!
Cabe señalar que en la mentalidad de los políticos chinos los hidrocarburos
no solamente pertenecen a la mayor escala trascendental de la geoestrategia,
sino que, también, forman parte del andamiaje de su seguridad nacional.
Xinhua establece que la desprivatización y/o renacionalización “será un paso
mayúsculo para la construcción de una red nacional de distribución para los
productos refinados del petróleo”, según la sabia percepción de Li Maolin,
director operativo de Petroquímica y Refinación de CNOOP. ¡Al revés de la pareja
Calderón-Beltrones!
La nacionalización o desprivatización de gasolineras y depósitos en la
provincia de Zhejiang “ayudará a CNOOC a reducir sus costos en la construcción
de una red nacional de distribución”, argumenta Chi Yongbo, director de Kangbo
(la empresa nacionalizada), quien parece estar más feliz que nunca con la medida
rectificadora.
En su imparable dinámica nacionalizadora, CNOOC planea construir mil
estaciones de gasolina y depósitos de petróleo hasta 2010 en los tres poderosos
centros económicos del país: el delta de río Perla (en Guangzhou); el delta del
río Yangtze (en Shanghai), y en Bohai (en el cinturón de Pekín).
Con eficiente mentalidad estratégica y nacionalista, los proyectos de
refinación de CNOOC son ambiciosos en las provincias de Shandong, Hebei y
Zhejiang, con el fin de mejorar el abastecimiento de los productos petroleros.
El empuje nacionalizador de CNOOC no tiene límite y pronto contempla adquirir
varias empresas privadas, sin romper, by the time being, su alianza
mercantil que realizó para una refinería de 12 millones de toneladas con la
petrolera anglo-británica Royal Dutch Shell, en Hutchou, en la provincia sureña
de Guangdong.
No se necesita ser genio para avizorar que más temprano que tarde, conforme
avance la declinación irreversible de las trasnacionales petroleras privadas
anglosajonas, China irá adquiriendo el control absoluto de las petroleras
privadas domésticas y foráneas con las que se alió por necesidad en el pasado.
Mas aún: mediante sus poderosos “fondos soberanos de riqueza”, China
vislumbra comprar un buen paquete de acciones de las declinantes trasnacionales
petroleras privadas anglosajonas.
Lo interesante del inicio de la desprivatización y/o renacionalización china
en el ámbito de los hidrocarburos es que sucede casi 14 meses después de la
“apertura” del mercado del petróleo y los productos refinados, con el fin, en
ese entonces, de romper el monopolio de las otras dos empreesas estatales: China
National Petroleum Corporation y China Petroleum and Chemical Corporation. Como
dato cultural adicional, Sinopec representa la cuarta empresa estatal del país.
¿Se arrepiente China de su previa “apertura” parcial, que no funcionó a la
hora de la aplicación teórica, o realiza una creativa cuan insólita competencia
triangular entre sus empresas estatales petroleras en los sectores de refinación
y petroquímica? En última instancia, ¿mantiene en jaque a las piratas
trasnacionales petroleras privadas anglosajonas?
Llama la atención que a pesar de representar una empresa estatal offshore,
es decir, consagrada a la exploración marítima, CNOOC acuda al rescate en tierra
firme (onshore), donde las empresas privadas de refinación habían hecho
de las suyas y, sobre todo, habían creado, cuando no agudizado, una crisis
artificial para elevar los precios. La historia de siempre.
Lo cierto es que la “apertura privatizadora” en refinación y petroquímica
resultó un desastre descomunal (remember Argentina, con Repsol YPF y
Carlos Ménem), a grado tal que el portal neoliberal fundamentalista Stratfor
(17-4-08), centro de pensamiento texano-israelí, no tiene más remedio que
admitir a regañadientes: “la carestía de los productos petroleros ha sido
frecuente en China, pero la escasez vista en los pasados 12-18 meses (nota: es
decir, al inicio de la “apertura privatizadora”) ha sido particularmente severa,
debido a factores externos, como el clima, e internos, como el rechazo de las
refinerías locales para procesar suficientes productos petroleros por ausencia
de ganancias” (¡supersic!).
A juicio de Stratfor, el gobierno chino “utiliza en forma gradual a CNOOC
para comprar y nacionalizar efectivamente una variedad de jugadores privados en
el sector energético en los rubros de refinación y distribución, revirtiendo
gradualmente el proceso de liberalización de la industria energética de China.”.
Stratfor, adolorida hasta el alma, interpreta que, “en realidad, Pekín
continúa la consolidación de su captura del sector energético mediante arreglos
manejados por sus empresas estatales petroleras”.
El centro de pensamiento texano-israelí duda de la voluntad del presidente
chino, Hu Jintao, de “restructurar” la industria energética, que sufrió un
descalabro cuando en marzo pasado el Congreso Nacional del Pueblo impidió la
creación de un ministerio de energía de corte entreguista neoliberal. ¡Al revés
de la pareja Calderón-Beltrones!
En un artículo previo, Stratfor (“China: hacia una reversión de la
liberalización energética”, 14-12-07) presagiaba la desprivatización: “la
liberalización de China, inducida por su ingreso a la Organización Mundial de
Comercio, en 2001, está a punto de ser revertida en el sensible sector
energético desde el punto de vista geopolítico”. Al revés de la pareja Calderón-Beltrones,
que no tiene la más mínima idea del costo estratégico de su entreguismo
geopolítico al regalar Pemex al peor postor y al mejor impostor.