La crisis financiera atropelló la campaña presidencial estadounidense
como un dinosaurio furioso. El hombre que gane el martes tendrá que pensar en
cómo mitigar los efectos de la recesión desde la mañana siguiente. Pero no
será la única urgencia. Se le viene encima una segunda crisis, ésta
humanitaria, sobre la que tendrá que tomar posición: la catástrofe del Congo.
Hay 250.000 personas que huyen de la guerra y que están expuestas a un nuevo
genocidio. La intervención internacional tendrá que ser una prioridad del
nuevo ocupante de la Casa Blanca.
Un ejército comandado por el general renegado Laurent Nkunda, de la etnia
Tutsi, acusó al gobierno congoleño de proteger a las bandas de la etnia rival,
los Hutu, y se lanzó a la conquista del este del país. Hay reportes de
violaciones masivas, muertes de centenares de niños y éxodos de muertos de
hambre. Los hutus asesinaron al menos a 500.000 tutsis en 1994 y miles de los
milicianos responsables de la matanza encontraron refugio en Congo.
El ejército congoleño es un conglomerado de milicianos mal entrenados. Apenas
si pueden mantener en el poder en Kinshasa al presidente Joseph Kabila. La
única fuerza importante es la de Naciones Unidas que está integrada por 17.000
soldados de India, Pakistán, Bangladesh, Sudáfrica y Uruguay. Pero tampoco
parece dispuesta a detener el avance rebelde. El comandante de esa fuerza era
hasta el lunes pasado el teniente general español Vicente Díaz de Villegas.
Renunció "por razones personales". Pero la realidad es que había asumido dos
meses antes con la promesa de que recibiría refuerzos para detener un nuevo
genocidio. Y no sucedió.
Ante esta situación, viajaron a la región los cancilleres de Francia y Gran
Bretaña. Pero todos los implicados en el conflicto coinciden en que se
necesita el poder y la fuerza estadounidense para que no haya otro genocidio.
La Administración Bush se niega a mandar algo más que un avión con ayuda
humanitaria.
Y ahí es donde aparece el dilema de Barak Obama. Si, como indican las
encuestas, es el nuevo presidente, se verá ante su primera gran crisis
internacional. Y habrá que ver si en ese caso prevalece su corazón negro y
africano o el fantasma de la intervención fallida en Somalia.