"Se han vuelto locos", dijo una oficial de policía del condado de Aba, en
Sichuan, una de las cuatro provincias con gran población tibetana, y su voz
temblaba en el teléfono porque el principal edificio del Gobierno del sector
estaba sitiado.
La oficial, quien no quiso ser mencionada por su nombre, dijo que una
multitud de tibetanos arrojaron bombas de combustible, incendiando una estación
de policía y un mercado, y quemando dos autos de policía y un camión de
bomberos.
Las fuerzas de seguridad dispararon gas lacrimógeno y arrestaron a cinco
personas.
El Centro Tibetano de Derechos Humanos y Democracia dijo que al menos siete
personas habían muerto en las protestas. Un policía contactado por teléfono negó
tal declaración.
El Dalai Lama, el líder espiritual del Tibet y Premio Nobel de la Paz que
huyó a India en 1959, solicitó una investigación para averiguar si se estaba
produciendo un genocidio cultural -intencional o no- en su tierra natal.
"La nación del Tibet está afrontando serio peligro. Aunque el Gobierno de
China lo admita o no, hay un problema", dijo a periodistas el Dalai Lama,
acusado por Pekín de ser un separatista.
En tanto, antidisturbios bloquearon Lhasa, una remota ciudad en lo alto del
Himalaya cerrada para periodistas extranjeros sin permiso y ahora prohibida para
los turistas. Las autoridades intentan evitar con el bloqueo una repetición de
la violencia del viernes, la más seria en casi dos décadas.
Prohíben entrar a extranjeros
El Gobierno regional tibetano suspendió la entrega a los extranjeros de
solicitudes de viaje a la región himalaya, informó la agencia de noticias Xinhua
el domingo tarde, citando a un dirigente local.
"También sugerimos que los turistas extranjeros que se encuentran actualmente
en el Tíbet abandonen la provincia en los próximos días" dijo Ju Jianhua,
director de la Oficina de Asuntos Externos de la región, según una cita de
Xinhua.
Un empresario residente del sector, ubicado por teléfono, dijo que una tensa
calma se había adueñado de la ciudad y que la mayor parte de la gente permanecía
en sus hogares.
El espasmo de la ira tibetana ante la presencia china en la región se produjo
días después de pacíficas protestas de monjes y se considera un serio revés para
las preparaciones de Pekín de cara a los Juegos Olímpicos en agosto, cuando
China quiere exhibir prosperidad y unidad.
El gobierno en el exilio en Dharamsala dijo que 80 personas habían muerto
esta semana en los choques entre las autoridades y quienes protestaban, y que
otras 72 resultaron heridas.
La agencia oficial de noticias Xinhua dijo que solo 10 "civiles inocentes"
habían muerto, mayormente en incendios provocados por los manifestantes, y que
12 policías resultaron seriamente heridos.
El Centro Tibetano de Derechos Humanos y democracia dijo en un correo
electrónico que monjes del monasterio Amdo Ngaba Kirti, también en la prefectura
Aba en Sichuan, habían izado la prohibida bandera tibetana y gritado cantos de
protesta pro-independencia el domingo después de sus oraciones.
Fuerzas de seguridad chinas asaltaron el monasterio, arrojaron gas
lacrimógeno e impidieron que los monjes tomaran las calles, dijeron.
La información no pudo ser confirmado en forma independiente.
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Benjamin Kang Lim / Chris Buckley