El aumento de los precios internacionales de los granos y de otros productos
alimenticios preocupa a China. Las autoridades temen que la creciente demanda en
este país, el más populoso del planeta, empuje más aún la tendencia al alza y se
dispare la inflación interna.
Por Antoaneta Bezlova
- IPS
El problema se agrava ante el avance de los
cultivos destinados a la producción de biocombustibles, en
detrimento de los productos alimenticios, y por las amenazas que
plantea el recalentamiento global.
China se encuentra en medio de un agrio debate sobre el futuro de su
seguridad alimentaria, pues debe alimentar a más de un quinto de la
población mundial y sólo cuenta con un séptimo de las tierras
cultivables del planeta.
Desde que el militante ambientalista estadounidense Lester Brown
realizó en 1995 sus apocalípticas predicciones basadas en la
creciente necesidad de alimentos de China, ese país ha enfrentado
acusaciones de que podría provocar una escasez de comida en los
países más pobres.
Hasta el momento, la receta de las autoridades chinas para ratificar
su política de autosuficiencia alimentaria se ha basado en
gigantescas cosechas en lugar de recurrir a las importaciones en
gran escala.
El volumen de la producción agrícola se ha incrementado sin
interrupción desde 2004. Alcanzó los 500 millones de toneladas el
año pasado, incluyendo arroz, trigo, maíz y soja.
"China no alimenta el aumento de los precios internacionales del
trigo, de hecho es un importante factor de estabilización", dijo
Ding Shengjun, funcionario de la Administración Estatal de Granos.
Su declaración salió al cruce de las especulaciones de que los
granos seguirían la espiral ascendente de los precios del petróleo.
La insaciable sed china por hidrocarburos es uno de los factores que
contribuyó a disparar el precio del crudo hasta casi llegar a los
100 dólares por barril de 150 litros.
Ding argumentó que la tendencia en China muestra que año a año se
incrementa el producto agrícola, que hay una balanceada relación de
oferta y demanda, mayores reservas y moderados incrementos
estructurales en el precio de los granos. Esto, aseguró, contrasta
con la disminución global de la producción y reservas.
Afirmó, incluso, que China aceptó pequeñas cantidades de
importaciones para diversificar su oferta interna, aunque
manteniéndose autosuficiente.
Sin embargo, analistas locales están preocupados por la creciente
dependencia en importaciones de soja para satisfacer la demanda
interna.
China se ha convertido en el mayor comprador de soja y aceites
vegetales, a causa de la cada vez mayor consumo de carne por parte
de una población que mejoró sus niveles de ingreso.
Antes de 1995, China era un país exportador de soja, pero el año
pasado compró 30 millones de toneladas de ese grano, que utiliza
para alimentar al ganado. La demanda refleja el cambio en la dieta a
causa de la prosperidad.
Esta tendencia incrementó el consumo de granos, al punto de que se
especula que el país deberá importar maíz en el corto plazo. Se
necesitan cuatro kilogramos de granos de este producto para producir
un kilogramo de carne.
"Creo que existe una crisis de la soja, que está afectando la
seguridad alimentaria y podría ser peligrosa para el equilibrio de
la economía en su conjunto", dijo Liu Chaoyang, analista de los
mercados agrícolas.
"A causa de la excesiva dependencia del país de importaciones de
soja, la tasa de autosuficiencia ya no está en 95 por ciento, sino
alrededor de 90 por ciento", agregó.
Para promover esa autosuficiencia, Beijing tiró a la basura la
política de cobrar impuestos a los campesinos, iniciada 2.000 años
atrás. Ahora les entrega semillas y fertilizantes a precio
subsidiado.
En respuesta a los mayores precios internacionales y las
preocupaciones por la inflación interna, China aumentó las
retenciones a las exportaciones e impuso cuotas en una variedad de
granos y harinas en diciembre.
Sin embargo, a causa del aumento en los valores de la comida, los
precios al consumidor tuvieron en enero un incremento interanual,
respecto del mismo mes de 2007, de 7,1 por ciento, el más alto de
los últimos once años.
El panorama alimentario ha sido complicado por devastadoras
tormentas de nieve que provocaron la muerte de ganado y dañaron las
cosechas. Los precios de los alimentos, en parte a causa de esto,
aumentaron 18 por ciento en lo que va del año, mientras que en
Indonesia y Pakistán llegó a 13 por ciento y en América Latina a 10
por ciento.
La maldición de los altos precios y los desastres naturales se
verifica en una época de rápidas pérdidas de tierras cultivables,
que lleva a algunos analistas a hablar de la "pelea" global por la
tierra.
Aunque Beijing, en teoría, controla la superficie destinada a la
producción de biocombustibles, en la última década este país perdió
5,5 por ciento de sus tierras de cultivo por la desertificación y la
expansión industrial.
"Han pasado casi 14 años desde que Brown encendió la alarma sobre
las limitaciones de China respecto de su disponibilidad de tierras,
pero sus advertencias no han perdido validez", señaló Song Yanming,
miembro de la Asociación Nacional del Sector Granífero.
Algunos analistas han advertido que, aunque China logró mantener un
equilibrio entre la oferta y demanda de sus principales cosechas de
granos como trigo, arroz y maíz, las crecientes importaciones de
soja podrían quebrar este precario equilibrio.
Algunos expertos han incluso sugerido que Beijing debería emplear
sus abultadas reservas de divisas, de unos 1,5 billones de dólares,
para comprar soja en el mercado internacional e incrementar su stock
de 50 millones de toneladas, el equivalente a un año de consumo
interno.
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