"A
menos de una semana para los comicios, no existe la tradicional
fiebre electoral", observó Hashim Khan, politólogo de la Universidad
de Peshawar, capital de la Provincia de la Frontera Noroccidental.
"Había un interés mayor antes del asesinato de la líder opositora
Benazir Bhutto el 27 de diciembre", añadió.
Las reuniones electorales fueron vapuleadas por atentados suicidas y
con bombas.
Uno de ellos, cerca de una manifestación del Partido Nacional Awami
(PNA), en Waziristán del Sur, mató a seis personas el lunes y dejó a
más de una decena de heridos. El candidato de la agrupación por esa
circunscripción, Mohammad Nisar Khan, se salvó por poco.
Otra bomba que estalló en un acto del partido en el distrito de
Charsadda, en la Provincia de la Frontera Noroccidental, el 9 de
este mes, dejó al menos 25 personas muertas y otras 40 más heridas.
El presidente del PNA, Asfandyar Wali Khan, que tenía previsto
participar en un encuentro en Shab-e-Qadar tehsil (conjunto de
aldeas), señaló que el atentado se proponía acabar con la dirigencia
partidaria y postergar los comicios.
"Ciertas fuerzas ocultas no quieren que haya elecciones", declaró a
la prensa.
La mayoría de los candidatos optaron por pequeños actos y una
campaña puerta a puerta en vez de grandes concentraciones por temor
a los atentados suicidas, a diferencia de las seis anteriores
elecciones en que se realizaban actos al aire libre.
Unos 70 fieles murieron en diciembre de 2007 en la mezquita de una
aldea que fue atacada para asesinar a Aftab Ahmed Khan, quien dejó
el cargo de ministro del Interior y ahora es candidato. Fue el
segundo atentado en su contra en ocho meses.
La región pakistaní fronteriza con Afganistán ha sido sacudida por
hechos de violencia desde que Estados Unidos lanzó su "guerra contra
el terrorismo" en el vecino país tras los atentados contra Nueva
York y Washington de septiembre de 2001.
El movimiento islamita afgano Talibán y la red terrorista Al Qaeda
encontraron un refugio a lo largo de la porosa frontera de las Áreas
Tribales Bajo Administración Federal (FATA), que incluye a
Waziristán de Sur, y donde se cree que la mayoría de los atacantes
suicidas son entrenados.
El Talibán, de origen sunita, gobernó la mayor parte de Afganistán
de 1996 a 2001, cuando fue derrocado por una coalición liderada por
Estados Unidos.
La violencia se propagó a algunas partes de la Provincia de la
Frontera Noroccidental, vecina de las FATA.
El septentrional valle del Swat, un paraíso para los alpinitas, fue
invadido en 2007 por combatientes del Talibán. Pero en diciembre, el
ejército pakistaní alegó haber retomado su control, matado a 300
combatientes y obligado al resto a huir a las montañas vecinas.
El movimiento Talibán desempeña "un gran papel" en las elecciones,
sostuvo Arshad Ali, investigador del Centro de Estudios de Área, de
la Universidad de Peshawar.
El autoproclamado líder rebelde Mangal Bagh organizó un acto en
enero con los 14 candidatos en el Área de Khyber a fin de pedirles
que presentaran sus plataformas ante una asamblea de unas 15.000
personas.
"Fue dramático", recordó Ali. "El líder de los combatientes pidió a
los candidatos que juraran luchar por el engrandecimiento del Islam
cuando estuvieran en el parlamento. ¡El gobierno local se hizo el
distraído!"
Los principales partidos con posibilidades en la contienda son el
Partido del Pueblo de Pakistán, de la fallecida Benazir Bhutto, la
Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz, del ex primer ministro Nawaz
Sharif y la Liga Musulmana de Pakistán-Q (PML-Q), leal al general
devenido presidente en 2001 Pervez Musharraf.
En 1999, Musharraf llegó al poder tras un golpe de Estado contra
Nawaz Sharif, dos veces primer ministro de Pakistán (1990-1993 y
1997-1999).
El 18 de este mes se elegirán 342 representantes para la Asamblea
Nacional (parlamento) y cuatro asambleas provinciales, que juntas
tienen 728 escaños.
Por sufragio directo se designarán 577 escaños, en tanto 128 se
reservan para las mujeres y 23 para no musulmanes. Pakistán tiene
unos 80 millones de habilitados para votar.
La campaña ha sido mesurada en todo el país.
"Si los partidos políticos no aceleran su propaganda, me temo que la
participación en los comicios será baja", declaró el secretario de
la Comisión Electoral Kanwar Dilshad al mayor periódico en inglés
Dawn.
También urgió a los partidos a organizar más concentraciones a fin
de motivar a los ciudadanos a sufragar.
El tono apagado de la campaña también puede deberse a que los
candidatos se quedaron sin fondos, indicó Ali, de la Universidad de
Peshawar.
Las elecciones estaban previstas para el 8 de enero, pero fueron
postergadas abruptamente tras el asesinato de Benazir Bhutto,
decisión que contó con la oposición de todos los partidos, salvo el
PML-Q, que respalda a Musharraf.
La apatía de la ciudadanía es obvia.
"Trabajo todo el día, no tengo tiempo para dedicarle", alegó Azizur
Rehman, un jornalero de esta ciudad que advirtió a sus hijos de no
acercase a los actos electorales.
Además, el Movimiento Democrático Todos por Pakistán, una coalición
que reúne a agrupaciones opositoras, incluido el Movimiento por la
Justicia de Imran Khan, llevan adelante una agresiva campaña de
boicot.
Khan urgió a sus seguidores en un acto en Quetta, capital de la
provincia de Balochistán, a no participar en los comicios a fin de
presionar a Musharraf a renunciar a la presidencia.
El ejército debe regresar a los cuarteles y dejar que un gobierno
civil y una justicia independiente salvaguarden la democracia en
Pakistán, dijo a IPS un dirigente del Movimiento por la Justicia.
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