Al mediodía del martes, según resultados parciales difundidos por la
televisión oficial, los partidos que apoyan a Musharraf ya no podían,
matemáticamente, constituir una mayoría parlamentaria.
La otra sorpresa de las legislativas y provinciales es que los partidos
fundamentalistas islámicos también sufrieron un fuerte revés con respecto al
avance que habían logrado en 2002.
La Muttahida Majlis-e-Amal (MMA), una alianza de partidos islamistas, obtenía
sólo tres bancas, muy lejos de las 50 que ocupaba desde 2002.
Estos comicios parecen poner en evidencia el rechazo de la población, sumida
en el terror, a los grupos armados vinculados a Al Qaida y a los talibanes, que
desde hace casi un año llevan adelante una campaña de atentados suicidas
sumamente mortíferos en todo el país.
Sin embargo la consulta no parece haber despertado un interés mayor en la
población, dado que la tasa de participación fue de aproximadamente 40% del
electorado, similar a la de las anteriores elecciones.
Los simpatizantes de la oposición salieron a festejar ya el lunes por la
noche, tanto los del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) -de la difunta ex
primera ministra Benazir Bhutto, asesinada en diciembre- como los de la Liga
Musulmana de Paquistán, sector Nawaz (PML-N) del ex primer ministro Nawaz
Sharif, derrocado en 1999 por el general Musharraf.
El portavoz del PML-Q ("Q" por Qaid-e-Azam), en el poder desde 2002 y
principal apoyo del jefe del Estado, reconoció de inmediato la derrota: "Los
electores entregaron su veredicto y como demócratas, nosotros aceptamos ese
veredicto", declaró Tariq Azeem a la AFP.
Las cifras del canal de televisión oficial colocaban a la cabeza al mediodía
del martes al PPP -liderado por el viudo de Benazir Bhutto, Asif Ali Zardari-
con 83 curules, seguido por el PML-N (64), muy por delante del PML-Q (37) y de
su tradicional aliado, el MQM (19).
En esta etapa, aunque los aliados de Musharraf lograsen todas las bancas que
quedan por adjudicar, no lograrían la mayoría en la Asamblea Nacional, para la
cual se requieren 172 escaños.
Estos recuentos son analizados con ansiedad en los países occidentales, y
fundamentalemente en Estados Unidos, que desde hace meses ejerce presiones
intensas e inhabituales sobre Musharraf, su aliado clave en su "guerra contra el
terrorismo", para evitar que este país de 160 millones de musulmanes se hunda en
el caos.
Se trata de una cuestión crucial, y Estados Unidos ha trasuntado temores de
que el armamento nuclear paquistaní caiga en malas manos, subrayando que Al
Qaida y los talibanes afganos habían reconstituido sus fuerzas en las zonas
tribales del noroeste de Pakistán, en la frontera con Afganistán.
Los kamikazes vinculados a Al Qaida convirtieron a 2007 en el año más
mortífero de la historia paquistaní, con más de 800 muertos en los atentados.
Desde comienzos de 2008, más de 150 personas perdieron la vida en una campaña de
terror que se intensificó al acercarse la fecha de las elecciones. El momento
más dramático de esta ola de terrorismo fue el atentado suicida que mató a
Benazir Bhutto, el 27 de diciembre.
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