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El conflicto con los Tigres Tamiles ha ocasionado más de 35.000 víctimas |
Grupo independentista de Sri
Lanka posee el segundo presupuesto más alto entre las organizaciones
insurgentes, sólo superado por las FARC.
Tras más de 20 años de guerra
civil, el Gobierno de Colombo cree que su objetivo de derrotar militarmente
a los rebeldes del LTTE está finalmente al alcance. Pero interrumpir el
flujo de recursos financieros hacia los insurgentes es otra cosa.
Por Rüdiger
Falksohn / Padma Rao -
Der Spiegel / The New York Times Syndicate
La bandera de Sri Lanka, con sus franjas verde y naranja y su imagen de un
león amarillo, flameaba orgullosamente contra un océano encrespado.
El Presidente Mahinda Rajapaska también parecía henchido de orgullo mientras
se disponía a tomar el micrófono para conmemorar los 60 años de la independencia
del país, el pasado 4 de febrero.
"Nuestras fuerzas de seguridad están obteniendo victorias contra el
terrorismo sin precedentes en la historia", dijo en tono desafiante,
refiriéndose a la guerra civil que ha devastado al país durante los últimos 25
años. "El terrorismo está siendo derrotado".
Pese a la parada militar que vino enseguida, quedó claro, a juzgar por los
numerosos soldados apostados tras sacos de arena, alambradas de púas y búnkers
temporales en la capital, Colombo, que la ceremonia sólo había sido posible
mediante fuertes medidas de seguridad.
Sin embargo, los insurgentes del los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE),
conocidos comúnmente como los Tigres Tamiles, que exigen un Estado tamil
independiente en los territorios del norte y este del país (donde su etnia es
mayoritaria, frente a la cingalesa que domina en el resto del Estado insular),
lograron realizar varios atentados en diversos puntos de la isla, que dejaron
más de 40 muertos.
La guerra civil ha reclamado ya las vidas de más de 70.000 srilankanos y el
acuerdo de cese del fuego alcanzado hace seis años vale menos que el papel en
que fue firmado.
Después de que el Gobierno anuló unilateralmente el acuerdo a mediados de
enero, las tropas de Rajapaska reanudaron sus bombardeos contra el norte ocupado
por el LTTE y han anunciado allí muchos éxitos militares.
Aseguran incluso que Velupillai Parbhakaran, líder de los Tigres Tamiles, fue
herido mortalmente en uno de los ataques.
Guerrilla resilente
Pero los Tigres Tamiles no parecen impresionados. De hecho, los
autodesignados representantes de la minoría tamil de Sri Lanka han demostrado
reiteradamente con sus ataques y asesinatos que siguen siendo uno de los grupos
rebeldes más resilentes del mundo.
El LTTE es la única organización guerrillera del planeta que posee su propia
y rudimentaria fuerza aérea, como lo demostró hace un año en un ataque sorpresa
contra el cuartel general de la fuerza aérea de Sri Lanka, cerca del aeropuerto
de Colombo.
Aunque los aviones y la tecnología de bombardeo de los Tigres Tamiles
resultaban sustancialmente obsoletos, el ataque confirmó lo que hasta entonces
era sólo un rumor: que el LTTE es más que un simple grupo de combatientes
selváticos y que cuenta con muchos niños-soldados y barcos de guerra.
Se dice que los Tigres Tamiles tienen el segundo presupuesto más alto entre
las organizaciones separatistas, superados sólo por la guerrilla de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con sus considerables ingresos por
cocaína.
La publicación militar británica Jane s Intelligence Review y el grupo
humanitario Human Rights Watch publicaron recientemente detalles de las fuentes
de financiamiento del grupo.
De acuerdo con el informe, los Tigres Tamiles reciben del exterior 300
millones de dólares al año, es decir entre 80 y 90% de su presupuesto total. Se
pide a los tamiles residentes en el extranjero que donen fondos; las principales
fuentes son las familias y los empresarios.
Human Rights Watch describe al método tamil de recolección de fondos como
"extorsión". En realidad, pobres o pudientes, se exige a las familias tamiles
que viven, por ejemplo, en Londres, que paguen cada una contribución mensual de
67 dólares, mientras los tamiles que operan un templo hindú en Canadá deben
aportar el equivalente a 850.000 dólares, como "contribución a la guerra final".
Como uno de cuatro tamiles viven en el extranjero, la cantidad de donantes
potenciales alcanza a 800 mil. La mayor diáspora está concentrada en Canadá
(unas 250.000 personas), seguida por India (150.000), Gran Bretaña (110.000),
Alemania (50.000), Suiza, Francia y Australia (30.000 cada uno).
Se afirma que el LTTE exige a los expatriados tamiles que contribuyan con el
25% de sus ingresos a la causa de los Tigres Tamiles.
Dólares en armas
Los dólares recolectados a menudo se convierten en armas antes de llegar a
Sri Lanka. Las armas son embarcadas a Jaffna, el bastión tamil, desde el sur de
la India. Las lanchas rápidas demoran sólo 45 minutos en cruzar los 32
kilómetros del estrecho de Palk que separa a India de Sri Lanka.
Suelen llegar cargados con armas de un bazar global: explosivos ucranianos,
misiles búlgaros SA-14 de corto alcance, bazookas de Chipre, lanzagranadas de
Croacia y fusiles de Camboya, Tailandia y Birmania.
Para pagar todo esto, los Tigres Tamiles han recurrido incluso al uso ilícito
de tarjetas de crédito.
Los Tigres Tamiles están organizados en forma centralizada y jerárquica.
Según la revista Jane s, las finanzas de la organización son manejadas por el
Grupo Aivanna, bajo la dirección del jefe de inteligencia del LTTE Potta Amman,
y por la oficina de compras en el exterior, dirigida por el alto funcionario del
LTTE Kumaran Pathmanathan.
Se cree que este último está a cargo de asegurar las contribuciones
financieras y supuestamente trabaja mano a mano con grupos como el Comité
Mundial de Coordinación Tamil (WTCC), con sede en Nueva York.
El WTTC niega cualquier compromiso con el LTTE, que figura como organización
terrorista en Estados Unidos y la Unión Europea.
Muchos tamiles, que huyeron de Sri Lanka tras los ataques cometidos por la
mayoría singalesa, o que tienen recuerdos traumáticos de los violentos actos
perpetrados por el Gobierno en su lucha contra los Tigres Tamiles, apoyan
voluntariamente al LTTE.
Consideran que la organización defiende una causa justa.
Los que no opinan así reciben visitas domiciliarias de recolectores de
dinero, cuyo repertorio va desde sutiles sugerencias hasta la extorsión abierta.
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