Los aliados de Pervez Musharraf estaban inmersos anoche en una
batalla desesperada por sus vidas políticas después de que Pakistán fue a las
urnas en una elección decidida a cambiar el balance de poder del país. Los
primeros resultados no oficiales dados a conocer ayer por las cadenas de
televisión en Pakistán otorgaban una clara ventaja a los dos partidos
principales de la oposición, con datos que reflejaban un empate entre ambos y el
derrumbe de la Liga oficial en las elecciones a la Asamblea Nacional.
Sin embargo, no resultaba claro cuál de los dos partidos de la oposición se
beneficiaría más con la situación. El canal Geo, que daba resultados
correspondientes a 91 de las 269 bancas parlamentarias, colocó a la Liga
Musulmana-N de Nawaz Sharif (PML-N), a la cabeza, con 30 bancas, seguido por el
Partido Popular (PPP) de la difunta Benazir Bhutto con 27 asientos. Mientras, la
oficial Liga Musulmana-Q (PML-Q) obtenía 9 bancas y el resto iban a candidatos
independientes y otros partidos. El apoyo a Sharif, un ex primer ministro, era
más fuerte de lo que muchos habían anticipado. Quizá consciente de que pronto
podría verse obligado a trabajar con un gobierno de oposición, Musharraf tocó
una cuerda de la conciliación. “Les daré mi total cooperación como presidente,
cualquiera sea mi rol –dijo después de emitir su voto en la ciudad militar de
Rawalpindi–. Las políticas de confrontación deben terminar y deberíamos entrar
en las políticas conciliatorias por el interés de Pakistán. La situación lo
exige.”
La preocupación por la seguridad fue grande, con los funcionarios que
estimaban que la asistencia en todo Pakistán era baja, quizá con sólo el 35 por
ciento de los votantes molestándose por hacerlo. Aunque por lo menos 24 personas
murieron en actos de violencia relacionada con las elecciones, muchos
observadores creían que la situación podría haber sido mucho peor. Mientras, la
Comisión Electoral sólo reveló diez horas después del final de la votación que
el PPP y la Liga de Sharif se han garantizado dos bancas cada uno, mientras
otras cuatro son para independientes. Pero los resultados parciales llevados a
cabo por las redes de televisión sugerían un muy buen desempeño por parte del
partido de Sharif, especialmente en la parte norte de Punjab, donde
tradicionalmente ha recibido gran apoyo.
“Estoy muy contento, pero todavía debemos luchar –dijo Sadiq ul-Farooq, un
importante funcionario del partido de Sharif–. Nos enfrentamos a serios
problemas: la economía, la ley y el orden y luego el problema del terrorismo,
que existe en un 70 por ciento por culpa del presidente Musharraf. Debe irse.”
Anoche hubo rumores de que Sharif había telefoneado al líder del PPP, Asif Ali
Zardari, para discutir un gobierno de coalición, tal era el nivel de confianza.
Se espera que los dos hombres tengan otras conversaciones hoy. Siempre se creyó
que la provincia de Punjab –que representa más de la mitad de las 272 bancas
parlamentarias en juego– podría ser el campo de batalla del país. Ayer ése
parecía ser el caso, mientras el PPP, el PML-N y PML-Q estaban en pugna por
muchas bancas.
En la ciudad de Waziraban, ubicada en el corazón de Punjab, la evidencia
anecdótica sugería que el partido de Sharif se había desempeñado mucho mejor de
lo que se había anticipado. “Puse mi sello en el tigre –dijo Amir Muzaffar,
refiriéndose al símbolo del partido de Sharif, el PML-N, mientras se retiraba
del lugar de votación en una escuela primaria local–. Solía votar por Chatta
(candidato del “Q”, Hamid Nasir), pero miren lo que está sucediendo en esta
área, en este país. Los precios han subido tanto que están por las nubes. Y el
nivel del crimen es intolerable.” En un pequeño centro electoral en el pueblo
cercano de Manzoorabad había otro coro de apoyo a Sharif. “Estamos todos con el
tigre aquí”, dijo otro votante.
Musharraf, apoyado por Estados Unidos y el Reino Unido después de los ataques
del 11 de septiembre, había prometido que las elecciones de ayer serían limpias,
a pesar de la difundida creencia entre los paquistaníes que las elecciones
serían fraudulentas en mayor o menor grado. Se espera que un informe inicial de
los observadores de la UE sea dado a conocer mañana, pero aquellos que
monitorean los centros de elección dijeron que había poca evidencia obvia de
irregularidades. “No he visto nada extraño”, dijo un monitor, en un puesto
electoral en el área residencial de Islamabad.
Pero muchos de los que hacen campaña sostienen que el “fraude preelectoral”
ya fue llevado a cabo con candidatos de la oposición que eran declarados no
elegibles y con restricciones en los medios. Ayer, en una serie de centros
electorales, los funcionarios de los partidos afirmaban que hubo problemas para
encontrar datos de muchos votantes. En la ciudad sureña de Shikarpur, la policía
arrestó a un funcionario electoral después de que faltaron 600 boletas en el
centro electoral. Los que hacen campaña también señalaron que el despedido jefe
de Justicia del país, Iftikhar Chaudhry, permanecía bajo arresto domiciliario
tres meses después de ser despedido por Musharraf por negarse a apoyar su
decisión de imponer el estado de emergencia. “Las elecciones fueron arregladas
el 3 de noviembre –dijo Athar Minallah, uno de los partidarios de Chaudhry–. Sin
un poder judicial independiente no puede haber elecciones justas.”
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(*) De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.