i la cercanía de una cita electoral es fuente
constante de rumores, en Pakistán estas semanas los mismos se están
disparando. Declaraciones contradictorias, divisiones internas en las
formaciones políticas, llamamientos al boicot electoral, atentados.. todo
ello para configurar una escena donde los que siempre han ocupado el poder
sigan haciéndolo, aunque para ello tengan que repartir algunas migajas del
pastel con comensales más pequeños.El centro de la atención recae una vez
más en torno a Musharraf. Las maniobras del dirigente pakistaní buscan
mantenerse en el poder, trazando para ello alianzas que hasta la fecha
podrían parecer contra natura. Muchos pakistaníes ven al presidente Pervez
Musharraf como la causa de los males y de buena parte de los problemas del
país, haciendo responsable a su gobierno de la inestabilidad reinante.
Muchos han llegado a percibir lo que se denomina como “el doble juego de
Musharraf”, utilizando la violencia de os militantes y la “guerra contra el
terror” de manera coyuntural, en ocasiones tirando la cuerda para un lado y
contentar a sus aliados occidentales y en otras soltándola para evitar un
enfrentamiento a gran escala con los grupos islamistas radicalizados.
El actual presidente ha sobrevivido a diferentes crisis constitucionales
a tres atentados contra su vida, y sin embargo parece que su próximo revés
de importancia puede venir del descontento popular, motivado en buna parte
por la crisis económica que sufre buena parte de la población del país.
Algunos han comenzado a hablar del “factor de la harina”, ya que el
incremento del precio de esa materia y su escasez ha disgustado a los
pakistaníes que utilizan la misma para realizar el roti, esa especie de
torta de pan esencial en la alimentación de las familias pakistaníes.
A ello se suman la subida de los precios de la leche o el tomate, los
cortes de electricidad y gas, obligando al cierre temporal de algunas
empresas, unido todo ello a la inestabilidad política y a la violencia que
sacude todo el país. Significativas son las palabras de un vendedor
callejero, “una persona podía comprar antes dos rotis para cada comida,
ahora en cambio con un poco de suerte puede conseguir uno. El gobierno de
Musharraf no está haciendo nada, tan sólo llenar sus bolsillos”.
Otro tema que “preocupa” a Occidente es la celebración de unas elecciones
“limpias y libres”. Las lecciones de estos adalides de la democracia con
“label occidental”, fiel a la doctrina de “consejos vendo que para mí no
tengo”, señalan algunas condiciones para catalogar las elecciones según sus
parámetros. Así, hablan de independencia de poderes, sobre todo de la
judicatura, libertad de prensa y acceso a los medios para todos, permiso
para realizar manifestaciones y mítines, y libertad para aquellos detenidos
por expresar sus ideologías.
Un actor que está ganando peso en los últimos días es la figura de Nawaz
Sharif, líder la opositora Liga Musulmana de Pakistán- Nawaz (PML- N), sobre
el que llueven los comentarios y las expectativas de otros protagonistas.
Desde EEUU o Reino Unido, las apuestas por este camaleón político crecen
tras la muerte de Bhutto, y toda una estrategia para acercar a este político
con Musharraf centra buena parte de los planes actuales. Esas fuentes
señalan que Sharif estaría dispuesto a completar el acuerdo iniciado por
Bhuttto con el régimen de Musharraf. Las intervenciones de poderoso e
influyente embajador saudí en Islamabad, reforzando la “vía saudita” en este
escenario, o la mediación de Niaz Ahmad, importante militar retirado y amigo
de la familia Sharif, refuerzan las teorías que hablan de “puentes entre el
régimen y esa figura opositora”.
La geopolítica en torno a Pakistán está poniendo nerviosos a los
dirigentes norteamericanos y a sus aliados. Los viajes y visitas de figuras
estadounidenses se han sucedido en las pasadas semanas, en buena medida para
asentar el dominio de los militares pakistaníes en un futuro escenario
post-electoral.
Partidos políticos
Si finalmente se llevan adelante las elecciones, tres partidos políticos
parecen disputarse el triunfo. El PPP de la fallecida Bhutto quiere
aprovechar la situación de simpatía generada tras su muerte para lograr un
importante número de escaños que le sitúe en la primera posición. Cualquier
medida precipitada puede desencadenar una batalla interna dentro de esta
formación, que con el nombramiento del hijo de Bhutto y de su marido han
pretendido cerrar las grietas internas, pero no presentan ningunas
alternativa más allá de sustituir a los actuales gobernantes por otros del
mismo corte aunque de diferente partido político.
La estrategia del PML-Q, que apoya a Mushrraf, busca desgastar a sus
oponentes, acrecentando sus diferencias étnicas o internas, al tiempo que se
aprovecha de toda la maquinaria puesta a su servicio por el presidente. Éste
necesita paliar de alguna forma la previsible debacle electoral de esta
formación para logara un gobierno manejable conforme a sus intereses en
Islamabad. Para ello el PML-Q necesita hacerse con un número importante de
escaños para disimular ese fracaso.
El partido de Sharif, PML-N, también espera ocupar el primer puesto. Pero
tras las elecciones deberá nombrar a un candidato para primer ministro, y si
esta figura gana peso y acaba haciendo sombra a los hermanos Sharif, las
tensiones internas también aflorarán.
Por su parte, el Movimiento Democrático de Todos los Partidos (APDM), una
alianza de diferentes formaciones políticas ha hecho un llamamiento al
boicot electoral, como también lo ha hecho parte de la alianza islamista MNA.
Este posicionamiento en ambos casos les ha costado una fractura en sus
filas, por partidos partidarios a participar en la cita electoral. Así, el
Partido Nacional Awami, al que algunos definen como “una de las opciones de
izquierda del país”, ha abandonado el APDM para presentarse a las
elecciones, donde espera lograr buenos resultados en Baluchistán y en zonas
de la Provincia Fronteriza del Noroeste (NWFP).
Por su parte, el líder islamista Maulama Fazlur Rehman, al frente de su
partido Jamaat Ulema-e-Islam ha decidido participar, con la esperanza de
materializar un acuerdo con Musharraf si éste necesita de apoyos
minoritarios para conformar un gobierno a su antojo. Este dirigente,
conocido como “Maulama Diesel”, por su participación en los “negocios” en
torno al diesel durante el régimen de la difunta Bhutto. Su alejamiento al
mismo tiempo de las posturas militantes le han hecho colocarse en una
delicada posición, y las diferencias internas y las amenazas extremistas
pueden afectar el futuro electoral de la formación y de su dirigente.
Otras organizaciones menores de carácter comunal o étnico aspiran a
colocarse en el nuevo escenario `post-electoral para maniobrar en defensa de
sus intereses concretos. Lo cierto es que sean cuales sean los resultados la
situación de Pakistán no parece que pueda variar mucho. Un sistema en manos
de los militares y de los señores feudales, junto a una clase política
inmersa en batallas por el poder y su trozo de pastel, no es la mejor
solución para atajar el déficit político y social que sufre la mayoría de la
población pakistaní.