(IAR
Noticias)
12-Noviembre-08
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Unas 100.000 personas han debido abandonar sus casas en Kivu
del Norte debido a los combates en las últimas dos semanas. |
La guerra es cara. Los costos no sólo
incluyen los millones de dólares que se gastan en armas y
mantenimiento de los ejércitos, sino también los financieros y
psicológicos que sufren las personas atrapadas en el conflicto.
Por Stephanie Kale - IPS
Cuando los combates se producen en zonas en las
que viven civiles, como la región oriental de República Democrática
de Congo, la agricultura, el cuidado de la salud, los negocios y la
educación se ven interrumpidas, con efectos devastadores a largo
plazo.
Immacule, una niña de 10 años, llegó al campamento de refugiados
Kibati, 12 kilómetros al norte de la ciudad de Goma, cercana a la
frontera con Ruanda, el 27 de octubre. Su familia huyó de la aldea
en que vivían por temor a los ataques de rebeldes de la etnia tutsi.
La niña extraña la escuela. "Quiero que el gobierno consiga la paz
para nosotros, así podremos retornar a casa y volver a la escuela",
afirmó.
Desde que se reanudaron los combates en agosto entre el ejército y
los rebeldes del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP),
250.000 han sido desplazadas forzosamente de sus hogares en la
región de Kivu del Norte.
En las últimas dos semanas, 100.000 personas fueron expulsadas de
sus hogares y 60 por ciento de ese total son niños, según una
declaración de prensa del Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (Unicef).
Los niños sufren en forma inmediata problemas de salud, como
desnutrición, paludismo y cólera. También se encuentran bajo la
amenaza de sufrir violencia sexual o ser reclutados por los grupos
armados.
Asimismo, su educación se ve afectada. "El año escolar acaba de
comenzar. Esto interrumpe la asistencia a clases de miles de niños,
que no pueden desarrollar sus capacidades intelectuales a causa del
conflicto", advirtió Jaya Murthy, portavoz de Unicef.
A causa de los enfrentamientos, los grupos de ayuda humanitaria no
pueden llegar a quienes necesitan su asistencia.
Los refugiados, al verse obligados a huir de sus casas llevando sólo
lo que pueden cargar, se ven privados de comida, agua y suministros
médicos.
Jo Lusi, un médico del hospital de Goma, afirmó que es difícil
proveer medicinas y tratamiento adecuado a personas en tránsito en
el contexto de una precaria situación de seguridad.
"La semana pasada, un médico estaba en un campamento realizando una
cesárea. En medio de la operación, un rebelde lo mató de un disparo.
La mujer fue trasladada de emergencia al hospital, con su vientre
medio abierto, donde yo terminé la intervención. No es una buena
situación para tratar a las personas", agregó.
La activista por los derechos de la mujer Justine Mesika afirmó que
son las mujeres las que llevan el mayor peso en una situación de
conflicto armado, ya que al peligro de perder la vida o resultar
heridas se suma el riesgo de sufrir violencia sexual.
"El trauma provocado por las experiencias vividas se prolonga hasta
mucho después del fin de las hostilidades", señaló.
La actividad comercial cotidiana también se ve interrumpida, ya que
tanto los dueños de los negocios como los clientes temen salir de
sus casas.
"Tenemos graves problemas para vender nuestra mercadería. No ha
venido una sola persona desde hace más de una semana", dijo Mama
Bahati, madre de siete hijos, quien junto con su marido tiene una
tienda de ropa en Goma.
Bahati reclama que el gobierno negocie con todas las partes
involucradas para que ella y su marido puedan retomar su actividad
comercial.
Un frágil cese del fuego de poco más de una semana llegó a su fin el
viernes pasado, obligando a miles de refugiados a escapar del
campamento Kibati. El conflicto ha provocado el desplazamiento
forzoso de más de un millón de personas desde en fin de las guerras
civiles en 2003.
Se cree que ambos bandos financian sus operaciones explotando
ilegalmente las abundantes riquezas minerales del país, por lo que,
desde un punto de vista económico, no tienen interés en poner fin a
las hostilidades.
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