La Unión Europea (UE) financia proyectos que destruyen el ambiente y perjudican
a las poblaciones africanas a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI),
denunciaron ambientalistas.
Por David Cronin - IPS
El BEI, con sede en Luxemburgo, tiene el
compromiso formal de fomentar políticas que protejan el ambiente y
alivien las penurias de las poblaciones gracias a un fondo de unos
67.000 millones de dólares al año.
Pero algunos estudios sobre proyectos apoyados por ese organismo en
África indican que los préstamos tienen el efecto contrario.
Uno de los proyectos polémicos es un oleoducto de 1.070 kilómetros
entre Chad y Camerún. Para su construcción, el BEI contribuyó con
más de 182 millones de dólares en 2001. Además fue necesario
confiscar grandes porciones de tierras a los agricultores locales.
Activistas de derechos humanos denunciaron que las comunidades
afectadas no recibieron adecuada compensación, que los derrames de
petróleo contaminaron varios ríos y cursos de agua y que la quema de
gas por ExxonMobile, una de las empresas involucradas, causó
problemas respiratorios, entre otros, a la población.
Las ganancias del proyecto fueron empleadas por el presidente de
Chad, Idriss Deby, para aumentar el gasto militar, sostuvo Thérèse
Mekombe, presidenta de la Asociación de Abogadas de ese país
africano.
Deby fue acusado de respaldar el Movimiento por Justicia y Equidad,
uno de los responsables de la violencia desatada en la occidental
provincia sudanesa de Darfur, que obligó a más de 2,5 millones de
personas a abandonar sus hogares.
"El día de la independencia, el 11 de agosto, el gobierno mostró con
orgullo sus vehículos de combate", señaló Mekombe, en una
conferencia del BEI el martes en Bélgica.
"Eso no es lo que esperaba la población de la explotación petrolera.
Querían que las ganancias se invirtieran en proyectos de desarrollo
y que sirvieran a erradicar la pobreza", apuntó.
Otro proyecto de ese organismo de la UE es un gasoducto en África
occidental.
La infraestructura de más de 680 kilómetros comienza en el delta del
Níger y termina en Ghana, donde se espera que pueda producir energía
en las próximas semanas.
En diciembre de 2006, el BEI otorgó casi 95 millones de dólares a
Accra para la construcción del oleoducto en el que participaron
varias empresas: Shell, Chevron, Texaco, y la compañía estatal de
Nigeria.
Doce comunidades de Nigeria presentaron un reclamo al Banco Mundial
en 2006, que también financió la construcción, porque, según
alegaron, la iniciativa causará un daño irreparable al ambiente.
A principios de este año, el Panel de Inspección de ese organismo
concluyó que las comunidades no habían sido consultadas de forma
adecuada acerca de las consecuencias del proyecto.
Los ambientalistas sostienen que la financiación de iniciativas
vinculadas con combustibles de origen fósil contravienen los
objetivos declarados de la UE de combatir el cambio climático.
Empresas europeas del sector energético están deseosas de aumentar
su inversión en África para competir con China y disminuir su
dependencia del petróleo y el gas de Medio Oriente y Rusia, señaló
Osayande Omokaro, de Amigos de la Tierra Nigeria.
"Los europeos se presentan como defensores de los derechos humanos,
la libertad y la buena gobernanza", señaló. "Los chinos no promueven
esos valores, pero los europeos deben vivir como pregonan, aun si
eso implica ceder un poco de terreno a los chinos".
En 2007, el BEI fue el primer donante que accedió a financiar el
proyecto minero Tenke Fungurume en Congo. La iniciativa de más de
1.000 kilómetros cuadrados se propone extraer cobre y cobalto, dos
metales muy solicitados en todo el mundo. La fabricación de
teléfonos móviles, por ejemplo, depende del cobalto congoleño.
El BEI contribuyó con más de 120 millones de dólares a un proyecto
que dejó a cientos de familias sin hogar para poder construir la
infraestructura necesaria para la extracción minera.
La mayoría de los trabajadores empleados en la construcción de las
instalaciones no tienen contrato laboral, señaló el director de la
organización congoleña Acción contra la Impunidad frente a los
Derechos Humanos, Albert Kumwamba N’Sapu.
"Se violan los derechos de miles de obreros que trabajan en
condiciones laborales lamentables y carecen de protección cuando
están en la mina", añadió. "Si se lastiman, no tienen atención
médica. Tampoco pueden crear un sindicato".
N’Sapu instó al BEI a aceptar una investigación independiente sobre
el uso del dinero.
"La erradicación de la pobreza debe ocupar el centro de las
inversiones. Tiene que preguntarse si realmente se trata de un
proyecto de desarrollo", remarcó.
Los parlamentos nacionales deben inspeccionar las actividades del
banco, señaló Anne-Sophie Simpere, de Amigos de la Tierra Francia.
"Casi nadie conoce al BEI, pese a que invierte grandes sumas de
dinero a las naciones en desarrollo y es uno de los principales
donantes de la industria extractiva", añadió. "Además de sus
desastrosas consecuencias en África, sus inversiones representan una
contradicción flagrante respecto de los esfuerzos de la UE para
combatir el cambio climático, reducir la pobreza y los conflictos
armados".