En el anfitrión olímpico China, donde las ejecuciones son un secreto de estado,
el grupo de derechos humanos dijo que había determinado que al menos 470
personas fueron ejecutadas -el equivalente a nueve por semana- y unas 1.860
adicionales, ó 35 por semana, fueron condenadas a muerte.
Las cifras convierten a China en el Estado más prolífico ejecutor del mundo,
dijo la entidad.
"El uso en secreto de la pena de muerte debería detenerse: el velo de secreto
que rodea esta práctica debería ser retirado", indicó el grupo.
"Muchos gobiernos sostienen que las ejecuciones se realizan con respaldo
público. Por tanto la gente tiene derecho a saber lo que se está haciendo en su
nombre", agregó AI.
En total, al menos 1.252 personas fueron ejecutadas en 24 países el año
pasado y 3.347 fueron condenadas a muerte en 51 países, dijo el grupo,
agregando que unas 27.500 personas están esperando ser ejecutadas en el mundo.
Después de China estuvo Irán con 317 ejecuciones, seguido por Arabia
Saudí con 143, Pakistán con 135 y Estados Unidos con 42. Entre ellos, los cinco
países representaron el 88 por ciento de todas las ejecuciones conocidas.
Amnistía Internacional dijo que las cifras totales habían aumentado desde 2006
en Irán, Arabia Saudí y Pakistán.
El grupo destacó que en diciembre de 2007 la Asamblea General de las Naciones
Unidas aprobó por una amplia mayoría una resolución que llama a poner fin a
la pena de muerte.
"Cuando un estado quita la vida es uno de los actos más drásticos que puede
realizar un gobierno. Estamos instando a todos los gobiernos a seguir los
compromisos asumidos en la ONU y a abolir la pena de muerte de una vez y para
siempre", dijo Amnistía.